13/12/2011 / 17:42
D. Pizarro


Los acusados del crimen de Cifuentes se contradicen en sus responsabilidades


 
El juicio por el asesinato de Miguel Ángel Hernando en mayo de 2010 vivió este martes una intensa sesión en Audiencia Provincial de Guadalajara desde su inicio, ya que a las puertas del edificio se habían apostado alrededor de un centenar de amigos y familiares de la víctima, la mayoría procedentes de Cifuentes, pueblo donde ocurrieron los hechos. Con carteles con imágenes del joven cifontino y con gritos reclamando justicia, dejaron claro que no han olvidado unos hechos que conmocionaron a toda la provincia. La familia, visiblemente emocionada, aguantó con entereza toda la sesión, aunque en el momento de la declaración como testigos de la madre y el padre de Miguel Ángel, se vivieron unos momentos tensos cuando pidieron permiso para mirar la cara de los acusados.
El juicio comenzó con las declaraciones de los dos acusados de la muerte del joven, José Ángel Martínez, primo segundo, y Juan José Carriazo, que reconocieron ser amigos desde hace unos 12 o 13 años. El familiar basó su declaración en que no tenía la intención de matar a su primo, pese a que quedó días antes con el otro acusado para planear un secuestro express. “Pero no tenía intención de hacerlo, sino sólo de ganar un par de semanas”, dijo en relación al pago de una deuda que tenía. El otro acusado trató de dejar claro que él acudió a Cifuentes para ayudar a José Ángel a vender un bugui a una persona de Zaragoza, y que no conoció la idea del secuestro hasta esa misma tarde. Tras confirmar la “buena relación” que le une con el primo de la víctima, aseguró que participó en los hechos obligado por el “miedo” que le produjeron dos amenazas de José Ángel contra él y contra su familia. Eso fue lo que, según explicó, le llevó a permanecer en Cifuentes una vez que conoció las verdaderas intenciones de José Ángel, y que no eran vender el bugui, sino obtener 60.000 euros en recompensa, de los que, tal y como afirmó, le había prometido 15.000. Acerca de la forma en la que murió el joven, los acusados presentaron declaraciones diferentes, pues mientras que el primo aseguró que ambos participaron por igual en la inmovilización y la paliza, Juan José afirmó que sólo colaboró cuando el primo le golpeó con una barra de hierro. En lo que sí coincidieron es que el primo dictó las palabras que Juan José debía decir a la familia pidiéndoles un rescate. fue la intervención de los dos forenses que realizaron la autopsia.
 
Los forenses, por su parte, confirmaron la muerte por asfixia, pues ninguna de las siete heridas que presentaba el cuerpo era “susceptible” de ocasionar la muerte por sí mismas. La bolsa que produjo la asfixia se encontraba dentro de la boca, y con una lazada alrededor del cuello. “Estaba profundamente introducida por detrás de la lengua”. Para terminar, subrayaron como conclusión que hubo violencia “extrema” por los golpes en el cráneo, las lesiones provocadas por el intento de defensa, las contusiones y los hematomas en el cuerpo.
 
El juicio quedó visto para sentencia.
 

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