La primavera favorece la aparición de enjambres en las ciudades
01/10/2010 - 09:45
Marchamalo
Por cuarto año consecutivo, el Centro Agrario de Marchamalo formó a 23 bomberos de Tomelloso sobre la forma de capturar los enjambres que se crean en los cascos urbanos. La primevera es la época más propicia para que las abejas decidan trasladarse, debido al mayor acopio de néctar que hace crecer la colmena.
El año pasado, en una semana, dicho centro recibió 15 llamadas de vecinos de toda la región avisando de la existencia de estos nuevos nidos de abejas.
El año pasado, en una semana, el Centro Agrario de Marchamalo recibió 15 llamadas de diversos vecinos de toda Castilla-La Mancha avisando de la existencia de un enjambre, que tuvieron que retirar los bomberos de las correspondientes provincias. Con el fin de llevar a cabo esta tarea con todas las garantías, 23 profesionales de Tomelloso (Ciudad Real) recibieron ayer durante todo el día clases teóricas y prácticas en la localidad marchamalera.
Estas nuevas poblaciones de abejas aparecen, sobre todo, en primavera. En esta época hacen un gran acopio de néctar, la población de la colmena crece de forma desmesurada y al no tener espacio suficiente dentro del habitáculo tienen que irse a otro lugar, entonces, aparece el enjambre. En estos puede haber entre 10.000 y 20.000 abejas, la mitad que en una colmena.
Un árbol, una cornisa, una ventana, o cualquier lugar que las abejas consideren agradable suele convertirse en el sitio idóneo para establecerse. En ocasiones, al estar a gran altura sólo es posible que intervengan los bomberos, pues es más difícil que haya cerca un apicultor que se lo lleve con todas las garantías.
Su existencia suele alarmar a la población, aunque los entendidos del sector insisten en que si no se les molesta demasiado no entrañan ningún peligro. Debemos tener tranquilidad y llamar a un profesional para que venga a recogerlo, asegura el director del Centro Agrario de Marchamalo, Ángel Sanz.
La captura tiene que realizarse con el correspondiente mono y careta de apicultor y una vez equipados de dicho lugar se traslada a una caja. Después tiene que entregarse a un apicultor o alguien interesado en mantenerlas, ya que la ley prohibe matarlas.
José Luis Ramiro y Carmelo Salvachúa fueron los encargados de enseñar la teoría, por la mañana, y la práctica, por la tarde. Ante la dificulta de contar con un enjambre simularon la captura echando las abejas en una sábana blanca y usando después un alumbrador para llevárselas.
El año pasado, en una semana, el Centro Agrario de Marchamalo recibió 15 llamadas de diversos vecinos de toda Castilla-La Mancha avisando de la existencia de un enjambre, que tuvieron que retirar los bomberos de las correspondientes provincias. Con el fin de llevar a cabo esta tarea con todas las garantías, 23 profesionales de Tomelloso (Ciudad Real) recibieron ayer durante todo el día clases teóricas y prácticas en la localidad marchamalera.
Estas nuevas poblaciones de abejas aparecen, sobre todo, en primavera. En esta época hacen un gran acopio de néctar, la población de la colmena crece de forma desmesurada y al no tener espacio suficiente dentro del habitáculo tienen que irse a otro lugar, entonces, aparece el enjambre. En estos puede haber entre 10.000 y 20.000 abejas, la mitad que en una colmena.
Un árbol, una cornisa, una ventana, o cualquier lugar que las abejas consideren agradable suele convertirse en el sitio idóneo para establecerse. En ocasiones, al estar a gran altura sólo es posible que intervengan los bomberos, pues es más difícil que haya cerca un apicultor que se lo lleve con todas las garantías.
Su existencia suele alarmar a la población, aunque los entendidos del sector insisten en que si no se les molesta demasiado no entrañan ningún peligro. Debemos tener tranquilidad y llamar a un profesional para que venga a recogerlo, asegura el director del Centro Agrario de Marchamalo, Ángel Sanz.
La captura tiene que realizarse con el correspondiente mono y careta de apicultor y una vez equipados de dicho lugar se traslada a una caja. Después tiene que entregarse a un apicultor o alguien interesado en mantenerlas, ya que la ley prohibe matarlas.
José Luis Ramiro y Carmelo Salvachúa fueron los encargados de enseñar la teoría, por la mañana, y la práctica, por la tarde. Ante la dificulta de contar con un enjambre simularon la captura echando las abejas en una sábana blanca y usando después un alumbrador para llevárselas.