Rehenes
Al final resulta que parar el genocidio era tan sencillo como liberar a los rehenes cuyo secuestro dio lugar a la guerra. Quién nos lo iba a decir.
Lo teníamos ahí, tan cerca, que nadie lo sospechó, a nadie se le ocurrió manifestarse por ellos, a nadie se le pasó por la cabeza pedir -mucho menos exigir- a Hamás que los liberase, que acabara con la tortura y el maltrato a los secuestrados. No lo vimos venir. Cómo será la cosa que los sindicatos de clase, siempre atentos a las necesidades de los trabajadores, a sus problemas cotidianos, ya saben, el encarecimiento de la vida, el paro juvenil o la vivienda, por poner algún ejemplo, convocaron una huelga general, con sus manifestaciones y su canesú, para acabar con el genocidio, para que finalizara una guerra que, vaya por Dios, acabó la semana pasada. No lo previeron; pero no se iba a suspender, claro. Con lo que cuesta organizar una romería de tal calibre, que se haya firmado la paz hace unos días es un pequeño detalle sin importancia, es haber conseguido, aunque a destiempo, los objetivos de la movilización. De haberlo sabido, nadie lo dude, hubieran pedido hace meses su liberación.
Veo algunas caras y oigo algunas manifestaciones que expresan cierta decepción por el fin del horror, por el cese negociado de la barbarie, de la brutalidad mayúscula que supuso tanto tener secuestrados durante dos años a decenas de jóvenes como la salvaje reacción de Netanyahu arrasando Gaza. Pareciera, viendo su desazón, que algunos desearan la continuidad de los bombardeos para reafirmar su lucha, esa que tanta satisfacción moral les provoca, esa que idealizan, aparcando el espíritu crítico, para alimentar su ego. Sesgo de confirmación mediante, aquí cada uno ha visto lo que ha querido ver y ha escuchado lo que ha querido escuchar. Y ni una palabra sobre el hecho de que ninguna mujer haya sido liberada porque ni una sola ha sobrevivido a las violaciones y al tormento.
Coincidí, cuando se dijo, en que quienes miraban para otro lado sin condenar la brutal desmesura en el uso de la fuerza por parte de Israel algún día tendrían que rendir cuentas con su conciencia. De igual forma, creo que tendrán que reconsiderar su papelón quienes han ignorado por sistema a los rehenes, quienes han asumido como información el engaño masivo al que hemos sido sometidos. Entiendo que ha sido difícil de sortear cuando se ha mentido por sistema en las cifras y en los hechos, cuando se han aceptado acríticamente datos falsos, imágenes mendaces y propaganda a raudales, pero no descarto que quizá algunos, tras el veloz alto el fuego, descubran que han sido rehenes de la mentira.