Los niños de hoy también se divierten con los juguetes de ayer
09/03/2012 - 14:20
Gracias al trabajo de recuperación de la memoria colectiva que está haciendo Alicia Benito para la revista municipal de Trillo, los niños del Colegio Ciudad de Capadocia conocieron en una sesión de tutoría con qué juguetes jugaban sus abuelos en el pasado, puesto que la trillana no sólo anota cómo eran los viejos juegos sino que también los ha fabricado de nuevo tal y como lo hicieran los abuelos del pueblo.
A juzgar por el interés que despertaron en los colegiales de diferentes edades las pirindolas, hechas con carretes de hilo, los yoyós fabricados con los botones más grandes del costurero de la abuela o las rulas hechas con el culo de los barreños, los viejos juguetes mantienen intacto su atractivo para los niños, que se mostraron encantados al poder tocarlos y jugar con ellos. El intercambio de experiencias tuvo lugar gracias a una iniciativa de la dirección del Colegio Ciudad de Capadocia, que se puso en contacto con Alicia.
El aro se hacía con los culos de los barreños o los cubos de zinc, mientras que la guía se construía con un alambre grueso al que se le daba una forma particular en uno de sus extremos. El mango con el que se sujetaba era de madera, pero lo más importante era mantener el equilibrio, la velocidad y, sobre todo, rodar, rodar y rodar. Alguno de los pequeños trillanos mostró una habilidad innata para manejarlo en la sesión de intercambio cultural.
Las pelotas se hacían en época de matanza con la vejiga de un cerdo. Bastaba con inflarla con una caña hueca y atarla con una cuerda para poder empezar a jugar con ella. También había otras que se podían hacer con las suelas de las alpargatas inservibles. Se cortaban en finas tiras, se enrollaban en forma de ovillo y a correr. Incluso podían hacerse con las cubiertas de las bicicletas y luego cabía la posibilidad de recubrirlas con tela o lana tejida para que tuvieran mayor resistencia.
Lo más común para hacer la pirindola era utilizar los carretes de hilo de madera. De un carrete salían dos. Se cortaba por la mitad y con la ayuda de una navajilla se sacaba punta a un palo que era introducido en el orificio central. El palo tenía que acabar en punta redondeada y funcionaba como la punta de la pirindola, sobre la que se le hacía girar. Otra forma de hacerlo era utilizando los agallones de los robles.
A la hora de hacer collares, los adornos más utilizados eran las majuelas, nombre con el que se conoce al fruto rojo del espino. A las chicas les encantaba engalanarse con ellas, así que iban en panda a recogerlas para, con ayuda de una aguja y un cordel, ir enfilándolas hasta conseguir el largo deseado. Con ellas se podían hacer, además de collares, pulseras a juego. Las majuelas eran las más utilizadas por su llamativo color, pero también podían hacerse collares con semillas de flor de malva, jarrillas del boj o flores.
A juzgar por el interés que despertaron en los colegiales de diferentes edades las pirindolas, hechas con carretes de hilo, los yoyós fabricados con los botones más grandes del costurero de la abuela o las rulas hechas con el culo de los barreños, los viejos juguetes mantienen intacto su atractivo para los niños, que se mostraron encantados al poder tocarlos y jugar con ellos. El intercambio de experiencias tuvo lugar gracias a una iniciativa de la dirección del Colegio Ciudad de Capadocia, que se puso en contacto con Alicia.
El aro se hacía con los culos de los barreños o los cubos de zinc, mientras que la guía se construía con un alambre grueso al que se le daba una forma particular en uno de sus extremos. El mango con el que se sujetaba era de madera, pero lo más importante era mantener el equilibrio, la velocidad y, sobre todo, rodar, rodar y rodar. Alguno de los pequeños trillanos mostró una habilidad innata para manejarlo en la sesión de intercambio cultural.
Las pelotas se hacían en época de matanza con la vejiga de un cerdo. Bastaba con inflarla con una caña hueca y atarla con una cuerda para poder empezar a jugar con ella. También había otras que se podían hacer con las suelas de las alpargatas inservibles. Se cortaban en finas tiras, se enrollaban en forma de ovillo y a correr. Incluso podían hacerse con las cubiertas de las bicicletas y luego cabía la posibilidad de recubrirlas con tela o lana tejida para que tuvieran mayor resistencia.
Lo más común para hacer la pirindola era utilizar los carretes de hilo de madera. De un carrete salían dos. Se cortaba por la mitad y con la ayuda de una navajilla se sacaba punta a un palo que era introducido en el orificio central. El palo tenía que acabar en punta redondeada y funcionaba como la punta de la pirindola, sobre la que se le hacía girar. Otra forma de hacerlo era utilizando los agallones de los robles.
A la hora de hacer collares, los adornos más utilizados eran las majuelas, nombre con el que se conoce al fruto rojo del espino. A las chicas les encantaba engalanarse con ellas, así que iban en panda a recogerlas para, con ayuda de una aguja y un cordel, ir enfilándolas hasta conseguir el largo deseado. Con ellas se podían hacer, además de collares, pulseras a juego. Las majuelas eran las más utilizadas por su llamativo color, pero también podían hacerse collares con semillas de flor de malva, jarrillas del boj o flores.