Los impuestos más locos de la historia


Solo hay dos certezas de la existencia humana. La primera es morirse (lo de la resurrección lo dejamos otro día) y la segunda es pagar impuestos. Desde que el ser humano se ha organizado en sociedad existen “publicanos” para recaudar tributos con un objetivo comunitario. El registro más antiguo de impuestos data del antiguo Egipto, alrededor del año 3.000 a.C. donde cada dos años, se celebraba un evento llamado Shemsu Ho (Peregrinación de Horus) recaudándose un impuesto sobre el valor del ganado (cobrándose en grano al no tener moneda acuñada). Desde entonces, se han gravado distintos hechos objetivos, algunos que con la perspectiva de la modernidad, llaman la atención a nuestros ojos (y bolsillos). Aquí algunos ejemplos conocidos.

    Sin salir del Egipto, el más raro era la prohibición de reciclar aceite usado ya que, el aceite nuevo tenía un impuesto al consumo. Si los escribas veían que se estaba usando el óleo raído daban una advertencia y revisaban en breve para cotejar que se estuviera adquiriendo de nueva producción. Avanzando por la historia, la indignación de Jesucristo con los mercaderes del templo se basa en el llamado “impuesto del santuario”, donde la ley exigía pagar medio siclo de Tiro (el cual tenía el rostro del dios Melqart, contrario a lo que decía la Torá sobre las imágenes) de manera anual y obligatoria. Los peregrinos traían monedas extranjeras (denarios o dracmas) y los cambistas cobraban comisiones abusivas. De ahí la indignación del de Nazaret al tolerar la idolatría por la avaricia. 

    En Roma se pagaba impuesto por la orina ya que, al ser rica en amoniaco, se usaba en cosmética y limpieza, por eso desde la época de Vespasiano perdura el refrán pecunia non olet (El dinero no huele). Más conocido era pagar para evitar el servicio militar o acudir a la guerra, siendo el primero en imponer esa opción, el rey Juan I de Inglaterra en el denominado “impuesto a los cobardes”. Esta dinámica sigue perdurando en muchos países (sobre todo asiáticos) donde la riqueza es dispensa de la leva. También es milenario el conocido “impuesto a los solteros” siendo el emperador Augusto el que primaba los nacimientos pero castigando a los mayores de 38 años que no habían desposado con el pago de un tributo y prohibiéndoles la asistencia a los juegos públicos. Tan popular fue, que decretó Lex Julia de maritandis orinibus donde se prohibía el celibato. En 1965, el Parlamento inglés gravó a los solteros mayores de 25 años y a los viudos sin descendencia, pero sin irse tan lejos, de 1941 a 1990 la Unión Soviética también puso un impuesto a los solteros y las familias pequeñas para luchar contra el declive demográfico.

    Enrique VIII, conocido por cabrearse con el Papado y montar su propia religión, instauró un tributo a la barba, el cual fue copiado por Pedro el Grande de Rusia años después. Los estratos más bajos tenían una leve confiscación, pero las clases altas debían pagar hasta 100 rublos al año. En caso de evasión fiscal, la policía tenía el derecho a esquilar a la fuerza al infractor. Y sin dejar de lado el Reino Unido, aparte del impuesto a las velas de 1709, en el siglo XVII había una percepción de que a mayor número de ventanas en las viviendas, mayor capacidad económica y una indefinición sobre lo que era una ventana, por lo que, mucha gente tapió sus paredes para evitar pasar por ventanilla provocando que el tifus y el cólera camparan a sus anchas por falta de ventilación. Finalmente fue derogado en 1851 por salud pública y nació el actual impuesto de basuras. En España, esta casuística nos trae a la cabeza las “casas a la malicia” (construcciones de casas con distribuciones y fachadas confusas), excusa del pueblo para evitar dar alojamiento a los funcionarios del rey ya que era obligatorio ceder la mitad de la vivienda si era amplia y de fácil partición y que es el origen del catastro nacional (todavía perduran azulejos en fachadas en Madrid). 

    La historia nos ha enseñado que la capacidad humana de crear impuestos es infinita. Si el impuesto al sol ya se inventó, estamos a pocas generaciones de gravar el agua o el aire. Todos locos.