Máximo Almero y Alejandra Benito reafirmaron su amor en su 50 aniversario

20/05/2011 - 19:00 Javier López

Con la misma ilusión, emoción y sentimientos que hace 50 años, Máximo Almero, de 77 años, y Alejandra Benito, de 73 años, entraron el pasado sábadoen la iglesia de San Román de Fembellida para conmemorar sus Bodas de Oro de feliz matrimonio. Como es habitual, el novio esperó impaciente la llegada de la novia a la puerta de la parroquia. Seguidamente, ya en el interior, Manuel Azabal ofició la ceremonia.
 
En un momento de la eucaristía, José Domingo Almero, hijo de ambos, leyó una emotiva carta sobre su vida al lado de la feliz pareja, momento en el que el templo se llenó de verdadera emoción. En el momento de la bendición de las correspondientes alianzas y las arras, sólo se bendijeron, al igual que en su boda, los anillos, porque “tal vez no era costumbre allí o se les pasó por alto”, explicó Almero. El párroco entregó las alianzas a cada uno de los protagonistas para que se colocasen mutuamente los anillos. Al término de la emotiva ceremonia todos se desplazaron hasta el hostal de Las Salinas de Armallá, donde degustaron un delicioso y abundante almuerzo. Durante el suntuoso ágape, todos recordaron momentos pasados y situaciones vividas al lado del matrimonio y jalearon vivas y ánimos para la pareja en un ambiente familiar a la vez que emotivo. Finalmente, antes de la correspondiente tarta dedicada al quincuagésimo aniversario y los brindis de rigor, Azabal les leyó una poesía de estilo acrónimo especialmente dedicada a ellos.
 
La vida en pareja de Almero y Benito, originarios de Cardenete, en Cuenca, y Baños de Tajo, comenzó bien lejos de la comarca molinesa porque por aquellos años se encontraban en Barcelona. En 1952, cuando el ahora esposo trabajaba en labores del campo, tenía como compañeros a los hermanos de su mujer. Pasado un tiempo, comenzaron a intimar y a pensar en el futuro como pareja, formalizando su matrimonio nueve años más tarde en la iglesia de Santa Eulalia, en Hospitalet de Llobregat. “Nos casamos en jueves y el domingo por la noche tuve que ir a trabajar al matadero. Lo único excepcional que hicimos fue ir al teatro”, explicó el protagonista.
 
El feliz matrimonio nunca ha perdido contacto con la localidad ni con sus vecinos, inculcando así a sus dos hijos su amor por la Comarca Molinesa. Tanto es así que llevan residiendo 14 años en la localidad. “Nos construimos la casa que tenemos aquí, con esa intención. Nos desplazábamos desde Barcelona, durante ocho años, todos los fines de semana que podíamos para seguir con la construcción”. José Domingo explicó que “la idea de prepararles esta sorpresa surgió hace más de un año y los últimos seis meses mi hermano y yo nos pusimos más en serio contando con la colaboración de los vecinos”, comentó emocionado, ya que “llevo más de un mes sintiendo una emoción importante porque sabía que la ceremonia les iba a gustar, sorprender y emocionar”, finalizó el hijo mayor excusando la ausencia de su hermano, quien por diversos motivos no pudo acudir al evento tan especial.