01/10/2010 / 09:45
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Tenidos por dignos


José Luis Zambrano Ballester (Cádiz)
La palabra fundamentalista nos hace pensar inmediatamente en el fundamentalismo islámico, y más concretamente en terroristas; pero la verdad es que todos somos fundamentalistas, porque el fundamentalismo surge de la misma naturaleza humana. Consiste en vernos obligados a hacer algo para ofrecérselo a Dios.
Este hacer algo es tan exigente, debido a nuestro egoísmo, que a veces utilizamos la palabra de Dios, sin darnos cuenta, para infringir la voluntad de Dios, que es amar a nuestros semejantes. Jesucristo una vez dio la vista a un ciego y los fundamentalistas le criticaron, porque lo había hecho en Día del Sábado, en el que no sep podía trabajar.

El argumento de Jesús es que el Día del Sábado fue creado para que las personas fuesen felices y por lo tanto no se puede utilizar para quitar su felicidad a un ciego, que ha conseguido la vista. Últimamente hemos visto una manifestación en la calle para que no se permitiera el casamiento a los homosexuales, en la que había algún que otro obispo. El argumento es que ello no respeta la familia. La verdad es que la familia ha sido creada para dar la felicidad a las parsonas y no se puede utilizar para negar la felicidad a unas personas, como son los homosexuales.

El fallo del fundamentalismo es que desconoce que por muy buenas obras que haga el hombre, que es finito, no podrá satisfacer la exigencia de la Justicia de Dios, que es infinita. Para ello tendría el hombre que hacer esas obras con una perfección infinita, y todos sabemos que esto es imposible. El cristiano, sin embargo, no presenta ante Dios sus buenas obras, sino en su lugar, las buenas obras de Jesucristo, que es Dios, y por lo tanto, estas sí tienen un mérito infinito. Para el fundamentalista, su justicia está dentro de él, pero para el cristiano su justicia está fuera de él, está en Dios.

La gran diferencia es que el fundamentalista busca un efecto espectacular, por ejemplo inmolándose en un atentado terrorista, con desprecio a la vida de los demás. El cristiano abre sus brazos para abrazar y amar a los demás, como él mismo ha sido amado.
“Dios es justo al tenerles a ustedes por dignos de entrar en el Reino por el cual suspirais” (2º Tes. 1, 5)

Agradecimiento
A. M. D. (Cádiz)


Sirvan estas líneas para todos aquellos amigos y familiares que me han ayudado a superar esta difícil situación. Gracias a ellos hoy en día tengo un trabajo y he superado mis problemas con las drogas. Soy un afortunado, porque no todos los que se encuentran en ese boquete tienen la suerte de tener personas al lado que te quieren apoyándote. Por eso desde aquí, muchas gracias por ayudarme a salir del túnel. No os decepcionaré.

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