01/10/2010 / 09:45
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Homenaje al emigrante


LUIS MONJE CIRUELO
LA BRÚJULA
Si algo define el cambio experimentado por España en los últimos 30 años, creo que nada mejor que la emigración. Ni el móvil ni el ordenador ni las autopistas ni la segunda vivienda. El que España haya pasado de ser un país de emigrantes a una nación de inmigración es la mejor prueba de que hemos prosperado, hasta el punto de ser un objeto de deseo.
La emigración, como casi todo, tiene una vertiente positiva y otra negativa. La primera es la esperanza de mejorar; la segunda, el sufrimiento del desarraigo. Gracias a la emigración exterior e interior España mejoró. El abandono del campo, con todas sus connotaciones dolorosas, fue el motor de nuestro desarrollo. Jóvenes que se repartían la miseria de un campo no mecanizado huyeron a la ciudad para mejorar su suerte, y aumentaron la productividad del país. Fueron muchos miles los que lo hicieron en todas las provincias. En la nuestra, la población descendió en un par de décadas de 208.652 en 1950 a los 135.287 en 1974 . Uno de esos más de 70.000 jóvenes que se fueron de su pueblo y provincia en busca de mejor porvenir fue el bujalareño Domingo Pérez, un hombre con vocación de indiano, no porque haya vuelto rico de la emigración sino porque se ha acordado de su pueblo a la hora de hacer algo digno y noble. Y creo que merece estos adjetivos porque, como los que regresaban de América triunfantes y construían escuelas, creaban becas, ponían fuentes, hacían carreteras, etc, Domingo ha erigido un monumento. Ahora, con el desarrollo, cubren esas necesidades las Administraciones, y el dinero privado se orienta a otros aspectos. Por eso Domingo Pérez pensó, y llevó a la práctica, levantar en la plaza de su pueblo un monumento al emigrante. A ese personaje innominado que, como él, un día de los años 60 ó 70 cogió la maleta de madera o cartón y se lanzó a la aventura de buscarse la vida lejos de Bujalaro. Y digo lejos, porque desde las Islas Canarias ha vuelto a su pueblo con un monumento en bronce, que le ha costado muchos miles de euros, y que es, además de un homenaje al emigrante, una admirable manera de perpetuar el recuerdo de aquel fenómeno emigratorio, casi éxodo en algunas zonas, que transformó la vida española y, en especial, propició la mejora del medio rural. El monumento, que atraerá visitantes a Bujalaro, tiene dos metros de altura, y puede representar al mismo Domingo Pérez, que emigró con 24 años y vuelve 60 años después con un regalo de lujo a su pueblo. (lluva54@yahoo.es)

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