Los mayores del Balconcillo celebran la Octava del Corpus

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

La procesión partió desde la residencia del Balconcillo.
Por: BEATRIZ PARIENTE
El ánimo de prolongar la celebración del Corpus llevó al párroco de San Juan de Ávila, Victorio Llorente, a organizar un acto que quiere convertirse en eco de esta fiesta litúrgica ocho días después de su celebración: la octava del Corpus. Durante sus primeras ediciones, la octava se emplazó en la plaza José Luis Borges, junto a la parroquia San Juan de Ávila de la cual es titular Llorente. Este año, por primera vez, el párroco decidió trasladarla hasta la residencia del Balconcillo.
Este emplazamiento está más próximo a los mayores que, antaño, habían protagonizado esta fiesta en sus pueblos y que, por circunstancias de salud, ya no podían acercarse hasta la celebración del Corpus Christi. Fue así como se gestó este tributo a esa época pasada que, además, “quiere hacer que los mayores se sientan queridos y activos”. Precisamente el día de antes Victorio Llorente había comentado con sus feligreses del Balconcillo cómo se vivía esta fiesta en sus pueblos.
De este modo, ayer, a las 12 de la mañana, los residentes del Balconcillo celebraron la eucaristía de la octava, oficiada por Llorente en la capilla del geriátrico y adornada por la tradicional presencia de niños y niñas vestidos de comunión. Casi todos los residentes que conservan aún sus facultades mentales quisieron participar en la fiesta, a pesar de que algunos de ellos tuvieron que ser trasladados en silla de ruedas por parte del personal de la residencia –gestionada por la empresa Amma y con 170 inquilinos en la actualidad–. Hacia las 13.00 horas, terminada la celebración, se inició la procesión hasta la parroquia de San Juan de Ávila, siendo los portadores del Santísimo algunos de los mayores de la residencia en su primer tramo y cediendo después el relevo del palio a voluntarios más jóvenes.

Recorrido hasta la iglesia
En su recorrido la procesión cruzó la calle Roncesvalles, la plaza de la Paz, el parque de los Ingenieros Militares, avenida del Ejército y calle Constitución hasta llegar a la parroquia de San Juan de Ávila. Los niños y niñas vestidos de comunión abrieron el paso a la procesión, junto a un monaguillo encargado de portar el botafumeiro con el incienso purificador. Tras ellos el Santísimo, portado bajo palio por cuatro personas y, por último, el resto de los asistentes a la octava, principalmente mayores del Balconcillo acompañados por sus familiares, que entonaron cánticos de alabanza al Santísimo mientras se dirigían a la parroquia de San Juan de Ávila