13/03/2022 / 11:32
Silvia Valmaña/Profesora de Derecho Penal UCLM


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Mujeres

Estamos en guerra y las mujeres, los ancianos y los niños vuelven a ser moneda de cambio, rehenes y botín, víctimas de los más horrendos crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra que quedarán impunes si Dios no lo remedia, porque es el precio de la paz es la injusticisa.


Celebramos el Día de la Mujer en una Europa en guerra, después de una pavorosa pandemia y en medio de una crisis económica que no ha surgido de repente, pero que se agiganta cada día. Vamos, que poco hay que celebrar cuando se ha vuelto a poner nuestro mundo patas arriba. Estamos en guerra y las mujeres, los ancianos y los niños vuelven a ser moneda de cambio, rehenes y botín, víctimas de los más horrendos crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra que quedarán impunes si Dios no lo remedia, porque el precio de la paz muchas veces es la injusticia.

Pero en el mundo sin guerra también hay desigualdad. Hablaba con mis hijos estos días y comentábamos la afición de tantos hombres, que se ha incrementado en los últimos tiempos, de hablar en nombre de las mujeres: a quiénes hay que homenajear, a quiénes reconocer y a quiénes hacer referentes, según, claro está sus propias prioridades, agenda y categorías. Quieren celebrar el Día de la Mujer sin las mujeres, una foto y a otra cosa, mariposa. Y rechazan argumentos con eslóganes, replican estereotipos y acuñan frases ingeniosas para defenderse de un ataque inexistente.

Invocan la igualdad formal, afortunadamente conseguida hace ya décadas, pero olvidan que el dato nos retrata como sociedad. Y algunos hombres y algunas mujeres, a las que molesta el calificativo de feminista, afirman sin el menor recato que la igualdad se debe conseguir para que lleguen las mujeres más preparadas. Mi pregunta es:  y a los hombres, ¿se les supone que son los mejores porque llegan siempre? 

Propongo un ejemplo que conozco bien y que he traído varias veces a estas páginas y actualizo: ¿por qué las mujeres en la Universidad crecen en los escalones más bajos y se ven relegadas en los superiores? Las mujeres que realizan estudios de grado o máster superan el 55%, pero en el doctorado rondan el 50%. Y la empleabilidad es peor excepto en el acceso a la función pública, porque más mujeres superan las pruebas objetivas, las oposiciones. En la Universidad hay un 46% de profesoras contratadas, un 41% de Profesoras Titulares y sólo 1 de cada cuatro catedráticos es mujer. Según vamos subiendo, la mujer se va quedando por el camino. Si hablamos de los cargos académicos el 50% de los vicedecanos y subdirectores de departamento son mujeres, pero si hablamos ya de decanos y directores, el porcentaje se reduce al 35% y los rectores, al 23%. Si el dato es claro, ¿por qué no se busca la causa y se remueve el origen de la limitación? ¿Somos iguales o no? 

En política, lo de la igualdad es un poco de risa. Los partidos eligen, seleccionan y designan de acuerdo con sus propios criterios de capacidad, amistad o cercanía al poder. Esto es igual en hombres y mujeres. Por qué entonces hay siempre más hombres. Y por qué ellos son inamovibles, nunca se les cuestiona por su capacidad. Se habla mucho de las cuotas, pero ¿habría una presencia significativa de mujeres si no fuera por la cuota? ¿Es peor la cuota que el dedazo del amiguito o del compinche?

Así que voy a terminar este artículo haciendo mi particular homenaje a unas mujeres con las que comparto afecto, amistad y tiempo: alcaldesas, como Carmen, Lucía, Montse, Raquel y Rocío, a las que no se les pone nada por delante cuando se trata de defender a su pueblo; políticas con mayúsculas, a las que admiro por encima de todo: Marta, María Jesús, María, María Dolores, Alicia y Ana; compañeras y amigas, con las que comparto ideas y debates:  Salomé, Pilar, María, Mª Ángeles, Carmen y Marta. A mis hermanas, Alicia y María, a las que no sé si las quiero o las admiro más. A mis hijas, de las que me siento tan orgullosa y que recogen el testigo de la lucha por la igualdad con pasión y respeto. Y por encima de todo, a mi madre, Maruja, que nos enseñó a ser independientes y a serlo con alegría. Ellas son mis referentes, en el día de la mujer y siempre.


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