05/06/2020 / 20:22
José Serrano Belinchón


Imagenes

Nuestra Señora de la Granja

El origen de esta devoción se marca en el último verano del siglo XVI (agosto de 1599), aquel en el que una epidemia de peste acabó con casi la mitad de los 400 habitantes.


 La de nuestra Señora de la Granja es una ermita  campiñera en la que el pueblo de Yunquera venera a su Patrona desde los primeros años del siglo XVII. El de hoy es un bonito santuario, levantado en los entornos del Henares, que le pasa al pie, y donde los yunquereños, y otros grupos de gentes o de familias de distintos lugares, acuden a rezar y a disfrutar del espacio natural, principalmente durante el mes de mayo. El origen de esta devoción se marca en el último verano del siglo XVI (agosto de 1599), aquel en el que una epidemia de peste acabó con casi la mitad de los 400 habitantes, o poco más, que tenía el pueblo; reduciendo su censo a solo 230. No hubo remedio de poderlo evitar. Los vecinos temieron que el pueblo acabaría por desaparecer. Los medios sanitarios de los que se disponía eran inservibles, de ahí que el vecindario acudiese en el día de San Juan a echar mano del último recurso, que no fue otro que el de hacer voto perpetuo, por el que se comprometían a ir en procesión hasta la ermita de la Granja el día 15 de septiembre de cada año, decir una misa por el vecindario y ofrecer un cirio de cera. La ermita actual, sólida y construida a base de piedra y ladrillo, elegante con arreglo a los nuevos tiempos, no es la misma de lo que antes fue, pero sí lo es el lugar en donde tuvo su origen esta arraigada devoción, de la que el pueblo se honra, y tiene para su uso -a fe que lo es- como un paraje privilegiado, al que no suelen faltar las visitas casi diarias, sobre todo en esta época de principios de verano.

            Puesto que todavía tengo espacio, quiero referirme  por razón de justicia, aunque solo sea de paso, a otros cuantos santuarios marianos de los que tuve ocasión de evocar y de escribir alguna vez recorriendo, en todas las direcciones y distancias, los pueblos de Guadalajara en los que veneran con especial devoción a otras tantas advocaciones de la Madre de Dios, de las que, como muestra, me vienen a la memoria algunas de las que con mayor fervor se adhieren los pueblos donde ejerce su patronazgo, a saber: la Virgen de la Hoz en los entornos de Molina; la Virgen de los Enebrales en un soberbio mirador sobre la Sierra Norte desde las afueras de Tamajón; Nuestra Señora del Peral, a la entrada de Budia; la Virgen de Sopetrán al pie de Torre del Burgo, junto a la carretera; y de nuevo en la Alcarria, el santuario de la Virgen de la Esperanza, en Durón. Y así, hasta centenares de ellas.


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