09/05/2021 / 00:00
José Luis Yañez


Imagenes

Tokio Kará: Terremotos


Durante la semana festiva se han engalanado algunas partes de Tokio con carteles de los Juegos, los coches oficiales comienzan a circular por las calles y también la televisión está incluyendo más temas relacionados de una manera u otra con Tokio 2020. Poco a poco la ciudad empieza a parecer que estamos en vísperas de la celebración. Estos días se han publicado también las segundas versiones de los libros de actuación para los participantes en los Juegos con relación al COVID-19, tanto deportistas como miembros de comités y federaciones o los medios de comunicación. Distancia, higiene evitar lo máximo la interacción con otros, comprobarse la salud y evitar lugares concurridos o cerrados son los principios básicos que se deben seguir. Los primeros 14 días de estancia no se puede usar transporte público y hay que llevar un estricto registro de las actividades según un plan. Hay muchas más medidas que no dejan de ser la aplicación de estos principios a situaciones concretas.

Por lo demás todo sigue su normalidad pandémica, aburrida se podría decir, de no ser por algún que otro sobresalto como los terremotos. Japón se sitúa en el cinturón de fuego del Pacífico donde se juntan cuatro placas tectónicas y los terremotos son de lo más habitual. El año pasado, por ejemplo, se registraron más de un centenar de seísmos superiores a los 5 grados de magnitud. Los japoneses están más que acostumbrados, te asomas al balcón y ves que la actividad sigue con total normalidad, incluso los niños jugando en el parque. Para los que venimos de «tierra firme» la verdad es que la primera vez es muy impresionante, después sigue sorprendiendo pero se toma de otra manera. Ya he experimentado tres de los que se balancea todo el edificio y que encima son largos, hasta más de medio minuto de movimiento.  Han sido en dos inmuebles diferentes y los temblores los he percibido de la misma forma. Es curiosa la sensación de sentirte como en un vehículo en movimiento sin ver que nada se mueve, dentro de la casa solo se balancean las lámparas o las cortinas, en la calle no se aprecia prácticamente nada, solo el cableado eléctrico o de telefonía —que en japón es mayoritariamente aéreo— se mueve como auténticas combas. La arquitectura y la ingeniería de construcción está absolutamente preparada, todos los edificios están separados unos de otros. Es curioso observar cómo no existen las paredes medianeras y entre cualquier edificio, por muy estrecho o alto que sea, siempre hay un pequeño pasillo con el colindante aunque sea de escasos centímetros.


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