Más de 1.500 personas viven la Pasión Viviente en Hiendelaencina

03/04/2015 - 15:59 D.Pizarro

¿Cómo una historia conocida por todos puede reunir año tras año a miles de personas? Esta pregunta tiene fácil respuesta si nos referimos a Hiendelaencina (Guadalajara). El pueblo se convirtió un año más en escenario de los últimos días de vida de Jesucristo. Su esperada Pasión Viviente, orgullo de la localidad, va más allá de sentimientos religiosos. Es una cita que este viernes hizo que la localidad multiplicase por 10 los cerca de 150 habitantes que residen allí durante todo el año. El alcalde, Mariano Escribano, reconocía que esta 43 edición la vivía con “mucha ilusión”. Y no era para menos. “Está haciendo un día fabuloso que ha favorecido una gran afluencia de público”. Pero con lo que de verdad estaba orgulloso el primer edil era con la colaboración de todos los vecinos. De hecho, en la puesta en marcha de esta Pasión Viviente, declarada fiesta de interés turístico provincial desde el año 2001, participaron unas 200 personas, vecinos e hijos de Hiendelaencina. Pero el alcalde no se quedó atrás, pues él se encargó de supervisar que todo iba como se esperaba, siempre de la mano del párroco del municipio Julio Arjona. “Sobre el escenario hay unas 150 personas, pero luego otras muchas se ocupan de la organización”. El personaje por excelencia de esta Pasión Viviente, Jesús, como no podía ser de otra manera, fue representado con solvencia por segundo año consecutivo por el joven Felipe Gismera. Sin embargo, el regidor no se olvidó el viernes de una de las curiosidades que dejan claro el arraigo de esta tradición en el pueblo de Hiendelaencina. “En los 43 años de historia hemos tenido a un padre y un hijo haciendo de Jesucristo: Joaquín Latova”. Asimismo, Mariano Escribano hizo hincapié en que la Pasión se ha representado durante todas estas ediciones de manera ininterrumpida, “hiciera frío, calor o lloviera”.
  
Las saetas, los tambores y la música en general metieron al público en la historia de golpe. La plaza se llenó rápidamente por romanos, los 12 incondicionales de Jesús, gentes del pueblo, mujeres lavanderas, puestos de fruta... La entrada triunfan en Jerusalén a lomos de un burro  fue uno de los pocos momentos de jolgorio. Los vecinos portaban sus ramas de olivo y agradecían la presencia del que se hacía llamar hijo de Dios, el rey de los judíos. La Pasión concluyó en las eras del pueblo, donde tuvo lugar el Calvario y el momento más impactante de la pasión: la crucifixión de Jesús y de los dos ladrones que le acompañaban. “Padre, ¿por qué me has abandonado?”, gritaba al cielo justo antes de morir. Instantes después caía su cuerpo inerte en los brazos de su  madre. El público, que en las eras limpias de casas se mostraba aún más numeroso, asistía un año más a un acontecimiento que les dejó mudos, helados, pese al calor que reinaba en el ambiente.