
Nuestros colores (y II)
La historia influye en el significado simbólico de cada comunidad o colectivo. En el caso de Guadalajara y de otras provincias castellanas, el rojo carmesí de nuestro histórico pendón y su derivación en el morado ha convertido a ambos colores en iconos presentes en la vida oficial y popular, cotidiana y festiva de la ciudad y de la provincia, como veremos más adelante.
Algunos acontecimientos históricos han dejado su huella cromática en las enseñas y símbolos. Ya en tiempos contemporáneos, en 1931, la II República, por ejemplo, incorporó, según parece por errores de interpretación, el color morado a la bandera bicolor, relacionándolo, expresamente, con el supuesto color morado castellano.
En la última Guerra Civil, cada bando tenía sus colores. Además de los de las respectivas banderas –el tricolor de la República y el rojo y gualda de los sublevados-, el color “rojo” identificaba a los republicanos y el azul falangista acabó identificando a los nacionales, que, posteriormente, formaron su “División Azul” para combatir a la Unión Soviética, (dicho todo esto con sus excepciones, puesto que las boinas “rojas”, por ejemplo, eran prendas simbólicas de los requetés. Finalizada la contienda, los vencedores impusieron sus iconos y sus colores. Según parece, antiguamente, los danzantes-botargas de Albalate, además del color rojo y amarillo, que predomina en la actualidad, también lucían algún traje de colores rojos y verdes, pero, después de la guerra, se impusieron los colores de los vencedores, que, en toda España, difundieron con fervor el popular pasodoble a la bandera rojigualda, compuesto por Francisco Alonso, ya en 1919.
Actualmente, el rojo y el azul siguen siendo icónicos de los dos partidos mayoritarios respectivos de la izquierda y la derecha de nuestro país. El morado identifica al partido “Unidas Podemos”, a los colectivos feministas y a algún sector del movimiento comunero castellano. Los “Verdes” tienen fácil lo de su color preferido. La bandera multicolor es símbolo de la pluralidad de opciones en relación con el género.
Los colores de la liturgía católica
El ciclo anual de la liturgia oficial de la Iglesia católica está representado, según los periodos, fiestas y ritos, por distintos colores, cuyo uso y evolución tienen una larga historia y que influyen también en la religiosidad popular y en la estética de sus ritos; en algunos casos, la tradición popular coincide, más o menos, con el oficial de la Iglesia. Por citar sólo algunos ejemplos, el BLANCO simboliza, entre otras cosas, la pureza y la gloria. En el arte aparece frecuentemente representado en las blancas azucenas que figuran en los cuadros de la Anunciación a María. El NEGRO, por el contrario, se relaciona con la muerte y con la oscuridad, que para los creyentes se identifica con el pecado. También el MORADO tiene ese significado litúrgico de reparación espiritual, por eso se usa en tiempos de Cuaresma y de preparación para las Pascuas de Navidad y Resurrección; así mismo, se relaciona con la muerte material y espiritual y podemos verlo en los primeros días de Semana Santa, en algunos ritos de difuntos y en las estolas usadas por los sacerdotes en los confesionarios. Tanto el negro como el morado se usan, frecuentemente, en los ritos populares de difuntos. El diablo suele representarse, popularmente, de color negro con detalles rojos.
Ya hemos hablado también del color VERDE y su relación con la virtud de la esperanza, cuyo uso coincide, parcialmente, con el ciclo de primavera. También hemos hablado del ROJO relacionado con el amor profano y, religiosamente, con el amor de Cristo, con el fuego y con la sangre de los mártires. La botarga de Peñalver lleva cosidas cintas rojas que simbolizan las llamas del infierno. Las cintas de los escapularios de los mártires pueden lucir también ese color.
El azul, y más concretamente, el AZUL CELESTE se relaciona en nuestro ámbito con la Virgen y su Inmaculada Concepción, de ahí las representaciones marianas generalizadas con el manto azul, sobre el vestido blanco de pureza. Las medallas de las “hijas de María” solían lucir ese color en las cintas que las cuelgan y en los escapularios correspondientes.
Los colores tradicionales en la vida cotidiana y en la fiesta
En términos generales, en nuestra tierra se usaron frecuentemente los colores pardos y oscuros, también blancos y beigs para la indumentaria tradicional de diario, reservándose los blancos más puros para la ropa interior y los colores vivos para los días de fiesta, aunque ya queda dicho que en esto también hay sus excepciones, como lo dicho sobre el uso del negro en la indumentaria de ritual. En el caso masculino, las fajas de diario eran frecuentemente blancas o negras, las festivas utilizaron el color azul y el rojo y muchos grupos de folklore usan el morado por aquello de los colores provinciales que ya explicamos arriba; también se usaron fajas multicolores en ricas telas y otras bordadas con motivos naturales en hilos de colores sobre fondo negro. Las chaquetillas de los cofrades de la Caballada atencina y otros bordados de la zona serrana también ofrecen ese contraste entre los fondos negros y los motivos floreados multicolores, cosa que también ocurre con los mantones y pañuelos de talle bordados, en el caso de las mujeres; el resto de la indumentaria festiva femenina solía incluir chambras y mantillas negras y sayas de color rojo, amarillo, morado, etc. bordadas en lanas de colores, estampadas o con apliques en negro.
Los trajes de las botargas suelen ofrecer también esa estética multicolor. Las peñas, hermandades y cofradías utilizan también una muestra variada de colores con los que cada colectivo se identifica.
Los colores en el deporte
Los equipos y sus seguidores se identifican con “sus colores”; la indumentaria deportiva actual se hace eco también, de algunas de las circunstancias citadas. Por poner algunos ejemplos, recordaremos que el Deportivo Guadalajara viste de morado, y el C.D. Marchamalo luce el color verde en sus camisetas, como ya queda dicho.
La historia de los equipos deportivos refleja muchas veces la evolución de los colores que lucen. En el caso de “la roja”, según dice la wikipedia, la elección de dicho color representativo para su camiseta, en 1920, fue realizada por el presidente del Comité Olímpico Español y Marqués de Villamejor, Gonzalo de Figueroa y Torres, hermano de nuestro Conde de Romanones, para su uso en los Juegos Olímpicos de Amberes. El color rojo no identificaba a los vencedores de la Guerra Civil, por lo que lo sustituyeron por el azul falangista, aunque, a partir de 1947, volvió a usarse de nuevo el primitivo color bermejo que, por lo visto en el reciente campeonato de Europa de selecciones, es un color que nos trae buena suerte. ¡Enhorabuena, campeones!