22/12/2021 / 15:21
J. Pastrana


Imagenes

Spiderman, no way home: Ca-tar-sis


El cine es catarsis, como lo fue el teatro griego en su día cuando se inventó el término.  De hecho, puede que eso sea lo más complicado de lograr  en una sala, que el espectador tenga una experiencia catártica… y colectiva.  Eso no tiene precio… bueno, sí que lo tiene, precisamente el precio de una entrada. Porque son estas experiencias y que el espectador esté dispuesto a pagar por ellas las que pueden salvar el cine tal y como lo conocemos, en pantalla grande y compartida por cientos de desconocidos.  

Los debates cinematográficos, que ahora se prodigan más en redes sociales que en el cara a cara de los bares, parecen estar centrados en si Spiderman No Way Home es o no una buena película, en si tiene o deja de tener agujeros de guion o en si sus actores son buenos o malos.

¿Tiene sentido este debate? No.

El cine es arte y experiencia vital, y la perfección en un campo no implica la inmortalidad en el otro. Probablemente, en su tercer viaje a los mandos del Spiderman de Tom Holland, John Watts no ha querido hacer El Padrino, pero sí que ha buscado poner al público en pie, emocionarle de verdad.

¿Es eso fácil? No (otra vez).

Watts no está sujeto a la coherencia argumental estricta, pero sí a mantener a su público dentro de unos límites de la credibilidad que le hagan seguir conectado a la trama. De nada vale proponer un vuelo increíble si los pasajeros se dan cuenta de que están en una atracción de feria y no en un cohete espacial. Watts quiere volar hasta las estrellas en uno de esos viajes en los que es el propio ritmo de la narración y la emoción creciente los que impiden que veas los cables que sujetan al héroe mientras vuela. Invita al autoengaño de una manera magistral e inocente a la vez.

 

 

¿Quiere decir eso que todo el mundo va a quedar fascinado con esta película? No (y van tres).

Para que a uno le convenza Spiderman: No way home es necesario, ya de entrada, no odiar las películas Marvel. Porque ésta es claramente una película Marvel, de las grandes y buenas, de las que aspiran a emocionar al nivel de End Game. Y para llegar a las cotas más altas de emoción hace falta lo contrario, ser un fan muy fan, querer el género y al personaje. Porque si algo pone de relieve esta película es que, se les atacaría más o menos en su momento, pero cualquier versión de Spiderman, de Batman, de Superman o del héroe que usted prefiera, tiene un hueco en nuestro corazón.

Los del ni fu ni fa puede que conecten o puede que no. Marvel quiere gustar a todos, pero sabe a quién habla en cada caso. En éste, la historia continúa el tono de las dos anteriores, una comedia adolescente, sobre todo en su primer tercio, que va ganando intensidad paso a paso, sin miedo a proponernos situaciones realmente dramáticas.

Puede que ese arranque se le atragante un poco al público más adulto y que la excusa argumental le haga torcer el morro, pero si a uno le gustan las películas de aventuras, no le costará disfrutar con ésta.

Durante estas navidades, los tres grandes estrenos son tres grandes ejercicios de nostalgia: Cazafantasmas, Matrix y este Spiderman. Ni el último Duelo ni Última noche en el Soho han conseguido plantarles cara en pantalla. En Cazafantasmas, el recurso a la nostalgia se notaba forzado, obligado por las circunstancias, y fallaba justo en el momento en el que mejor tenía que haber funcionado. En ese sentido, Spiderman le gana la partida ampliamente. Aquí la nostalgia es parte de la historia, ofrece momentos realmente memorables que sabemos únicos y el clímax se sirve de ella, no se detiene para rendirle pleitesía.

Hay quien considerará que el éxito de esta película confirma la muerte del cine en cuanto a su dependencia de las grandes franquicias… Es injusto decirlo. Lo que demuestra es que el cine debe buscar nuevas formas de emocionar y atraer espectadores. Ni a Marvel le sirve ya el recurso al superhéroe. Tiene que ofrecer algo más. Y en esta película lo ha hecho como, presumiblemente, lo hará DC con su Flash.

Los creadores de historias originales lo tienen más difícil, porque tener personajes reconocibles ayuda a crear esa atmósfera de fascinación y conexión emocional que buscamos al ir al cine. Porque no lo olviden, de lo que hablamos es de catarsis, de fascinación y sobrecogimiento, de lo que lograron Spielberg con Tiburón, E.T. o Encuentros en la tercera fase; Nolan con Origen e Interstellar y Villeuneve con La Llegada, por poner algún ejemplo.  Catarsis. Y Spiderman: No Way Home le da a su público eso… y más.    

 

PD: Tom Holland está muy muy bien. También Marisa Tomei, sobrecogedor su ‘momento’, y todos los invitados. Watts destaca en lo que mejor sabe hacer: crear química entre sus personajes.  Cumberbatch tiene un tonito autoparódico muy cachondo Y Zendaya le da con la mano abierta a todos esos que se empeñan en que los personajes de cómic deben respetar la apariencia física con la que fueron creados. MJ ya no es blancucha y pelirroja. Eso es así. Y no es el único canon que se va elegantemente al carajo. Luego no digan que la película es más de lo mismo.

 

En twitter @CinefagoDe

 

Spider-Man: No Way Home (2021, USA)
Dirección: Jon Watts
Intérpretes: Tom Holland, Zendaya, Benedict Cumberbatch, Marisa Tomei, Jacob Batalon... Y muchos muchos más.


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