03/04/2020 / 13:31
J.E.


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“Me agobia pensar que no sabemos cuándo se va a terminar esto”

Rocío García Álvarez ha vivido la crisis del coronavirus en el epicentro de Europa, Italia.


Rocío García Álvarez en una alcarreña que vive en Italia. Leer esto puede invitar a pensar en lo peor ya que todos sabemos que Italia es la zona más afectada de Europa por el coronavirus, sin embargo, en el pueblo en el que vive ella no se ha registrado ningún caso de manera oficial, por lo que está relativamente tranquila.

Se marchó a Italia, concretamente a Santa María Imbaro, a 30 kilómetros de la ciudad de Pescara, para vivir con su pareja. En esta pequeña localidad, situada en el centro del país, trabaja en un bar-cafetería que pertenece al Grupo Eni, una empresa energética italiana. La zona más afectada por el COVID-19 es el norte de Italia, por lo que no está en la zona más peligrosa

Los principios fueron como en casi todos los países: “La gente no se lo tomó muy en serio, una pequeña parte dejó de venir al bar o venían con mascarillas, pero la mayoría no se lo tomó muy en serio, se pensaba que era una cosa de China”. La situación fue a peor, y en el norte de Italia empezaron a multiplicarse los casos, pero “se decía que era una cosa del norte, no se pensaba que fuese a llegar hasta aquí”. Pero el problema fueron los desplazamientos desde las grandes ciudades del norte, algo similar a lo que ha ocurrido en España: “Cerraron universidades, y gente del norte que vive aquí, pero estudia allí, empezó a volver a sus casas, y en vez de quedarse en ellas, fueron a visitar a amigos, hicieron vida normal, y todo ello aumentó el contagio”.

Las medidas en su trabajo se fueron tomando a cuentagotas, hasta que finalmente la cafetería se ha cerrado hasta nueva orden: “Cuando la cosa se puso más fea, nos dijeron que teníamos que empezar a desinfectar, tener clientes separados y trabajar con guantes y mascarillas. Esto hasta el día 10. El día 12 me llamó mi jefa diciendo que se cerraban bares y todo lo que no fuera de primera necesidad. Antes de cerrar definitivamente, también nos dijeron que teníamos que cerrar a las 18.00 horas, y  hubo gente que venía más tarde y había que comentárserlo porque se lo tomaban a broma, pero ya entonces venía la policía (carabinieri) y nos hacían cerrar a las 18.00, se pusieron serios”.

Comenta que sólo sale de casa para hacer la compra, como ocurre aquí, y que “yo estoy más bien tranquila, sigo las indicaciones que nos dicen y más no puedo hacer. En este pueblo no hay casos y estamos algo tranquilos”. Sin embargo, la preocupa su familia “porque están muy preocupados, pero estoy bien, mantengo la calma”, y afirma que “sólo me agobia pensar que no sabemos cuándo se va a terminar esto”.


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