San Antón bendijo a las mascotas alcarreñas en Santiago Apóstol

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

La iglesia de Santiago acoge desde hace décadas la bendición de animales.
Por: BEATRIZ PARIENTE
La festividad de San Antón atrajo hasta la iglesia de Santiago a varias decenas de fieles acompañados por sus mascotas. La imagen de su patrón les esperaba en el interior del templo después de recibir la bendición y el agua bendita por parte del párroco, Rafael Iruela. Perros de todos los tamaños y razas, algunos gatos en minoría y otras especies menos comunes entre las mascotas domésticas, como pájaros y roedores, se reunieron ayer en una ruidosa cita a las puertas de la iglesia de Santiago.
El párroco, Rafael Iruela, recibió a los fieles bajo el pórtico de la iglesia, donde los allí presentes escucharon su sermón. Iruela no olvidó unas frases del Génesis sobre la creación de los animales ni tampoco el pasaje en el que son salvados por Noé del diluvio universal. Después, comenzó la bendición particular de cada mascota, con palabras como: “¡El señor bendiga a este animal y que San Antón le proteja de todos los males del cuerpo!”.
Entretanto, los animales, cada uno con su particular personalidad, mostraron diferentes respuestas a la situación. Algunos estaban entusiasmados con la compañía y otros, la mayor parte, volvieron a casa con un pequeño disgusto, sobre todo los gatos, roedados por una treintena de perros, algunos poco amistosos, y luego rociados con agua que, aunque bendita, tampoco fue de su agrado. La misma sensación debieron llevarse los pájaros, el conejo o la chinchilla que pudieron verse en las inmediaciones del templo, algunos aterrorizados con los ladridos de los canes más nerviosos. Afortunadamente, pese a la diversidad animal, no hubo que lamentar ningún percance, todo lo más alguna amenaza que quedó en nada.
Después de la bendición, los fieles compraron los panecillos de San Antón que, según cuentan, deben guardarse durante un año para que no falte el dinero ni la protección en la casa.
Se dice que cuando San Antonio Abad tenía 20 años repartió todas sus posesiones entre los pobres y fundó varios monasterios. En su vida destaca el encuentro que tuvo con San Pablo Ermitaño, recogido por Velázquez en su cuadro San Pablo y San Antonio.
La leyenda cuenta que cuando San Antón veía a un animal herido, lo curaba, al igual que hizo con el cerdo que siempre le acompañaba y que le valió el apodo de San Antonio del Porquet. Por eso, en la ciudad de Madrid se rifaba antiguamente entre los vecinos un cerdo después de las celebraciones de los oficios religiosos.