Los líderes de la UE promueven una reunión financiera internacional para atajar la crisis

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

El Consejo Europeo convalidó este miércoles las decisiones adoptadas el pasado domingo en París por una reunión del Eurogrupo, que componen actualmente 16 países: los miembros del euro más Eslovaquia, que pasará a formar parte de la Unión Monetaria el próximo mes de enero. Pese a tratarse de una convocatoria habitual y reglada en los hábitos de la UE, la reunión de los líderes comunitarios en Bruselas tuvo mucho de atípica.
Primero porque los 27 se reunían para dar el visto bueno a decisiones muy trascendentes tomadas “a dieciséis”, lo que cuestiona el principio de unidad de acción comunitaria en este género de asuntos. Once socios comunitarios venían a Bruselas a decidir lo que ya habían decidido otros por ellos. Al mismo tiempo, la intervención masiva en los mercados acordada por las principales economías de la UE, (hasta 2,2 billones de euros en estos momentos), ha dado por tierra con todo planteamiento neoliberal de la economía comunitaria. El debate ahora y de los próximos meses es cómo dirigir esa intervención; el papel de las administraciones públicas en la dirección de la economía europea. Como por ensalmo, décadas de discusiones estériles entre liberales (Alemania y el Reino Unido, por ejemplo), e intervencionistas (Francia, sustancialmente), han desaparecido de la escena.
En tercer lugar porque si los acuerdos ahora cerrados databan del domingo, está ya meridianamente claro que lo hecho hasta ahora no es suficiente: Gordon Brown y Angela Merkel desembarcaron en Bruselas reclamando una reconsideración de los acuerdos de Bretton Woods (1944), que confieran nueva savia al Fondo Monetario Internacional. El primero, apoyado por el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, consideraba imprescindible una acción coordinada con Estados Unidos para supervisar el funcionamiento del sistema tras la crisis; la segunda daba por hecho que la reunión del G-8 ampliado (con países como China, India o Brasil), tendrá lugar el mes que viene. “Tenemos que ser capaces de afrontar las crisis cuando se suscitan, de manera más coordinada”, decía Brown, afianzando una línea de pensamiento que se está consolidando entre los líderes comunitarios.
Y Nicolas Sarkozy, quien ya abogó hace días por esa cumbre extraordinaria del G-8, incidía en su ya larga batalla contra la especulación financiera, proponiendo los 27 algo que la UE no está, por sí sola, en condiciones de acordar: poner coto a todos los paraísos fiscales y áreas off shore del planeta, de modo que nada, ni siquiera los fondos de alto riesgo (hedge funds), escape a la regulación. Su propuesta aparecía contemplada en el discurso que dirigió al Consejo Europeo. Como telón de fondo de toda esta cacofonía, los plurales –y renovados- llamamientos a la ejecución de las reformas estructurales que la economía de los Estados miembros requieren, y que aparecen claramente identificados en la denominada Agenda de Lisboa.
Para que no faltara nada, Berlusconi se descolgó en la capital comunitaria declarando que Rusia tiene que formar parte de la Unión Europea, porque es un Estado “plenamente occidental”.

Los nuevos socios comunitarios, que se han quedado al margen de las primeras decisiones del Eurogrupo, desembarcaron este miércoles en Bruselas dispuestos a cobrar pieza en el debate sobre el cambio climático. En un escrito, los presidentes o primeros ministros de Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania y Eslovaquia exigen que las decisiones sobre los objetivos de lucha contra el cambio climático sean adoptadas por consenso, (no por mayoría cualificada), de manera que cada cual adapte sus ambiciones medioambientales a sus proyectos de desarrollo económico.

Polonia, incluso, amenazaba con vetar el acuerdo sobre biocarburantes, ahorro energético y renovables, haciendo gala de sus siempre levantiscas actitudes.

Polonia da la nota
Lech Kaczinski volvió a protagonizar este martes una trifulca en el Consejo Europeo. Siendo, como es, presidente de Polonia, quiso presentarse ante la Cumbre de la UE, a pesar de que la representación exterior del país le corresponde al primer ministro (o al presidente por delegación de este, como le sucedió a Lech durante la transcendental cumbre en la que se aprobó el Tratado de Lisboa, a la que asistió por delegación de su hermano Jaroslaw).El martes, Lech Kaczinski le manifestó al primer ministro polaco, Donald Tusk, que se proponía viajar a Bruselas para la cumbre; que dispusiera un avión para ello. Tusk se negó y Kaczinski, ni corto ni perezoso, alquiló un jet con cargo a los gastos de la presidencia y se presentó ante el Consejo Europeo, ante la sorpresa de todos los congregados.