Hamnet: ¿Compensan 30 minutos?
Tengo una teoría sobre las sinopsis de las películas. De forma inconsciente, cuando le contamos a alguien de qué va lo último que hemos visto en el cine, llegamos hasta el final del primer acto, cuando de verdad empieza la chicha. "Pues van a un parque de Dinosaurio y se les rompe todo y los bichos se escapan" (por ejemplo). "Y entonces se meten en un bar y resulta que está lleno de vampiros" (otro ejemplo). Y cosas así. No hay una regla fija que te diga cuánto debe durar un primer acto, pero claro, si ya conoces la sinópsis de una película de antemano, debe ocultar algún truquito o minihistoria para entretenerte. No vale sólo con mostrar cosas. El cine es conflicto, incertidumbre.
Por eso en estos tiempo de producciones de tres horas es tan común que una película aburra al principio, porque pierde mucho tiempo en contarte lo que ya sabes que va a pasar, o en presentarte personajes e historias a los que ya conoces por simple cultura cinematográfica. Y por eso Hamnet es tan aburrida.
No voy a entrar en lo buena o mala directora que es Chloé Zao. Ni Eternals me pareció un bodrio ni he conseguido terminar de ver Nomadland. Lo que sí puedo decir de ella es que es coherente... e intensa... o intensita, que los años me han vuelto un señor cínico.
En esta película nos cuenta la historia de la mujer de William Shakespeare y de cómo les pasó lo que a ningun padre debería pasarle. Zao nos narra cómo se conoció la pareja, los místicos orígenes de ella, el impulso creativo que amenazaba con consumirle a él, y el nacimiento de sus hijos. Durante más de una hora pone los cimientos que sustentarán una historia de 120 minutos, enfocada únicamente a funcionar en su clímax.
No se puede negar que esa media hora final de Hamnet funciona (y mucho), que pone los pelos como escarpias y que en cierta forma uno entiende parte del tedio anterior. Zao consigue que sus personajes estén justo donde deben y, sobre todo, que el espectador entienda uno de los homenajes más raros, pero hermosos, que se ha visto en el cine. Ayuda también mucho Max Ritcher, claro, que vuelve a prestar su obra maestra, On the nature of daylight al momento más emotivo de la película (advertencia: este tema empieza a estar sobre explotado, no va a aguantar muchos usos más para escenas lacrimógenas sin que empiece a resultar ridículo).
Zao es sobria, realista, y eficaz en su manejo de la atmófera. Brillante en pasajes puntuales y sobre todo en su desenlace, entre otras cosas gracias a la desbordante emotividad de Jessie Buckley, pero aún no sé si todo merece la pena. Porque me aburrí, mucho, durante más de una hora. Más de 60´para contarme lo que ya sabía por obligación al leer de qué iba la historia... Tengo que seguir reflexionando.