Los jubilados del centro El Balconcillo realizan terapias con perros y tortugas
01/10/2010 - 09:45

Por: ANDRÉS BACHILLER. GUADALAJARA
Bruno, un dócil labrador de color negro, y Bora, un cachorro mestizo, fueron ayer objetos de deseo en la residencia de ancianos El Balconcillo. Allí una docena de mayores internos participaron en una particular terapia asistida por perros, con el objetivo de mejorar su calidad de vida y la sociabilidad a través del contacto terapéutico con mascotas.


Además del contacto físico con los canes, este tratamiento permite que los jubilados despierten sus sentidos y sus facultades físicas y mentales a través de paseos acompañados de los perros y otras actividades. Hemos conseguido que hablen, que no quieran soltar al perro, que anden con estas terapias, según comentaba ayer uno de los monitores de la misma, impartida por la asociación de adiestramiento animal La Campiña merced a un acuerdo con el centro de mayores.
El Grupo Amma, gestor de la residencia, trabaja desde hace semanas con los jubilados que acoge con estas terapias caninas, donde van participando por grupos de poco más de una decena. Casi hasta tenemos disputas por apuntarse, bromeba ayer la directora del centro, Carmen Ferré. Por las mismas podrá pasar la práctica totalidad de los residentes, incluidos aquellos con diagnóstico de demencia, que fueron los que prescisamente iniciaron la terapia. Ésta es una práctica habitual en las residencias de Amma, señala Ferré, y se trata de trabajar el tema afectivo, el sensorial y la movilidad.
Ello se escenifica a través de distintos ejercicios, en los que la persona interactúa con los perros. Hay quienes que no son capaces de comunicarse, de hablar, y que, sin embargo, sí son capaces de comunicarse con un animal; en personas que tienen ansiedad notamos cambios de actitud imporantes, o que la tensión de gente hipertensa mejora. Ferré apunta, además, que a veces los residentes pierden su autoestima por su gran nivel de dependencia; por eso el hecho de pasar de ser cuidados a cuidar un animal les anima un montón.
La terapia se repetirá una o dos veces por semana hasta septiembre, con la idea de que a partir de dicho mes Bruno sea un residente más y se pueda hacer todos los días.
Además de los canes, los internos de la residencia El Balconcillo también han realizado ya terapias con tortugas, así como otras actividades de estimulación como la confección de un mural pictórico, uan fiesta rociera o un minimaratón de cuentos paralelo al que se celebró en los exteriores del Palacio del Infantado.
Las caricias a Bruno y Bora
Por turnos, los perros Bruno y Bora, ésta apenas un cachorro, fueron pasando de mano en mano de los residentes de El Balconcillo participantes en la terapia de ayer. No hubo ninguno de ellos que no esbozara una sonrisa de felicidad mientras pasaba su mano por el pelaje de los canes, éstos totalmente dóciles. Algunos rememoraron, incluso, tiempos pasados en compañía de perros propios.
El Grupo Amma, gestor de la residencia, trabaja desde hace semanas con los jubilados que acoge con estas terapias caninas, donde van participando por grupos de poco más de una decena. Casi hasta tenemos disputas por apuntarse, bromeba ayer la directora del centro, Carmen Ferré. Por las mismas podrá pasar la práctica totalidad de los residentes, incluidos aquellos con diagnóstico de demencia, que fueron los que prescisamente iniciaron la terapia. Ésta es una práctica habitual en las residencias de Amma, señala Ferré, y se trata de trabajar el tema afectivo, el sensorial y la movilidad.
Ello se escenifica a través de distintos ejercicios, en los que la persona interactúa con los perros. Hay quienes que no son capaces de comunicarse, de hablar, y que, sin embargo, sí son capaces de comunicarse con un animal; en personas que tienen ansiedad notamos cambios de actitud imporantes, o que la tensión de gente hipertensa mejora. Ferré apunta, además, que a veces los residentes pierden su autoestima por su gran nivel de dependencia; por eso el hecho de pasar de ser cuidados a cuidar un animal les anima un montón.
La terapia se repetirá una o dos veces por semana hasta septiembre, con la idea de que a partir de dicho mes Bruno sea un residente más y se pueda hacer todos los días.
Además de los canes, los internos de la residencia El Balconcillo también han realizado ya terapias con tortugas, así como otras actividades de estimulación como la confección de un mural pictórico, uan fiesta rociera o un minimaratón de cuentos paralelo al que se celebró en los exteriores del Palacio del Infantado.
Las caricias a Bruno y Bora
Por turnos, los perros Bruno y Bora, ésta apenas un cachorro, fueron pasando de mano en mano de los residentes de El Balconcillo participantes en la terapia de ayer. No hubo ninguno de ellos que no esbozara una sonrisa de felicidad mientras pasaba su mano por el pelaje de los canes, éstos totalmente dóciles. Algunos rememoraron, incluso, tiempos pasados en compañía de perros propios.