J. J. Tamayo: Las religiones y los DD HH son incompatibles
01/10/2010 - 09:45
El teólogo Juan José Tamayo afirmó este miércoles en Santander que las religiones y los derechos humanos nunca se han llevado bien, hasta el punto de ser incompatibles.
El también director de la Cátedra de Teología y Ciencias de la Religión Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III, se pronunció de esta forma durante su participación en un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo con motivo del 60 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Según Tamayo, todo vínculo de la religión cristiana con los seres humanos, especialmente con los creyentes, es una relación de sumisión y dependencia. En este sentido, manifestó que para las religiones los seres humanos son pecadores que tienen que arrepentirse» y todo el sistema ético se opera por medio de «prohibiciones e imposiciones. Por este motivo, aseguró, mientras las religiones no cambien de paradigma y pasen de la consideración de los individuos como simples súbditos y pecadores al reconocimiento como personas morales, con libertad y dignidad, continuará esta irreconciliación. Manifestó que por una parte la iglesia defiende y reconoce los derechos humanos, pero por otra «no los respetan ni reconocen en su interior al considerar a los creyentes como pecadores que tienen que someterse a una autoridad superior. En su opinión, el desquicio de la Iglesia Católica viene por una desubicación, dando respuestas del pasado a preguntas del presente.
Según Tamayo, todo vínculo de la religión cristiana con los seres humanos, especialmente con los creyentes, es una relación de sumisión y dependencia. En este sentido, manifestó que para las religiones los seres humanos son pecadores que tienen que arrepentirse» y todo el sistema ético se opera por medio de «prohibiciones e imposiciones. Por este motivo, aseguró, mientras las religiones no cambien de paradigma y pasen de la consideración de los individuos como simples súbditos y pecadores al reconocimiento como personas morales, con libertad y dignidad, continuará esta irreconciliación. Manifestó que por una parte la iglesia defiende y reconoce los derechos humanos, pero por otra «no los respetan ni reconocen en su interior al considerar a los creyentes como pecadores que tienen que someterse a una autoridad superior. En su opinión, el desquicio de la Iglesia Católica viene por una desubicación, dando respuestas del pasado a preguntas del presente.