17/05/2019 / 21:09
Blanca Gotor


Juicio por Laura Luelmo

Ante un asesinato de estas características, no me imagino a este tipo, intentando ser altruista y autoinculparse, para salvar a alguien.


En breve veremos el juicio por el asesinato de la profesora de plástica e ilustradora Laura Luelmo.

Se trata de un nuevo caso de violencia de género, en el que encuentro tantos adjetivos para denominarlo, que, si pudiera plasmarlos todos, seguramente no me publicarían el artículo, así que en un intento de moderación me gustaría expresar sentimientos que se me agolpan ante este nuevo y triste caso, el cual me afecta especialmente como mujer, como profesora de secundaria que soy y como materia impartida. 

Una vez más, empiezo a comprobar como el abogado de la defensa de Bernardo Montoya, el letrado Miguel Rivera, en esta nueva comparecencia pretenderá que  “se  ratifique íntegramente” de la última versión dada el pasado 4 de abril cuando también declaró por videoconferencia para cambiar su versión anterior de los hechos -donde se autoinculpaba de la muerte de la joven profesora- y acusar de este modo, a la exnovia.

Lo que me choca siempre de estas estrategias, es comprobar, como lejos de intentar obtener “la verdad” de lo sucedido, sorprende ver la manipulación con la que pretenden convencer, de que las segundas versiones, son las sinceras en pro de invalidar las primeras. 

Si mal no recuerdo en su primera versión y a voz en grito, este individuo fue claro y conciso, asumiendo toda la responsabilidad y gritando además que no le permitieran salir nunca más de prisión, puesto que se repetiría la misma escena.

Ante un asesinato de estas características, no me imagino a este tipo, intentando ser altruista y autoinculparse, para salvar a alguien.

De cualquier modo, cuando comienzan este tipo de juicios, solemos escuchar un sinfín de mentiras, donde la triste realidad es que una chica llamada Laura Luelma, estaba trabajando en el Campillo (Huelva), en el cual ha encontrado su muerte en esa malograda sustitución que por lo que puede entreverse, ha sido con durísima alevosía. 

Además de la dureza y el dolor que supone para la familia y para tod@s nosotr@s; por lo que estoy leyendo en prensa, ahora vendrá el apartado de los culebrones, en el que aparecen nuevas actrices, “tanto su ex como su ax”, donde seguramente acabemos escuchando un sinfín de mentiras intentando salir lo más ileso posible del crimen que ha cometido (por lo que el mismo ha declarado)…

Lo que no acabo de digerir, en este tipo de casos tan claros de violencia de género y índoles muy duras que tod@s conocemos, es que “estos agresores”, dispongan de abogados defensores...

Desde mi humilde opinión, por muy profesionales y ecuánimes que sean estos letrados, debe resultarles desconcertante encontrarse en tesituras de este tipo donde lo indefendible, deben convertirlo en inocencia con derecho a que parezca un accidente.

Sin duda a veces... ¡triste profesión la vuestra! .


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