13/11/2020 / 17:44
José Serrano Belinchón


Imagenes

Hablemos de setas

Es una manera más de hacer frente a lo que la vida exige, a lo que muchos extranjeros en paro se apuntan en un intento de buscar apoyo a su precaria situación, cosa fácil de comprender.


Las circunstancias climatológicas, la temperatura tal vez no adecuada, y la escasez de lluvias a final del verano, no ha sido impedimento para que en muchos de nuestros pueblos, sobre todo en los encuadrados en la Sierra Norte, y parte de los del Señorío de Molina en sus campos de pinar, haya aparecido una vez más el regalo apreciable de cada otoño: las setas; y de la tal especie: los níscalos, a los que en la Sierra más se les conocen por “méculas”. Son noticia porque en estos días, con mayor profusión que en años anteriores, los buscadores de setas se han tirado al monte, han llenado sus cajas, y unos como afición y los más como negocio, han conseguido que el grato producto aparezca como ofrenda al público en varios establecimientos de la capital, a un precios que oscila entre los seis y los ocho o nueve euros por kilo; lo que me ha parecido estar bastante en línea.

Durante los últimos días, los entornos de las carreteras serranas han sido ocupados por centenares de coches como sitio de aparcamiento, y a poca distancia ya dentro del bosque, cestilla en mano, los clásicos buscadores, que aprovechando la ocasión que les brinda el tiempo y el lugar, se echan al monte en busca del codiciado producto. Luego, al caer la tarde, la también clásica furgoneta de los acaparadores, espera el regreso de los buscadores de setas, y euro arriba o euro abajo, hacen su trabajo como distribuidores entre los mercados donde se ofrecerán al consumidor a un nuevo precio. Es una manera más de hacer frente a lo que la vida exige, a lo que muchos extranjeros en paro y sin otro quehacer, se apuntan en un intento de buscar apoyo a su precaria situación, cosa fácil de comprender.

Solo me queda la duda del comportamiento en la tarea de los llamados buscadores; peor sería que el obsequio, no siempre generoso de la Naturaleza, se diera por perdido. No obstante, existen unas reglas de conducta que hay que cumplir, entre ellas la de tratar bien al medio natural y no cortar los ejemplares que no lleguen a una medida prudente y reglamentaria, además de considerar al medio natural como patrimonio común, del que todos podemos y debemos responder.


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