26/05/2019 / 18:41
Luis Monje Ciruelo


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La sequía

La sequía, primero le llega al agricultor, pero después alcanza al hombre urbano.


La sequía es ya un grave problema general en España, pero los gobernantes tienen  preocupaciones más importantes, como son las elecciones. Mientras tanto, el agua disminuye por falta de lluvias, los ríos se ahílan, los embalses enflaquecen, las fuentes se secan y los campos se mostrarán, cuando llegue su tiempo, incapaces de facilitar la germinación. Sale uno al campo ahora y observa, en mayo el retraso de los árboles en los que apenas se les hinchan en la serranía los brotes en las ramas para las hojas y los sembrados no tienen el verdor que les corresponde. Es cierto que en una economía que ha dejado de ser campesina, como la nuestra, los efectos de la sequía en el campo nos parecen un problema lejano. Pero por muy industrializados que estemos habrá que seguir bebiendo y utilizando el agua en la ciudad. La sequía, primero le llega al agricultor, pero después alcanza al hombre urbano. Y  no sólo porque el achicamiento del nivel de los embalses se traducirá en menos hectáreas de regadío y en restricciones en los abastecimientos de ciudades. Como, al parecer, construir nuevos embalses es de franquistas y, además, no cuentan con la bendición de los ecologistas, durante los ciclos de sequía que España sufre periódicamente no disponemos de suficiente agua de reserva almacenada. Para los alcarreños mayores no serían una novedad los cortes en la capital de este líquido elemento. Los sufrimos en los años cincuenta con hasta veinte horas diarias sin agua corriente, en Guadalajara y en 1974, todavía no inaugurada la presa del Sorbe, el Ayuntamiento la cortaba desde las siete de la tarde a las ocho de la mañana. Ahora, la sequía ha obligado a recurrir a los caudales de Alcorlo, y algún día habrá que decidirse a la ampliación de la presa del Pozo de los Ramos, en el Sorbe, término de Almiruete, para que el agua que ahora trasvasa a la presa de El Vado, en el Jarama, para el abastecimiento de Madrid, se reserve para la Mancomunidad del  Henares. El agua, que es ya un objeto de lucha política y de enfrentamiento de autonomías, terminará siendo algún día motivo de peleas personales. Y, mientras las huertas levantinas se mueren de sed, los gobernantes parlotean y el Ebro vierte al mar, sin aprovechamiento, millones de litros de agua dulce.


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