Guadalajara lloró el Entierro de la Sardina
01/10/2010 - 09:45
Por: MAR GATO. MADRID
Un año más, la afrenta entre Doña Cuaresma y Don Carnal dio la victoria a la primera, poniendo fin así a siete días de fiesta pagana y comenzando otros 40 donde primará el recogimiento espiritual. Al acto de clausura del Carnaval acudieron miles de guadalajareños, que animados por las suaves temperaturas reinantes de los últimos días, fueron testigos de la muerte y posterior entierro de la sardina, esta vez en la plaza de los Caídos a falta de plaza Mayor. El acto carnavalesco terminó con la degustación, por parte de los participantes y asistentes al evento, de bizcochos variados y una copita de anís. Todo sea para que el disgusto pasara mejor.
Aunque no todos asistieron como manda la tradición, rigurosamente vestidos de negro, varios miles de personas participaron durante la tarde noche de ayer en el cortejo fúnebre previo al irremediable y tradicional Entierro de la Sardina, cuyas llamas esperaban al final de un recorrido que se inició en el Fuerte de San Francisco, prosiguió por la glorieta de Bejanque hasta la plaza de Santo Domingo, y bajó por la calle Mayor y Miguel Fluiters hasta llegar a la plaza de los Caídos, enclave donde tendría lugar su trágico desenlace; un consabido destino fatal por el que llorarían las plañideras y los viudos que acompañaron a la Sardina a su paso por el centro de la capital. Junto a ella, pasearon ilustres personajes del evento como el cerdo Rey del Carnaval, el Invierno, la Primavera, Carne y Pescado y Doña Cuaresma, así como las botargas y los concursantes del XVIII Concurso Jocoso Entierro de la Sardina, animados rítmicamente por un festivo soniquete instrumental y aderezados en color por las carrozas, cuyos motivos volvían una vez más a vanagloriar la fiesta pagana, y de la que se desprendían innumerables caramelos que los más pequeños se afanaban en coger para alegría de sus agrandados bolsillos.
Una vez en los Caídos, el nuevo emplazamiento carnavalesco mientras que terminan las obras en la plaza Mayor, volvió a librarse la tradicional batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma. Una vez más, los partidarios de la fe volvieron a tirar más fuerte de la cuerda, despidiendo así siete días de fiesta pagana y dando la bienvenida a los 40 días de la cuaresma, un tiempo dedicado a reflexión religiosa y espiritual.
Justo después del tira y afloja a tres manos, se dieron a conocer los nombres de los ganadores del Concurso Jocoso. El grupo carnavalesco bajo el nombre La tribu apache se hizo con el primer premio, dotado con 500 euros, que recogió de manos del alcalde de la ciudad, Antonio Román. Sardinillas enlatadas logró alzarse con el segundo premio, dotado con 400 euros; el tercer premio, dotado con 200 euros, fue para El gusano sardinero; mientras que el cuarto y último premio fue para El paso de la sardina.
Y de la alegría de sus ganadores se pasó a la triste e irremediable defunción, que reduciría a cenizas al famoso pescado. Para pasar mejor el disgusto, se sirvieron bizcochos y un traguito de anís. Con todo ello se ponía punto y final a una fiesta que ha sabido ganarse a pulso su declaración de Interés Turístico provincial.
Una vez en los Caídos, el nuevo emplazamiento carnavalesco mientras que terminan las obras en la plaza Mayor, volvió a librarse la tradicional batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma. Una vez más, los partidarios de la fe volvieron a tirar más fuerte de la cuerda, despidiendo así siete días de fiesta pagana y dando la bienvenida a los 40 días de la cuaresma, un tiempo dedicado a reflexión religiosa y espiritual.
Justo después del tira y afloja a tres manos, se dieron a conocer los nombres de los ganadores del Concurso Jocoso. El grupo carnavalesco bajo el nombre La tribu apache se hizo con el primer premio, dotado con 500 euros, que recogió de manos del alcalde de la ciudad, Antonio Román. Sardinillas enlatadas logró alzarse con el segundo premio, dotado con 400 euros; el tercer premio, dotado con 200 euros, fue para El gusano sardinero; mientras que el cuarto y último premio fue para El paso de la sardina.
Y de la alegría de sus ganadores se pasó a la triste e irremediable defunción, que reduciría a cenizas al famoso pescado. Para pasar mejor el disgusto, se sirvieron bizcochos y un traguito de anís. Con todo ello se ponía punto y final a una fiesta que ha sabido ganarse a pulso su declaración de Interés Turístico provincial.