26/10/2016 / 12:28
D.Pizarro/ Video: J.Pastrana


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Patrick Nogueira entra en la vivienda de Pioz ante la desolación de su tío Walfran

El asesino confeso de la familia brasileña de Pioz participa en la reconstrucción de los hechos en el chalet de La Arboleda.


Este miércoles, la investigación del crimen de Pioz, ya resuelto, avanzó si cabe un paso más con la reconstrucción de los hechos en la casa de la calle Los Sauces, en la urbanización de La Arboleda. Allí intentaba esta familia vivir sin sobresaltos, después de ser conscientes del peligro que suponía para ellos la cercanía de Patrick Nogueira, calificado por los propios investigadores como un “psicópata de libro”.
    Esta urbanización, a 30 kilómetros de Guadalajara capital, una distancia que parece multiplicarse a causa de la carretera que llega hasta ella, resurgió temporalmente el miércoles de un letargo al escuchar gentes por sus calles a una hora a la que no suele pasear casi nadie. Agentes de la Guardia Civil y medios de comunicación llenaron la entrada de La Arboleda, junto a vecinos que rompieron su rutina para verle la cara al asesino confeso. 
    Hacia las 10.00 horas, la calle ya estaba cortada con vallas amarillas, por lo que era imposible acceder a las casas que se encontraban en el cerco, a menos que fueras residente. Dos furgones de la Guardia Civil aparcaron frente a la casa que alquilaron Marcos Campo y su familia, acordonada desde el terrible hallazgo. En uno de ellos se encontraba Patrick Nogueira, que esperaba en su interior a que llegase la Comisión Judicial. Ésta se retrasó media hora, por lo que a las 10.30 horas hizo entrada en la urbanización el microbús que los transportaba. En esa comisión estaban el juez instructor, la fiscal, la abogada de oficio de Nogueira y las abogadas de la familia asesinada. 
    Fueron los primeros en entrar en el chalet. También lo hizo el hermano de Marcos Campo, Walfran. Vestido de negro y con gafas de sol, accedió a la vivienda, pero instantes después salió sobrecogido por la situación. Varios agentes de la Guardia Civil lo acompañaron a que se apoyase en los muros de las viviendas aledañas. Aunque su intención era estar presente durante la reconstrucción de aquel fatídico día en el que su sobrino decidió acabar con la vida de su cuñada, de su sobrinos de uno y cuatro años, y finalmente de su hermano. Cuando fue consciente de que  no iba a soportar ser testigo de la reconstrucción, Walfran Campos se alejó de la escena del crimen acompañado por varios guardias civiles. Había decidido no hablar con la prensa hasta que su abogada le contase lo que había acontecido en el interior de la casa. “Llevo ya un mes en España y no puedo más”, decía mientras se disculpaba por no responder a la prensa y tras conversar con unos vecinos de su hermano que le transmitieron su pésame. 
    Finalmente, a las 10.43, se abrió la puerta lateral del furgón y Patrick Nogueira salió. Iba con camiseta negra y chaleco acolchado con capucha, elemento con el que se ocultaba de las cámaras y los curiosos. Fueron unos segundos los que tardó en entrar en la vivienda, pero suficientes para que un vecino gritase “¡asesino!”. 


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