Romería de la Virgen de la Hoz

01/06/2026 - 13:27 Oscar Gil

La explanada bajo el enorme roquedal del Santuario de la Virgen de la Hoz volverá a llenarse de música, color y ritos ancestrales el próximo domingo 14 de junio, cuando tiene lugar una de las romerías más vistosas y singulares de la provincia: la celebración en honor a la Virgen de la Hoz, que combina procesión, representación teatral y danzas tradicionales

La jornada arranca en Molina de Aragón con la marcha de peregrinos que, rezando el rosario, avanzan hacia el santuario. La procesión, encabezada por las cruces y estandartes de los pueblos vecinos, desemboca en la explanada donde, frente al Santuario y bajo los farallones de roca, se oficiará la misa principal. El escenario natural, una cavidad y una enorme pared rocosa que enmarca el altar, aporta un carácter monumental a los actos religiosos.

 

Seguidamente tendrá lugar la Loa, un auto sacramental popular en torno a la eterna lucha entre el Bien y el Mal. La pieza, de estructura sencilla, pero de gran fuerza dramática, agrupa en escena a personajes arquetípicos del folclore local: el Ermitaño guardián del santuario; el Zagal, bonachón y mudo, que pretende honrar a la Virgen; el Mayoral, aconsejador; y el gallego, figura cómica que sufre las burlas del Zagal. Completan la galería los Diablos, encadenados y fieros bailarines que portan espadas negras decoradas con serpientes, la Zamorana, que viene a dar gracias por la salvación de su hijo, y un Ángel triunfante que expulsa a los demonios hacia el infierno y protege a los molineses y peregrinos.

Las danzas constituyen el núcleo más atractivo para muchos visitantes. Ocho danzantes ataviados con jubones, camisas blancas, calzones y pequeñas gorras de seda, dirigidos por un capitán y acompañados por la música tradicional, ejecutan las coreografías de paloteo, las danzas de espadas y la danza de la cadena. El punto culminante es la construcción del castillo del Ángel: todos los danzantes entrelazan sus espadas hasta formar un entramado sobre el que se coloca el Ángel, que, frente a la Virgen, pronuncia su oración final o despedida. Para el espectador, la imagen conjunta, espadas levantadas, roquedal al fondo y la figura del Ángel sobre el castillo, es una estampa de gran belleza simbólica.

La Loa y las danzas no son sólo un espectáculo: son un vehículo de identidad colectiva. Los ritos mezclan elementos cristianos y restos de liturgias antiguas y exhiben la pervivencia de tradiciones populares en los municipios de la comarca. Vecinos y cofrades participan activamente en la organización y representación, y la jornada sirve también para el reencuentro de familias y la llegada de visitantes interesados por el patrimonio inmaterial.

Los actos concluyen con una nueva procesión que, tras recorrer la explanada, conduce a los participantes hasta la ermita. A la puerta de ésta, los danzantes forman un arco triunfal con sus espadas para sellar la celebración.

La jornada, que combina solemnidad litúrgica y folclore vivo, es una cita ineludible para quienes quieran conocer una de las expresiones más auténticas del patrimonio cultural de la provincia.