Todorov dice que lo que ocurrió en la Guerra Civil es asunto de historiadores, no de jueces
01/10/2010 - 09:45
Tzvetan Todorov, último premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, dice que lo que ocurrió en la Guerra Civil es un asunto de historiadores, no de jueces. En clara alusión a la iniciativa del juez Baltasar Garzón, que pretende inculpar a Franco y su cúpula militar por cometer crímenes contra la humanidad, expuso que juzgar el pasado es una empresa condenada al fracaso. En su opinión, la historia hay que conocerla para extraer conclusiones, pero no juzgarla.
El pensador búlgaro, quien acaba de publicar El miedo a los bárbaros (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), sostiene que la justicia humana no puede pretender alcanzar niveles absolutos. Sería un error equipararse con la justicia divina, afirmó. En la guerra española de 1936 se cometieron muchas injusticias, pero ¿por qué hay que detenerse ahí?, ¿por qué no nos vamos más hacia detrás?. En ese hilo argumental recordó la famosa frase del filósofo alemán Walter Benjamin: No hay testimonio de civilización que no lo sea también de barbarie.
Todorov, de 69 años, no es partidario de olvidar. Al contrario: considera necesario abrir todos los archivos a los historiadores y a los ciudadanos para que se conozca a fondo lo que ocurrió. Pero ese conocimiento debe llevar a espacios de comprensión, no de división; a espacios de tolerancia, no de menosprecio. En una de las máximas de este pensador se aconseja ponerse siempre en lugar del otro. Adalid del espíritu de unidad entre Europa oriental y occidental, insistió en la fatuidad de juzgar los hechos históricos. La justicia se reduce a dos palabras: culpable o inocente, mientras que los historiadores se permiten análisis más matizados, sin planteamientos maniqueos.
Francia
Autor de Elogio del individuo y El espíritu de la Ilustración, entre otras obras, recordó la durísima represión que hubo en Francia tras la Segunda Guerra Mundial. Tras calificar estos sucesos como una de las páginas más negras del país vecino, alabó nuestra transición democrática. España se puede sentir orgullosa, pues no hubo ningún tipo de depuración cuando cayó la dictadura. Todorov vive en París desde 1963.
A través de casos concretos como el asesinato de Theo van Gogh, las caricaturas danesas de Mahoma o el discurso del Papa en Ratisbona-, el pensador búlgaro reflexiona en su último trabajo sobre la identidad europea, la inmigración y el diálogo entre culturas. Ante la sensación de miedo instalada en los países occidentales, advierte: El miedo a los bárbaros puede desencadenar reacciones todavía más bárbaras, y eso es lo que hay que evitar. Si bien defiende los principios de máxima tolerancia, cree que hay peldaños que no se pueden sobrepasar. Existen valores, en las culturas occidentales, que resulta inadmisible quebrantarlos.
Preguntado por los populismos de izquierdas y derechas, comentó, sonriendo, que habíamos llegado a un punto en que todo está un poco revuelto. Antes, en mis tiempos, lo que se pretendía es que los ricos compartieran su riqueza con los pobres; al día de hoy, el discurso ha cambiado: son los pobres los que tienen que dar a los ricos lo poco que tienen.
Todorov ha impartido clases en la Universidad de Yale y ha pronunciado clases magistrales en numerosas universidades estadounidenses. Desde 1987 dirige el centro de investigación sobre las artes y el lenguaje del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS).
Todorov, de 69 años, no es partidario de olvidar. Al contrario: considera necesario abrir todos los archivos a los historiadores y a los ciudadanos para que se conozca a fondo lo que ocurrió. Pero ese conocimiento debe llevar a espacios de comprensión, no de división; a espacios de tolerancia, no de menosprecio. En una de las máximas de este pensador se aconseja ponerse siempre en lugar del otro. Adalid del espíritu de unidad entre Europa oriental y occidental, insistió en la fatuidad de juzgar los hechos históricos. La justicia se reduce a dos palabras: culpable o inocente, mientras que los historiadores se permiten análisis más matizados, sin planteamientos maniqueos.
Francia
Autor de Elogio del individuo y El espíritu de la Ilustración, entre otras obras, recordó la durísima represión que hubo en Francia tras la Segunda Guerra Mundial. Tras calificar estos sucesos como una de las páginas más negras del país vecino, alabó nuestra transición democrática. España se puede sentir orgullosa, pues no hubo ningún tipo de depuración cuando cayó la dictadura. Todorov vive en París desde 1963.
A través de casos concretos como el asesinato de Theo van Gogh, las caricaturas danesas de Mahoma o el discurso del Papa en Ratisbona-, el pensador búlgaro reflexiona en su último trabajo sobre la identidad europea, la inmigración y el diálogo entre culturas. Ante la sensación de miedo instalada en los países occidentales, advierte: El miedo a los bárbaros puede desencadenar reacciones todavía más bárbaras, y eso es lo que hay que evitar. Si bien defiende los principios de máxima tolerancia, cree que hay peldaños que no se pueden sobrepasar. Existen valores, en las culturas occidentales, que resulta inadmisible quebrantarlos.
Preguntado por los populismos de izquierdas y derechas, comentó, sonriendo, que habíamos llegado a un punto en que todo está un poco revuelto. Antes, en mis tiempos, lo que se pretendía es que los ricos compartieran su riqueza con los pobres; al día de hoy, el discurso ha cambiado: son los pobres los que tienen que dar a los ricos lo poco que tienen.
Todorov ha impartido clases en la Universidad de Yale y ha pronunciado clases magistrales en numerosas universidades estadounidenses. Desde 1987 dirige el centro de investigación sobre las artes y el lenguaje del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS).