Los transportistas se quejan de que su negocio, lejos de ser rentable, les cuesta dinero

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: DIANA PIZARRO
Huelga de Transporte
El grito de ‘huelga’ sonaba en las emisoras a primera hora de la mañana de ayer. Fue la consigna destinada a paralizar la A-2 en ambos sentidos. “Hace un año me costaba 500 euros llenar el depósito; ahora, más de 1.000”, recalcaba Genaro Ochoa, autónomo dedicado a transportes especiales, que tenía su camión parado en torno a la finca El Encín, en la linde que separa Madrid con Guadalajara. Su socio, Eloy Martinez, asegura que ha tenido que ampliar los avales de su tarjeta de combustible. “Llenar la cabeza tractora me cuesta 1.100 euros para echar 800 litros. Llego a fin de mes y me dicen que el crédito se ha acabado”, indica. Ambos llevan arrastrando pérdidas desde el mes de enero.
“El año pasado íbamos mal, sin embargo cubrías gastos, pero éste ya no puede ser; si son dos camiones son dos ruinas”, afirma.
Fermín Olmeda, uno de los piquetes más activos, clamaba al cielo: “Desde octubre la empresa se viene a pique”. No ha dejado de perder dinero desde entonces. “Te pagan un porte 500 euros y gastas 600”, dice. Lo que quiere es que, como mínimo, “se cobren los gastos”. Su empresa, desde enero, ya no es viable.
Diferente es el caso de Rodrigo Díez. Aunque empleado de una empresa constructora desde hace años, ha decidido sumarse a los paros, “ya que actualmente no tenemos encargos para realizar, aunque tampoco nos arriesgaríamos a llevarlos a cabo”. Su previsión es que la huelga finalice antes del viernes, “ya que el Gobierno se tiene que dar cuenta de que nuestra petición es legítima y, además, viable”. En este sentido, numerosos conductores que cortaron el tráfico en la A-2 se quejaban de que “los 400 euros de propina del Gobierno no solucionan nada, mientras que esos miles de millones que han supuesto a las arcas públicas habrían dado más cancha para llevar a cabo medidas que paliaran la fuerte subida del petróleo”. En general, las opiniones optimistas escaseaban entre los huelguistas, que no opusieron resistencia para ‘levantar’ la barrera.