09/01/2022 / 12:35
José Serrano Belinchón


Imagenes

La leyenda del 'Cristo del Guijarro'

Historia o leyenda del pueblo de La Yunta, mate­rializa­da en un trozo de guijarro engarzado en plata que se conserva en la iglesia parroquial de aquel pueblo altomolinés. El hecho, que los habitantes de la comarca no dudan en calificar de sobrena­tural, ocurrió así:


Existe una diferencia importante entre los conceptos historia y leyenda que conviene distinguir, son cosas distintas. Antes de ponerme a escribir acerca del tema que hoy me ocupa, corro el peligro de decir lo que no es, o de decirlo mal, cosa que a veces ocurre. Hasta tal punto ha llegado mi duda, que he creído conveniente consultar en el “Diccionario de la RAE” el significado de la palabra “leyenda”, y en la cuarta acepción que allí aparece se me responde con el siguiente texto: “relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos”, concepto al que me atengo, y como tal transcribo literalmente  de mi libro Diccionario Enciclopédico de la provincia de Guadalajara donde lo digo así:

“Historia o leyenda del pueblo de La Yunta, mate­rializa­da en un trozo de guijarro engarzado en plata que se conserva en la iglesia parroquial de aquel pueblo altomolinés. El hecho, que los habitantes de la comarca no dudan en calificar de sobrena­tural, ocurrió así:

Una tarde perdida, verano quizás, del siglo XIV, el pastor de La Yunta llamado Pedro García, guardaba su rebaño en horas de tormenta entre las encinas del paraje llamado la Hombri­huela. Ocurrió que al lanzar con fuerza un guijarro hacia una oveja que se alejaba del grupo, la piedra se partió en dos, comenzando a arrojar un resplandor potente que iluminó todo el monte. Cesó la tormenta, y al recoger uno de los pedazos en que se había fraccionado el guijarro, el pastor comprobó con asombro que las vetas del corte transversal de la piedra formaban con absoluta claridad la escena del Calvario. Otro hecho portentoso atribuible al Cristo del Guijarro fue la curación instantánea del quinto conde de Priego, cuando cabal­gaba por La Yunta de paso hacia Zaragoza, a pedir a la Virgen del Pilar remedio para unas fiebres tercianas que padecía desde hacía tiempo. Cuando en la Guerra de la Independencia, las tropas francesas de Napoleón salieron de La Yunta con todo el botín conseguido tras el saqueo de la iglesia, se dejaron olvidado en el campo el milagroso guijarro, que muy pronto lograron recuperar unos pastores y  se devolvió a la iglesia, con todos los honores, por un nutrido de fervorosos vecinos. En el pueblo, y con él toda la comarca limítrofe con reino de Aragón, veneran desde antiguo la portentosa piedra”.

Que nadie dude que España, y sobre todo los pueblos de Castilla, están llenos de leyendas hermosas que el tiempo acabará por borrar y echar al olvido. Algo debería hacerse para que eso no ocurra, pero tiene una solución difícil.


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