Marty Supreme: Al servicio de su majestad
Vaya por delante que no me cae para nada mal Timoteo (vulgarmente conocido como Timothée Chalamet). De hecho, me está sorprendiendo bastante el rechazo que despierta entre personas de cualquiera sexo y edad, porque es un actor que ha tocado numerosos palos y géneros, logrando salir casi siempre airoso. Ahora bien, eso tampoco quiere decir que me apasionen sus películas. Sobre todo desde que está en modo Oscar, que es a lo que apesta precisamente Marty Supreme, su última y ‘reconocida’ producción.
Sinopsis: el bueno de Marty es un pedazo de idiota mayúsculo. Pero un payaso de los que hacen historia. No es un buen tipo que a veces tomas malas decisiones. No, para nada, es un tóxicazo egocéntrico que más te vale tener a dos millones de kilómetros de ti. Pero resulta que se la da muy bien jugar al ping pong y tiene carisma... basicamente porque es el protagonista y en el guión dice que tiene carisma y vuelve locas a las mujeres. Un poco como si fuera James Bond, pero en enclenque, camisa de tirantes y bigotito ridículo. Su gran objetivo es jugar un torneo internacional de ping pong, pero como es idiota, se ha puesto demasiadas trabas así mismo como para conseguirlo y ahora tiene un cantidad indeterminada, pero apremiante, de tiempo para reunir el dinero que le permita lograr su objetivo.
Marty Supreme solo tiene una razón de existir: que Timoteo pueda lucirse. Y cuidado, lo hace. No hay nada en su interpretación que se le pueda echar en cara. Su personaje es idiota, a alguien le pareció que los idiotas son personajazos en el cine (a mí me parecen irritantes, pero para gustos los colores), y él lo interpreta muy bien, haciéndole pasar por muchos momentos emocionales. Nada que alegar. Si te parece que el resto de actores y actrices están por allí de paso, pues es verdad, pero es que esto va de Marty ‘Timoteo’ Supreme, y cuanto antes lo entiendas, mejor.
Lo que tampoco se puede negar es que la película se ve del tirón. Creo que la idea de su director, Joshua Safdie, era la de imprimirle ese sentido de urgencia que tiene el cine cuando encierra a su protagonista en una misión a contrarreloj. Sin embargo, tarda en definirse. El montaje está tan picado desde arranque, tan desquiciado, que es imposible sentir la precipitación hacia el abismo de su protagonista. Y no deja de ser curioso, porque la historia parece bien planteada desde el guión, con personajes y subtramas recurrentes. También la fotografía brilla. Pero Safdie quiere jugarse todas las cartas a Timoeto y nunca pone el foco en los personajes que le rodean, sin darse un mínimo respiro para conectar con el público. Duele pensar el juego que podrían haber dado Abel Ferrara, Odessa A´zión (ésta sí tiene un minimomentazo) y Gwyneth Paltrow si la cámara se hubiera centrado mínimamente más en ellos, no con minutos, solo con foco real y auténtico.
Y ese es el principal problema de Marty Supreme, que es una sucesión de momentos más o menos curiosos que no toca al espectador, que pasa a través de él de manera superficial dejando un mensaje de dudosa validez moral, porque los idiotas casi nunca cambian y sus epifanías no suelen durar más de uno o dos meses. Marty Supreme puede verse como se vé el cine de consumo rápido de la mayoría de las producciones Marvel, con calidad en su ejecución, pero sin alma ni originalidad a fin de cuentas. A ver si le dan el Oscar al bueno de Timoteo y así puede dejar de interpretar a gente engreída, que entre éste y Bob Dylan... ciudado.