Tres parques naturales en el corazón de la dama de Aragosa

21/11/2013 - 12:33 Redacción

A los veinte años Antonia, o Toñi, como la conoce todo el mundo en la comarca, se casó con un americano en Torrejón de Ardoz, una de las antiguas sedes militares estadounidenses en suelo patrio. Comenzó entonces una larga peripecia vital que la alejó de España nada menos que 9.500 kilómetros. Se licenció en Historia del Arte en la Universidad de San Francisco, iniciando después una fructífera carrera profesional siempre de la mano de la cultura. Fue guía turística de aquella ciudad, y también de los parques naturales estadounidenses Joshua Tree y Yosemite. Un simple vistazo a las fotos en la web que describe aquellas maravillas ecológicas californianas hace comprender que pocos lugares más que los cerros del Río Dulce que la acogen ahora están a su altura. Aún en Estados Unidos, trabajó en publicidad, en marketing, en una galería de arte y tuvo su propia agencia de diseño gráfico.
De cada parada le queda el recuerdo, el brillo especial en los ojos que se reconoce al instante en personas con la mente abierta u “open-minded”, que dicen los ingleses, un cierto acento que endulza las erres de su castellano gramaticalmente perfecto,  y el buen gusto. Ya de vuelta en España, Julie Sopetrán le mostró Aragosa, encajonado entre montañas y con el vuelo de las rapaces como techo. Aquel mismo día de octubre de 1996 se interesó por un local semiderruido. “No fue nada fácil, porque ningún vecino del pueblo te vende una propiedad sin más”, explica. Aquel solar escombrado se acabó convirtiendo en su primera casa rural. Después de vivir varios años en Guadalajara, compaginando la construcción de su sueño con las clases de inglés que impartía en Trillo y con las recibía en el marco del programa NAO para especializarse en Turismo Rural, en 1999 abrió por fin al público su primer alojamiento con SPA para 6-8 personas, al que llamó Río Dulce. Posteriormente llegarían la Casa Caramelo y aún después los recién terminados cinco apartamentos Carmesí (I y II) y Lalibella (I, II y III).  Antonia ha recibido ayudas tanto de la Diputación de Guadalajara como de Adel Sierra Norte en su propósito.
En todos se respira el aire pictórico y pintoresco que tiene el lugar, se mire por donde se mire. En el interior también es común la personalidad de la decoración. “Los alojamientos son como yo soy. Para mí la sencillez es necesaria”, cuenta. Los muebles son bonitos, pero sin alharacas, funcionales. De alguna manera, el ambiente tiene un tinte cosmopolita, “porque el poso que adquieres viajando, sin darte cuenta, sale en todo lo que haces”. Su predilección por el arte se deja ver en los cabeceros de las camas, que fabrica de madera ella misma, y en multitud de detalles, como la luz naranja que carameliza las habitaciones, los cuadros y tapices, o la selección de los colores domésticos.
La suya fue la primera casa de alquiler completo que hubo en la comarca. Está anunciada en el sitio de Top Rural desde 2000. Una década larga de experiencia es una buena atalaya, como lo son también de la comarca los cercanos cerros de Mirabueno, para opinar sobre el turismo en Guadalajara.
Con el devenir de los años Toñi se ha especializado en “la escapada romántica” y la convocatoria de actividades para “el bienestar espiritual”.  El silencio, lo imponente del lugar, sus maneras chill out que lleva hasta el SPA y la sala de relajación, esta última de reciente creación, son argumentos seductores. Aniversarios, reencuentros o simplemente “parejas que quieren dedicarse un día uno al otro alejados del mundanal ruido”, son los eventos que más incitan a la visita de su complejo rural. “Las instalaciones son  cómodas.  Quiero que el cliente perciba una casa llena de detalles para él”, dice mientras cocina su ya famoso bizcocho casero de plátano, o banana bread cake aterrizado en el Río Dulce proveniente de la repostería norteamericana.
Como la dama de Aragosa que es, la tierra le corresponde generosa. “La primera pregunta que hacen  mis clientes primerizos es cómo un lugar tan bello, que está a un paso de Madrid, es tan poco conocido. Cuando se van, quieren que permanezca escondido para preservar su tranquilidad infinita”, termina.  Después de tantos años de lucha, Toñi ya no se moverá del lugar que la embrujó con una puesta de sol de otoño.