Merkel desmiente que se haya quejado de los achuchones de Sarkozy
01/10/2010 - 09:45
La canciller alemana, Angela Merkel, nunca se ha quejado de que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, la achuche o se sobrepase en sus acercamientos físicos, aseguraron ayer fuentes de la Cancillería en Berlín, desmintiendo con ello informaciones publicadas por el periódico suizo Le Matin. Es una historia totalmente inventada, reiteró un representante de la canciller alemana. Merkel no ha interpuesto queja a la embajada alemana en París, como informó Le Matin Dimanche, la edición del domingo de ese rotativo. Merkel detesta que él la toque. Es algo físico, escribió el periódico.
Según este medio, la jefa del gobierno de Berlín no soporta el roce de la palma de la mano de Sarkozy sobre su hombro, su brazo rodeándole el cuello ni los dedos del presidente apretando su antebrazo.
Todo eso la electriza, en el mal sentido de la palabra, agregaba el rotativo suizo. Merkel se siente siempre un poco violentada cuando el presidente francés le da golpecitos en la espalda o le da la enhorabuena tomándola del brazo. Por todo ello, según Le Matin Dimanche, Merkel se había dirigido a la embajada alemana en París para que sus representantes le hicieran llegar el mensaje al Elíseo. Es todo totalmente inventado, insistió el portavoz alemán. Merkel sigue teniendo la misma relación cordial con Sarkozy.
Rumor infundado
Una nota diplomática remitida al Elíseo expresa el malestar de la canciller alemana por la excesiva confianza que se toma Sarkozy a la hora de tratar a Merkel, que ha llegado a sentirse molesta por los constantes toqueteos del presidente francés, según informaciones del diario suizo.
Y es que los modales franceses no tienen nada que ver con los alemanes y en las relaciones diplomáticas, eso también se nota. Como explica la corresponsal en París del diario alemán Die Tageszeitung, Dorothea Hahn, en declaraciones al rotativo suizo, tocarse no forma parte de la cultura alemana y todavía menos de la cultura de la Alemania del Este. Angela Merkel no sólo nació y creció en aquella parte del país regida por el carácter frío y distante del comunismo -la República Democrática Alemana- sino que además es de religión protestante.
Esto implica cierta distancia entre los individuos, un rigor, una austeridad, tanto exterior como interior, explica la corresponsal alemana, que concluye su aproximación a la cultura germana con una frase contundente: la ostentación física de los sentimientos no es para nada un asunto alemán.
Así, si para los alemanes un saludo es un apretón de manos con cierta intensidad en la mirada, los franceses, entre conocidos, prefieren los dos besos. Y Angela Merkel es desde luego conocida para Sarkozy, no sólo porque ambos son los máximos mandatarios del eje franco-alemán que rige el destino de Europa, sino porque el propio presidente de la República gala ha expresado en más de una ocasión su admiración y cariño por la canciller germana. Si digo que amo a Angela Merkel, por ejemplo, quiero decir que he aprendido mucho de ella y de su experiencia, aseguró Sarkozy en una ocasión.Esa frase inocente del presidente de la República Francesa durante la entrega del Premio Carlomagno, en mayo de este año, precisamente a la canciller alemana por su contribución a Europa, cobra de repente un nuevo sentido.
Todo eso la electriza, en el mal sentido de la palabra, agregaba el rotativo suizo. Merkel se siente siempre un poco violentada cuando el presidente francés le da golpecitos en la espalda o le da la enhorabuena tomándola del brazo. Por todo ello, según Le Matin Dimanche, Merkel se había dirigido a la embajada alemana en París para que sus representantes le hicieran llegar el mensaje al Elíseo. Es todo totalmente inventado, insistió el portavoz alemán. Merkel sigue teniendo la misma relación cordial con Sarkozy.
Rumor infundado
Una nota diplomática remitida al Elíseo expresa el malestar de la canciller alemana por la excesiva confianza que se toma Sarkozy a la hora de tratar a Merkel, que ha llegado a sentirse molesta por los constantes toqueteos del presidente francés, según informaciones del diario suizo.
Y es que los modales franceses no tienen nada que ver con los alemanes y en las relaciones diplomáticas, eso también se nota. Como explica la corresponsal en París del diario alemán Die Tageszeitung, Dorothea Hahn, en declaraciones al rotativo suizo, tocarse no forma parte de la cultura alemana y todavía menos de la cultura de la Alemania del Este. Angela Merkel no sólo nació y creció en aquella parte del país regida por el carácter frío y distante del comunismo -la República Democrática Alemana- sino que además es de religión protestante.
Esto implica cierta distancia entre los individuos, un rigor, una austeridad, tanto exterior como interior, explica la corresponsal alemana, que concluye su aproximación a la cultura germana con una frase contundente: la ostentación física de los sentimientos no es para nada un asunto alemán.
Así, si para los alemanes un saludo es un apretón de manos con cierta intensidad en la mirada, los franceses, entre conocidos, prefieren los dos besos. Y Angela Merkel es desde luego conocida para Sarkozy, no sólo porque ambos son los máximos mandatarios del eje franco-alemán que rige el destino de Europa, sino porque el propio presidente de la República gala ha expresado en más de una ocasión su admiración y cariño por la canciller germana. Si digo que amo a Angela Merkel, por ejemplo, quiero decir que he aprendido mucho de ella y de su experiencia, aseguró Sarkozy en una ocasión.Esa frase inocente del presidente de la República Francesa durante la entrega del Premio Carlomagno, en mayo de este año, precisamente a la canciller alemana por su contribución a Europa, cobra de repente un nuevo sentido.