Sigüenza y Atienza: un paisaje entre agua dulce y sal que busca entrar en la UNESCO

16/10/2026 - 11:25 Redacción

La candidatura reúne ciudades medievales, aldeas, castillos, salinas, patrimonio religioso y natural

Hay que salir de Sigüenza para comprender por qué quiere ser Patrimonio Mundial. La Catedral, el castillo, las murallas o la Casa del Doncel constituyen algunas de sus imágenes más reconocibles, pero la candidatura que aspira al reconocimiento de la UNESCO no termina en las puertas de la ciudad. Se extiende hacia aldeas, fortalezas, campos, salinas y dos cursos de agua que explican incluso su nombre: el Paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza.

Al sur se encuentra el río Dulce, encajado entre barrancos y hoces de roca caliza. Al norte discurre el Salado, cargado con las sales acumuladas en el subsuelo hace millones de años y ligado históricamente a explotaciones como las salinas de Imón, La Olmeda y Gormellón. 

Entre ambos se distribuyen Sigüenza, Atienza y una red de pequeñas poblaciones cuyo origen y organización territorial se remontan en gran medida a la Edad Media. 

Ese conjunto figura desde enero de 2022 en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de España, paso previo imprescindible para que un bien pueda ser propuesto formalmente ante la UNESCO. 

La candidatura está planteada en la categoría de paisaje cultural y se apoya en dos criterios: la conservación de una organización territorial histórica y la interacción entre las comunidades humanas y un medio natural condicionado por el agua dulce y la sal. 
La propuesta parte de una idea distinta a la de proteger un edificio aislado. La Catedral de Sigüenza, los castillos de Atienza o Pelegrina y las salinas se presentan como partes de una misma organización territorial construida a lo largo de siglos. El paisaje integra Sigüenza, Atienza y alrededor de quince núcleos menores dentro de un modelo surgido tras la conquista cristiana del territorio en el siglo XII. 

Entre las dos poblaciones principales quedó uno de los conjuntos de salinas interiores más importantes de Europa, una fuente de riqueza que condicionó la economía, las relaciones de poder y la construcción de patrimonio. 

Su singularidad se encuentra precisamente en la coexistencia de dos realidades hidrológicas opuestas. El Dulce atraviesa un paisaje de manantiales, huertas y pequeños prados. El Salado transporta las sales procedentes de depósitos geológicos del Triásico y genera un ecosistema adaptado a condiciones de elevada salinidad. 

La explotación de esa sal dejó una huella que va mucho más allá de los estanques y edificios de las salinas. Los ingresos procedentes de este recurso contribuyeron durante siglos a mantener las estructuras políticas y religiosas del territorio y a financiar importantes programas constructivos. Se convirtió en el motor del desarrollo monumental de Sigüenza y la comarca.
 

Tierra de patrimonio
La alta concentración patrimonial que se encuentra en la zona ayuda a entender el alcance de la propuesta. Dentro de la candidatura figuran tres conjuntos históricos, Sigüenza, Atienza y Palazuelos; cinco castillos, Sigüenza, Atienza, Pelegrina, Palazuelos y La Riba de Santiuste; la Catedral de Sigüenza; la iglesia del Salvador de Carabias y un patrimonio inmaterial que sigue vivo a día de hoy, como la Caballada de Atienza.

Pero la candidatura no se sostiene únicamente sobre esa concentración monumental. Uno de sus argumentos centrales es que la estructura histórica del territorio continúa siendo legible. La red de pequeños pueblos, los caminos, los campos, las salinas y los principales núcleos urbanos han sufrido una transformación relativamente limitada frente a otros territorios europeos sometidos a procesos intensivos de industrialización y urbanización.

El descenso demográfico experimentado durante buena parte de los siglos XIX y XX, un problema para la supervivencia económica de muchas poblaciones, contribuyó paradójicamente a preservar grandes extensiones del paisaje frente a nuevas infraestructuras y desarrollos urbanos.

 

 

Más allá del reconocimiento
El camino hacia la UNESCO es largo y está sujeto a diferentes evaluaciones. La propuesta regional fue presentada al Consejo del Patrimonio Histórico antes de incorporarse a la Lista Indicativa española. Desde entonces, el trabajo se ha concentrado en completar la documentación y establecer mecanismos de gestión y protección para todo el territorio. 

En octubre de 2023, el Consejo Rector aprobó el Plan Estratégico de la candidatura. Durante 2024 se contrataron tres estudios específicos: uno sobre el territorio incluido, otro para definir su posible Valor Universal Excepcional y un tercero destinado a compararlo con otros bienes ya inscritos o candidatos a Patrimonio Mundial. 

El proceso se aceleró posteriormente. En 2025 se acordó desarrollar más de una veintena de actuaciones y se incorporaron nuevas herramientas de protección de los paisajes culturales a la normativa patrimonial autonómica. 

También comenzó la digitalización de distintos monumentos y la instalación de cartelería que combina soportes físicos con códigos QR, modelos tridimensionales y contenidos accesibles. 

En marzo de 2026, el Consejo Rector aprobó remitir al Ministerio de Cultura el expediente preliminar de la candidatura. Un mes después, el 99º Consejo de Patrimonio Histórico, reunido en Sigüenza, seleccionó el Paisaje Dulce y Salado como una de las próximas candidaturas que España presentará a la fase de informe preliminar de la UNESCO, un trámite previo a su presentación formal ante el organismo internacional. 

 

 

Trabajo conjunto
En el Consejo Rector participan distintas administraciones, desde locales a provinciales y autonómicas, incluido el Obispado.  Esta coordinación responde también a una exigencia práctica. La UNESCO no evalúa únicamente la importancia histórica de un lugar, también sus herramientas para preservar sus valores a largo plazo y afrontar posibles transformaciones del territorio.

A lo largo de este tiempo se han ido desarrollando además trabajos para modernizar recursos y servicios, así como actuaciones en el patrimonio urbano, como el Parque de la Alameda, el Parador instalado en el castillo, o la propia Catedral de Santa María, que ocupa un lugar central dentro de esta estrategia de conservación. Su construcción iniciada en el siglo XII resume buena parte de la evolución histórica de la ciudad episcopal.

Las intervenciones de los últimos años han afectado tanto a la conservación como a la presentación exterior del edificio, desde la restauración de la Capilla de las Reliquias a la instalación de una nueva iluminación ornamental exterior. 

Con una superficie que se sitúa entorno a los 220 kilómetros cuadrados, la candidatura intenta demostrar que el valor no está exclusivamente en contemplar la silueta de la Catedral o recorrer el castillo de Atienza. Está en entender por qué esos edificios surgieron precisamente allí, cómo las salinas generaron riqueza, de qué manera se organizaron las poblaciones después del siglo XII y por qué parte de esa estructura continúa reconociéndose nueve siglos después.

 

 

Una comarca con dos caras

Un rasgo sobresaliente de diversidad natural y cultural de las parameras de Sigüenza y Atienza es la convivencia de manantiales de agua dulce y salinas de gran pureza, que ha terminado afectando a las actividades humanas y el paisaje. De esta forma nos encontramos con el río Salado, que es la fuente de abastecimiento de las explotaciones salineras de Gormellón, la Olmeda e Imón, entre otras. Y, como contrapunto, el río Dulce, que, encajado en espesores de calizas y areniscas jurásicas, con abundantes manantiales, configura un espectacular paisaje de gargantas y hoces, de agua dulce intercalados con algunos fondos aluviales y pequeñas campiñas, con tierras agrícolas, vegas y reducidas huertas, a los que se vinculan los dos principales núcleos de población de la garganta:  Pelegrina con su imponente castillo y el pueblo de La Cabrera que permitía el paso de la Cañada Real soriana.

 

Del río Dulce a las salinas de Imón
El propio nombre de la candidatura resume dos paisajes enfrentados y complementarios. Al sur de Sigüenza, el río Dulce atraviesa terrenos calizos y forma barrancos, hoces, manantiales y pequeñas vegas. Su entorno está protegido dentro del Parque Natural del Barranco del Río Dulce. 

Al norte, el río Salado recorre terrenos donde el agua entra en contacto con antiguos depósitos de sal originados hace unos 200 millones de años. La salmuera emerge a través de manantiales y ha generado tanto ecosistemas adaptados a concentraciones extremas de sal como explotaciones históricas. 

Entre ellas destacan las salinas de Imón y La Olmeda. La explotación de este recurso desempeñó durante siglos un papel económico central y ayuda a explicar la riqueza monumental alcanzada por los principales núcleos del territorio.
La candidatura propone precisamente leer esos elementos como partes de un único sistema. El medio natural condicionó la actividad humana y esta terminó modificando el paisaje sin borrar completamente sus estructuras anteriores.

Fotos: https://cultura.castillalamancha.es/