Peñalver entregó a Sampedro los 72 kilos de 'Su Peso en Miel'
01/10/2010 - 09:45
El Ayuntamiento de Peñalver hizo entrega de los 72 kilos de Su Peso en Miel al escritor José Luis Sampedro. La sencillez, bondad, sinceridad y amor por lo pequeño del autor de la El río que nos lleva encandiló a los asistentes que llenaron la Plaza de España. La consejera de Turismo, Magdalena Valerio, se comprometió a iniciar los trámites para lograr que sea Fiesta de Interés Turístico Regional.
Sencillo, sincero, amante de las cosas pequeñas, muy lúcido y enamorado de La Alcarria. Así se mostró ayer el escritor José Luis Sampedro, tal como es, en la entrega de Su Peso en Miel que este año le ha concedido el Ayuntamiento de Peñalver. A sus 91 años, y con un 1,90 metros de altura, el literato se llevó 72 kilos, su peso, de este producto típico.
Fueron muchos los que se acercaron hasta allí para saludarlo y tener su firma en sus obras, cosa que Sampedro hizo gustoso, acompañado siempre por el alcalde, José Ángel Parra; y su mujer, Olga Lucas. Su primer acto en la localidad fue firmar en el libro de honor del Aytuntamiento, donde expresó su agradecimiento, solidaridad y sincera amistad e ilusión. Hace medio siglo vine por estas tierras como aprendiz de ganchero para avanzar río abajo y me enamoré del paisaje y de las gentes, ahora el Ayuntamiento de Peñalver me honra con el cargo de aprendiz de melero. El mensaje lo leyó el primer edil, que aprovechó para expresar su admiración por el premiado y la huella que le dejó cuando lo escuchó por primera vez, en 1980, en el instituto Brianda de Mendoza.
Con paso lento, pero firme, y con un gran calor por parte del público, al que se sumó el de las elevadas temperaturas, Sampedro bajó hasta la Plaza de España donde los meleros Luis, Clemente y Tomás, procedieron a su pesaje después de otorgarle el diploma acreditativo y el Melero Alcarreño de la Casa de Guadalajara en Madrid y la capa castellana y la insignia de plata de la Asociación de Apicultores. Fue después cuando el autor de La sonrisa etrusca ratificó ser digno merecedor de este reconocimiento a toda una vida vinculada a la provincia. Este acto tiene para mí mucho más valor que muchas cosas aparatosas y rimbombantes. Yo soy pequeño, aunque no lo parezca, y amigo y defensor de los pequeños. Por eso, no sólo reconoció el éxito de los apicultores sino de otros seres de menor tamaño, las abejas, y aún más, las bacterias. Si no estuviesen se acabaría la vida sobre la tierra. Haciendo gala de todo ello, Sampedró aseguró que aceptó acudir a la localidad porque supo que era una pequeña villa porque, dijo, en los actos grandes, solemnes e importantes no hay mucho corazón.
Fueron muchos los que se acercaron hasta allí para saludarlo y tener su firma en sus obras, cosa que Sampedro hizo gustoso, acompañado siempre por el alcalde, José Ángel Parra; y su mujer, Olga Lucas. Su primer acto en la localidad fue firmar en el libro de honor del Aytuntamiento, donde expresó su agradecimiento, solidaridad y sincera amistad e ilusión. Hace medio siglo vine por estas tierras como aprendiz de ganchero para avanzar río abajo y me enamoré del paisaje y de las gentes, ahora el Ayuntamiento de Peñalver me honra con el cargo de aprendiz de melero. El mensaje lo leyó el primer edil, que aprovechó para expresar su admiración por el premiado y la huella que le dejó cuando lo escuchó por primera vez, en 1980, en el instituto Brianda de Mendoza.
Con paso lento, pero firme, y con un gran calor por parte del público, al que se sumó el de las elevadas temperaturas, Sampedro bajó hasta la Plaza de España donde los meleros Luis, Clemente y Tomás, procedieron a su pesaje después de otorgarle el diploma acreditativo y el Melero Alcarreño de la Casa de Guadalajara en Madrid y la capa castellana y la insignia de plata de la Asociación de Apicultores. Fue después cuando el autor de La sonrisa etrusca ratificó ser digno merecedor de este reconocimiento a toda una vida vinculada a la provincia. Este acto tiene para mí mucho más valor que muchas cosas aparatosas y rimbombantes. Yo soy pequeño, aunque no lo parezca, y amigo y defensor de los pequeños. Por eso, no sólo reconoció el éxito de los apicultores sino de otros seres de menor tamaño, las abejas, y aún más, las bacterias. Si no estuviesen se acabaría la vida sobre la tierra. Haciendo gala de todo ello, Sampedró aseguró que aceptó acudir a la localidad porque supo que era una pequeña villa porque, dijo, en los actos grandes, solemnes e importantes no hay mucho corazón.