La alta abstención desacredita a la clase política rumana
01/10/2010 - 09:45
La abstención ha sido el gran ganador de las elecciones legislativas que se celebraron el pasado domingo en Rumanía, el país más pobre y con mayores desigualdades sociales y corrupción, junto con Bulgaria, de la Unión Europea (UE).
Según datos de la Oficina Electoral Central (BEC), la participación apenas alcanzó el 39,26% del censo, la tasa más baja desde que acabó el régimen comunista en el país balcánico. 18 millones de rumanos (500.000 en España) estaban llamados a las urnas y la abrumadora mayoría decidió quedarse en casa. Los 1,5 millones de jóvenes que podían votar por primera vez tampoco lo consideraron necesario.
A la espera de los resultados oficiales definitivos, todavía no se sabe con certeza si el ganador de los comicios ha sido el derechista Partido Democrático Liberal (PD-L), que apoya al actual jefe del Estado Traian Basescu, o la alianza entre el Partido Social Demócrata (PSD) de Mircea Geoana y el Partido Conservador (PC). A primera hora de la tarde de hoy, con el 71% de los votos escrutados, el PD-L se situaba en cabeza con el 34% de los sufragios. Muy cerca, con el 33% de los votos, se encontraba la alianza del PSD y PC. En tercera posición llegaba, con el 18%, el centroderechista Partido Nacional Liberal (PNL) del primer ministro Calin Popescu-Tariceanu.
La Unión Democrática de Húngaros de Rumanía (UDMR) de Bela Marko, que representa a la minoría húngara del país, llegaría en cuarta posición, con el 6% de los sufragios y en quinta el ultra PRM, con menos del 5%, que se quedaría, por lo tanto, sin representación parlamentaria.
Si el tresultado es incierto, lo que sí parece claro es que los rumanos no confían en su clase política. La clase dirigente, tanto en la derecha como en la izquierda, procede de la antigua nomenclatura comunista y en bastantes casos de la Securitate (la temible policía política del dictador Nicolae Ceaucescu) y otros órganos de seguridad del régimen anterior.
El hundimiento del comunismo rumano, que acabó con el fusilamiento de Ceausescu y su esposa en diciembre de 1989, fue fruto de dos elementos: las revueltas populares contra el hambre, la miseria y la represión en ciudades como Bucarest y Timisoara, y el golpe palaciego que protagonizaron altos dirigentes del Partido Comunista y los aparatos del Estado, como Ion Iliescu.
A la espera de los resultados oficiales definitivos, todavía no se sabe con certeza si el ganador de los comicios ha sido el derechista Partido Democrático Liberal (PD-L), que apoya al actual jefe del Estado Traian Basescu, o la alianza entre el Partido Social Demócrata (PSD) de Mircea Geoana y el Partido Conservador (PC). A primera hora de la tarde de hoy, con el 71% de los votos escrutados, el PD-L se situaba en cabeza con el 34% de los sufragios. Muy cerca, con el 33% de los votos, se encontraba la alianza del PSD y PC. En tercera posición llegaba, con el 18%, el centroderechista Partido Nacional Liberal (PNL) del primer ministro Calin Popescu-Tariceanu.
La Unión Democrática de Húngaros de Rumanía (UDMR) de Bela Marko, que representa a la minoría húngara del país, llegaría en cuarta posición, con el 6% de los sufragios y en quinta el ultra PRM, con menos del 5%, que se quedaría, por lo tanto, sin representación parlamentaria.
Si el tresultado es incierto, lo que sí parece claro es que los rumanos no confían en su clase política. La clase dirigente, tanto en la derecha como en la izquierda, procede de la antigua nomenclatura comunista y en bastantes casos de la Securitate (la temible policía política del dictador Nicolae Ceaucescu) y otros órganos de seguridad del régimen anterior.
El hundimiento del comunismo rumano, que acabó con el fusilamiento de Ceausescu y su esposa en diciembre de 1989, fue fruto de dos elementos: las revueltas populares contra el hambre, la miseria y la represión en ciudades como Bucarest y Timisoara, y el golpe palaciego que protagonizaron altos dirigentes del Partido Comunista y los aparatos del Estado, como Ion Iliescu.