La crisis y la entrada de Turquía centran la campaña
01/10/2010 - 09:45
Por: EUROPA PRESS
La crisis y la entrada de Turquía en la Unión Europea centran la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo que arrancará oficialmente el próximo 25 de mayo en Francia, donde el partido del presidente Nicolas Sarkozy, la UMP, parte con ventaja en los sondeos frente a un Partido Socialista debilitado que, por primera vez en 15 años, podría dejar de ser la lista más votada.
Al igual que en el resto de países europeos, los franceses muestran un escaso entusiasmo por los comicios y la abstención será el principal enemigo a batir el próximo 7 de junio. Francia contará en la futura Eurocámara con 72 diputados, seis menos de los que tenía antes de la entrada de Rumania y Bulgaria.
En las elecciones de junio de 2004, la abstención alcanzó en el Hexágono una tasa récord del 57,2% y un reciente sondeo realizado por la Fundación para la Innovación política mostraba que el 45% de los franceses no tienen interés por la renovación de la Cámara de Estrasburgo.
Mientras, salvo excepciones, la clase política vertebra su discurso en clave nacional y, más en concreto, en torno a las filias y fobias que despierta Nicolas Sarkozy. Si para la Unión por un Movimiento Popular (UMP) la próxima cita con las urnas puede ser un espaldarazo al balance político del presidente, para la oposición se trata precisamente de lo contrario y contestar la política de Sarkozy.
Siguiendo este modelo se perfilan dos maneras de interpretar la realidad europea aludiendo a la gestión de la crisis financiera y económica internacional llevada a cabo desde Bruselas. Sarkozy y la UMP abogan por una Europa fuerte y protectora frente a quienes hablan de las amenazas procedentes de la UE.
El Partido Socialista francés echará mano del voto útil argumentando que la política económica del Gobierno es un fracaso y que se necesita un plan de estímulo europeo. Defenderá también un pacto que condicione a la política social las ayudas a empresas, un salario mínimo europeo y una directiva que proteja a los servicios públicos, recordando que estas medidas no las tomará la derecha.
En las elecciones de junio de 2004, la abstención alcanzó en el Hexágono una tasa récord del 57,2% y un reciente sondeo realizado por la Fundación para la Innovación política mostraba que el 45% de los franceses no tienen interés por la renovación de la Cámara de Estrasburgo.
Mientras, salvo excepciones, la clase política vertebra su discurso en clave nacional y, más en concreto, en torno a las filias y fobias que despierta Nicolas Sarkozy. Si para la Unión por un Movimiento Popular (UMP) la próxima cita con las urnas puede ser un espaldarazo al balance político del presidente, para la oposición se trata precisamente de lo contrario y contestar la política de Sarkozy.
Siguiendo este modelo se perfilan dos maneras de interpretar la realidad europea aludiendo a la gestión de la crisis financiera y económica internacional llevada a cabo desde Bruselas. Sarkozy y la UMP abogan por una Europa fuerte y protectora frente a quienes hablan de las amenazas procedentes de la UE.
El Partido Socialista francés echará mano del voto útil argumentando que la política económica del Gobierno es un fracaso y que se necesita un plan de estímulo europeo. Defenderá también un pacto que condicione a la política social las ayudas a empresas, un salario mínimo europeo y una directiva que proteja a los servicios públicos, recordando que estas medidas no las tomará la derecha.