12/11/2020 / 02:16
Óscar Izquierdo Barbas


Imagenes

‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’ o la historia de un fracaso repetido

El excelente documental triunfa en el Buero con Pepe Viyuela como maestro de ceremonias.


“Un payaso intenta en el escenario convertir el fracaso en una fiesta”. Así describía el actor Pepe Viyuela el papel de un clown cuando actúa ante el público y lo hacía ayer miércoles en el Teatro Auditorio Buero Vallejo, durante el coloquio posterior a la proyección del documental Marcelino, el mejor payaso del mundo, en la que es su formidable protagonista.

Este evento, el segundo dentro del I Festival Guadaclown de Guadalajara que tiene lugar estos días y organiza el Patronato Municipal de Cultura, contó con la colaboración del Cine Club Alcarreño para mostrar en nuestra ciudad la historia de Marcelino Orbés, alias Marceline: la vida de un auténtico ídolo caído, un genio dentro del mundo del circo y del espectáculo que triunfó en las primeras décadas del siglo XX como payaso y cuya fama traspasó fronteras, admirado por estrellas como Buster Keaton y Charles Chaplin y que fue un auténtico icono en Londres y Nueva York. Una historia que no tuvo final feliz y que se rescata en este docudrama que pretende servir de homenaje y de metafórico monumento a este payaso desconocido.

De fracasos y de fiestas va precisamente este documental, dirigido por Germán Roda y basado en el libro homónimo de Mariano García (periodista de El Heraldo), en el que se desgrana cómo Marcelino Orbés (Jaca, 1873) se convirtió entre 1900 y 1914 en el mejor payaso del mundo. Y nos habla de la meteórica carrera de un artista que no pudo o no supo administrar su fama y que acabó en tragedia cuando, en 1927, se quitó la vida en un hotel neoyorquino, solo y arruinado.

La película, con un relato precioso y triste a la vez, está magníficamente documentada y transcurre en paralelo entre la vida de Marceline y también la componente social que marcó (como en otros tantos casos de artistas famosos) esa especie de montaña rusa en que se convirtió su existencia. Una popularidad que fue su sustento pero que, cuando desapareció, se acabó convirtiendo en su tumba.

La silla y la guitarra

Nada más concluir la proyección, Pepe Viyuela brindó al público asistente unos minutos de su mítica actuación “de la guitarra y la silla”. Y ya en el coloquio, este genial cómico que tan buenos ratos ha hecho pasar a varias generaciones gracias a su humor y a sus desternillantes creaciones, se refirió al documental como “una película humilde pero con enorme alma y corazón”, bromeando con que, al no ser una megaproducción, “al menos así no nos hemos arruinado”.

Arropado en el escenario del Buero por Alberto Sanz (Cine Club Alcarreño) y Cayetano Vela (responsable del Guadaclown), el humorista reflexionó sobre la vida como un fracaso: “Nacemos llorando y somos la historia de un fracaso repetido. Y con eso es con lo que de alguna manera juega el payaso, el clown en el escenario en una muestra de resistencia ante la que el público empatiza, porque de algún modo se siente reflejado en esa tragedia”.

También se refirió al propio Marcelino, al que da vida en este excelente documental, como “el ejemplo de que, en esta vida, o te adaptas o mueres. Igual que ahora nos da vértigo la velocidad con la que nos envuelven las nuevas tecnologías, que nos abruman y sobrepasan, el pobre Marcelino parece que no quiso ceder ante los cambios que supuso en su época la aparición del cine y acabó sobrepasado por aquellas circunstancias”.

Con todo, Viyuela quiso romper una lanza a favor de “un artista que defendió por encima de todo su profesión tal y como la concibió. Yo coincido en eso con Marcelino y empatizo con él en cuanto a ese ritual del teatro que, afortunadamente, no ha podido ser trastocado por nada. Yo me sigo agarrando a esa pureza que tienen las tablas de un escenario. No en vano, es el salvavidas de quienes nos dedicamos a estar en contacto directo con el público”.

Por último, y desde su faceta como poeta y escritor, reconoció que “contar cosas es compartir. En general, nosotros mismos nos reconocemos en las palabras y en las historias. Personalmente, al escribir poesía busco contar algo interesante pero, a la vez, que me permite aprender a conocerme mejor”.

Una delicia de evento que se pudo disfrutar a pesar de los condicionantes derivados de la actual pandemia. Sin duda, un perfecto punto y seguido al resto de actividades que forman parte de este I Festival Guadaclown y que tiene el próximo domingo (a las 18.00 horas) su próxima cita, con la función de teatro-circo Esencial.


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