La Plaza Mayor de Marchamalo acogió con gran realismo los últimos días de la vida de Jesús

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: Miriam Pérez
Pasión Viviente/Jueves Santo
La Asociación Cultural La Pasión encandiló a todos los que se acercaron hasta la localidad campiñera para presenciar la XIX edición de la Pasión Viviente. Los personajes implicaron al público desde el minuto uno de la representación. Jesús, San Juan, Poncio Pilatos, María, Judas, los soldados y la chusma o pueblo cumplieron, un año más con su papel. Todo un pueblo entregado en uno de los eventos más carismáticos de la localidad. La música, los diálogos y una gran puesta en escena volvieron a ser claves para llevar a cabo una de las historias más bonitas, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
Pocos minutos pasaban de las medianoche del Jueves Santo cuando la música comenzó a sonar en la plaza Mayor de Marchamalo. Un escenario se iluminaba y Jesús y sus doce apóstoles aparecían en la mesa. La XIX Pasión Viviente de Marchamalo había comenzado. Con la Última Cena se iniciaba el recorrido por los últimos días de la vida de Jesús. Fue poco más de una hora de representación en la que los miles personas que acudieron presenciarla quedaron cautivados con el realismo de cada una de las escenas. Y esto tuvo mucho que ver la implicación de todos los vecinos de la localidad que hacen posible la Pasión Viviente, unos 150, que encarnan a todos los personajes necesarios para dar vida al Jerusalén de la época. De la Última Cena se pasó a la Oración en el Huerto de los Olivos, en el olivo que hay cerca de la Casa Consistorial. De ahí se pasa a la traición de Judas, el prendimiento, las negaciones de Pedro y los juicios. Momentos de mucha tensión en el que la música juega un papel importantísimo y que ayuda al espectador a meterse en la historia. Después de la flagelación comienza el Vía Crucis alrededor de la plaza Mayor. El pueblo dictó sentencia y dijo “Crucifícale”. Tremenda palabra que resonó en Marchamalo en las voces niños y mayores que participan como chusma en la Pasión. Y así fue paso a paso, y escoltado por soldados, el Elegido fue hacía el Calvario. El encuentro con el Cirineo, la Verónica o el encuentro de María con Jesús fueron momentos de gran emoción, contenida en algunos casos por los propios vecinos. Tras la remodelación de la plaza marchamalera el espectador es testigo de excepción de esta parte de la representación ya que la iluminación, estratégicamente colocada, hace posible que se vea desde cualquier punto.
Una vez que se rodeó toda la plaza, llegó el momento cumbre de la escenificación, la crucifixión a los pies de la parroquia de la Santa Cruz. Tres cruces, una para cada uno de los reos que acompañaron a Jesús y otra para el Rey de los Judíos. La música deja paso esta vez al sonido de unos dados con los que subastan las vestiduras del Elegido, unos clavos atraviesan las maderas de la cruz a golpe de maza y los soldados desafían al Señor vencido en la cruz. Momentos de gran dureza que dieron paso a la muerte de Jesús. Con el público totalmente entregado, un trueno, un perdón mirando al cielo y una música de terror acabaron con la vida del Señor, ante la perplejidad de los espectadores. La complicidad más llamativa surgió cuando María recibe, de manos de José de Arimatea, el cuerpo muerto de su hijo. Un monólogo lleno de ternura que conmoción a todos los presentes. Pero todavía quedaba la Resurrección, un momento también digno de destacar. Una grua eleva a los cielos a Jesús resucitado en medio de música celestial. Así concluyó una nueva Pasión Viviente marchamalera que el año que viene celebrará veinte años de ininterrumpida representación. Y que ha la ha hecho meritoria de ser catalogada como Fiesta de Interés Turística Provincial.