La crisis de Georgia potencia la imagen de Medvedev
01/10/2010 - 09:45
Por: Redacción
El conflicto del Cáucaso y la intervención rusa suponen un problema para las relaciones exteriores de Rusia, pero desde el punto de vista interno, han servido para que el presidente ruso, Dimitri Medvedev, emerja como figura destacada pese a que hasta ahora estaba a la sombra de su antecesor, Vladimir Putin.
Ungido como líder en tiempos de guerra, Medvedev afronta ahora el posible problema del aislamiento internacional que podría provocar la crisis de Georgia, un factor sumamente negativo para la política liberalizadora anunciada que prevé la apertura de la economía rusa al exterior.
Hace seis meses, cuando fue elegido presidente como delfín de Putin, algunos de los expertos en política rusa auguraron que no sería más que una marioneta controlada por su antecesor, ya que éste conservó un puesto de gran relevancia al aceptar ser primer ministro. Sin embargo, la guerra con Georgia ha supuesto una reorganización de la política en Moscú. La crisis a otorgado a Medvedev un halo de líder seguro que tomó decisiones de calado como la orden de la contraofensiva o la firma del acuerdo de alto el fuego. Otra de las imágenes que pasará a la historia es la de Medvedev en un atril, sobre un sobrio escenario anunciando el reconocimiento como estados independientes de las dos provincias georgianas secesionistas: Osetia del Sur y Abjazia. Ese discurso pronunciado con frases cortas, flanqueado por la bandera rusa y por el estandarte del presidente de la Federación Rusa y bajo el águila bicéfala del escudo ruso caló hondo entre sus conciudadanos.
Poli bueno, poli malo
El conflicto ayudó a Medvedev, quien actuó como presidente y como comandante en jefe, a consolidar más poder, indicó el analista Stanislav Belkovsky. Es destacable cómo durante el transcurso del conflicto Medvedev empezaba a hablar en primera persona, sustituyendo expresiones vagas como sería positivo por otras como pienso que o he decidido, indicó. Muchos analistas auguraban un mal futuro al tándem Medvedev-Putin, y esperaban que éste no superara la primera crisis de gravedad. Sin embargo, la pareja no sólo se mantiene intacta, sino que ha demostrado su valía diplomática con la táctica del poli bueno y poli malo.
Putin sigue siendo la figura fuerte de la pareja, pero Medvedev ha emergido como un auténtico presidente. Hay opciones de que pronto sus roles se igualen, auguró.
AISLACIONISMO
La cuestión es si ahora, en el momento álgido del sentimiento nacionalista, Medvedev tiene suficiente influencia para seguir adelante con sus reformas.
Este antiguo abogado empresarial aseguró en su toma de posesión que aspiraba a integrar a Rusia en la economía mundial y a que formara parte de una Europa ampliada. Asimismo, hizo de la lucha contra la corrupción y la burocracia dos de sus banderas.
Los inversores y los mercados acogieron favorablemente estas promesas después de ocho años de gobierno de un Putin. Fue una etapa de gran crecimiento económico, pero éste no se vio complementado con reformas. Además, fueron numerosos los puntos de fricción con la Unión Europea y con Estados Unidos.
La condena de la respuesta rusa en Georgia y el espectro de las sanciones han generado una oleada de aislacionismo en Rusia que podrían perjudicar a unas reformas demasiado occidentales.
Al apoyar la agresión georgiana, Occidente ha perdido toda la autoridad moral y apelaciones tales como así es como lo hacen los países civilizados no funcionarán, explicó Sergei Markov, un miembro del Instituto de Investigación Política, organismo vinculado al Kremlin. Rusia necesita una modernización (...), pero buscaremos una europeización sin europeos, apostilló.
Otros analistas creen que este sentimiento se calmará, lo que habilitará a Medvedev para poner en marcha sus reformas. Dicen que el siloviki que gobierna Rusia quiere el aislamiento, afirmó Belkovsky. Los agentes de la seguridad de la era soviética que han ocupado cargos gubernamentales desde la llegada de Putin al poder son conocidos popularmente como siloviki.
No tiene sentido (...). Muchos de ellos son grandes empresarios que tienen intereses económicos en Occidente y lo último que necesitan es que Rusia se encierre en sí misma, afirmó.
Hace seis meses, cuando fue elegido presidente como delfín de Putin, algunos de los expertos en política rusa auguraron que no sería más que una marioneta controlada por su antecesor, ya que éste conservó un puesto de gran relevancia al aceptar ser primer ministro. Sin embargo, la guerra con Georgia ha supuesto una reorganización de la política en Moscú. La crisis a otorgado a Medvedev un halo de líder seguro que tomó decisiones de calado como la orden de la contraofensiva o la firma del acuerdo de alto el fuego. Otra de las imágenes que pasará a la historia es la de Medvedev en un atril, sobre un sobrio escenario anunciando el reconocimiento como estados independientes de las dos provincias georgianas secesionistas: Osetia del Sur y Abjazia. Ese discurso pronunciado con frases cortas, flanqueado por la bandera rusa y por el estandarte del presidente de la Federación Rusa y bajo el águila bicéfala del escudo ruso caló hondo entre sus conciudadanos.
Poli bueno, poli malo
El conflicto ayudó a Medvedev, quien actuó como presidente y como comandante en jefe, a consolidar más poder, indicó el analista Stanislav Belkovsky. Es destacable cómo durante el transcurso del conflicto Medvedev empezaba a hablar en primera persona, sustituyendo expresiones vagas como sería positivo por otras como pienso que o he decidido, indicó. Muchos analistas auguraban un mal futuro al tándem Medvedev-Putin, y esperaban que éste no superara la primera crisis de gravedad. Sin embargo, la pareja no sólo se mantiene intacta, sino que ha demostrado su valía diplomática con la táctica del poli bueno y poli malo.
Putin sigue siendo la figura fuerte de la pareja, pero Medvedev ha emergido como un auténtico presidente. Hay opciones de que pronto sus roles se igualen, auguró.
AISLACIONISMO
La cuestión es si ahora, en el momento álgido del sentimiento nacionalista, Medvedev tiene suficiente influencia para seguir adelante con sus reformas.
Este antiguo abogado empresarial aseguró en su toma de posesión que aspiraba a integrar a Rusia en la economía mundial y a que formara parte de una Europa ampliada. Asimismo, hizo de la lucha contra la corrupción y la burocracia dos de sus banderas.
Los inversores y los mercados acogieron favorablemente estas promesas después de ocho años de gobierno de un Putin. Fue una etapa de gran crecimiento económico, pero éste no se vio complementado con reformas. Además, fueron numerosos los puntos de fricción con la Unión Europea y con Estados Unidos.
La condena de la respuesta rusa en Georgia y el espectro de las sanciones han generado una oleada de aislacionismo en Rusia que podrían perjudicar a unas reformas demasiado occidentales.
Al apoyar la agresión georgiana, Occidente ha perdido toda la autoridad moral y apelaciones tales como así es como lo hacen los países civilizados no funcionarán, explicó Sergei Markov, un miembro del Instituto de Investigación Política, organismo vinculado al Kremlin. Rusia necesita una modernización (...), pero buscaremos una europeización sin europeos, apostilló.
Otros analistas creen que este sentimiento se calmará, lo que habilitará a Medvedev para poner en marcha sus reformas. Dicen que el siloviki que gobierna Rusia quiere el aislamiento, afirmó Belkovsky. Los agentes de la seguridad de la era soviética que han ocupado cargos gubernamentales desde la llegada de Putin al poder son conocidos popularmente como siloviki.
No tiene sentido (...). Muchos de ellos son grandes empresarios que tienen intereses económicos en Occidente y lo último que necesitan es que Rusia se encierre en sí misma, afirmó.