06/08/2021 / 14:56
Emilio Fernández Galiano


Imagenes

Ingratitud y olvido

No concentro mi crítica sólo a la clase política. Empresarios e ilustres periodistas perdían el culo, allá por los años ochenta, por acompañar a Juan Carlos I en los aviones de sus viajes de diplomacia política y mercantil. 


Que la marea podemita haya intensificado su carga contra la monarquía parlamentaria y, lo que es peor, lo que representa, esto es, democracia, estabilidad y unidad, es algo que ya no sorprende a nadie, por más que nos pueda entristecer a muchos. La estrategia ahora es abatir la egregia figura de don Juan Carlos I suponiendo que es el flanco débil para, finalmente, cargarse la Institución, pues saben que con ella sus objetivos de una España fragmentada y chavista se antojan inalcanzables. 

El pasado martes, Carlos Espinosa de los Monteros -padre del actual dirigente de Vox y en mi opinión bastante más moderado- publicaba en el diario El Mundo un sereno y atinado artículo bajo el título “Un año fuera de España”. Anoto que el prestigioso empresario autor de la publicación fue responsable de “Marca España”, órgano público del gobierno español durante los años 2012 al 2018. Por tal desempeño renunció a cualquier remuneración. Eran otros tiempos y otros políticos, está claro. 

En dicho artículo abordaba el hecho de la ausencia de nuestro territorio del Rey Emérito, sus motivos y a la descarnada opinión de unos pocos sobre la persona de nuestro monarca. Cito literalmente: “Ya sabemos los españoles que don Juan Carlos no está encausado -y mucho menos condenado, claro- por tribunal alguno ni en España ni en el extranjero. Y, por tanto, se le debe seguir aplicando la presunción de inocencia como a cualquier ciudadano. Pero también existe en la práctica una condena real por la que con comentarios, fotos y videos se puede dar a entender que una persona está ya sentenciada cuando no se ha iniciado siquiera la instrucción del caso. Las televisiones públicas (TVE y TV3), pagadas con los impuestos españoles, han sido inadmisibles practicantes de esta técnica. Recuerden unos y otros que el Rey no está sentenciado, ni juzgado, ni imputado y que por tanto no se justifica su acuchillamiento ni el permanente lanzamiento de rumores que en muchas ocasiones preceden a actos vandálicos que avergüenzan a los españoles”.

Se refiere el autor a la pena y condena del Telediario, informativos convertidos en vertedores de basura y sufragados por todos. También habla Espinosa de los Monteros que “sin afirmar que haya sido ejemplar la vida privada del Rey, pues sabemos que no lo fue”, empero, “cuando a alguien se le valora o se le juzga hay que considerar su vida mirando lo que hay en ambos platillos de la balanza. En este caso no se hace. Solo miramos uno, como si el de los éxitos estuviese vacío. No somos conscientes de lo mucho que progresó el pueblo español en los ámbitos de concordia, de desarrollo social, de progreso económico y cultural… que facilitaron la imagen y prestigio de España. Los españoles que hemos recibido y disfrutado de todo ese legado le pagamos ahora con el olvido y la ingratitud”.

No concentro mi crítica sólo a la clase política. Empresarios e ilustres periodistas perdían el culo, allá por los años ochenta, por acompañar a Juan Carlos I en los aviones de sus viajes de diplomacia política y mercantil. El monarca, como gran embajador, convirtió a nuestras empresas en grandes multinacionales, generando directa e indirectamente cientos de miles de puestos de trabajo, generando riqueza, generando un protagonismo español a nivel mundial. Hoy suplicamos a Biden que nos atienda y Marruecos nos chulea.  Qué pena. Esos mismos empresarios y periodistas que en su día se aprovecharon de las influencias del Rey, hoy se ponen de perfil o se suben a la grupa del caballo desbocado de la crítica facilona o el desprecio. No saben que los que se retratan, en lugar del Emérito, son ellos. Y lo escribe un retratista. 


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