Un caza provoca el pánico colectivo a su paso por Guadalajara

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: B. P. O.
A las 15.10 horas de la jornada de ayer, un F18 de la Fuerza Aérea Española que se encontraba realizando unas maniobras de entrenamiento ocasionó, al sobrepasar la velocidad del sonido, una onda de choque que impactó en distintos municipios de la provincia, confundiéndose en principio con una explosión, lo que causó que decenas de vecinos del Ferial y de otros puntos avisaran a los dispositivos de emergencia y seguridad. Una vez allí, y para asombro de todos, se descubrió el verdadero origen de este susto colectivo.
Sobre las 15.00 horas, miles de vecinos de Guadalajara y de municipios como Cabanillas o Marchamalo se vieron sorprendidos por un estruendo que acabaría con su apacible sobremesa o, directamente, con sus ganas de comer.
Las primeras reacciones a este fuerte sonido, cuya intensidad fue tal que hizo vibrar cristales, paredes y suelos, fue que se había producido un atentado, una explosión de gas, un trueno o, incluso, un terremoto. De inmediato, los vecinos que habían sentido el impacto con mayor fuerza decidieron contactar con dispositivos de seguridad y asistencia a fin de comunicarles lo que ellos vislumbraban como un suceso de grandes dimensiones.
Lo más curioso del caso es que ni el 112, ni los Bomberos ni la Policía podían localizar el lugar concreto del supuesto suceso, ya que las llamadas procedían de puntos como la calle Azuqueca de Henares, la Plaza de la Paz u otras vías, no sólo de la capital, sino también de otros municipios. Quizá el hecho de que el mayor número de avisos procediese de la zona del Ferial hizo que los operativos de emergencia se concentraran finalmente en la calle Azuqueca de Henares, en el barrio del Ferial. Hasta allí se desplazaron también el alcalde capitalino, Antonio Román, acompañado de varios concejales, así como otros ediles de la corporación municipal. De igual manera, decenas de medios de comunicación se apostaron en este mismo punto a la espera de averiguar el origen del estruendo y dar testimonio del supuesto suceso.
Durante los primeros instantes todos los presentes desconocían cuál podía ser la fuente que había ocasionado tanto revuelo y tanta expectación. La confusión, las hipótesis y el desconcierto reinaban en la zona y mientras que las autoridades competentes intentaban despejar la incógnita, aumentaba el número de ciudadanos concentrado en la zona. Del mismo modo, también salían a las calles muchos otros vecinos en búsqueda de respuestas.
Después de realizar varias gestiones, el alcalde de la capital pudo confirmar a los medios el origen de la “explosión” en un avión que había roto la barrera del sonido al sobrevolar Guadalajara. Román descartó la hipótesis del trueno y también la del movimiento sísmico al explicar que se había consultado con los institutos Meteorológico y Sismológico ambas posibilidades y habían sido descartadas.
Finalmente, distintas fuentes confirmaban que se había tratado de un caza de la base aérea de Torrejón de Ardoz, concretamente del Ala 12 que, a su paso por el cielo alcarreño, había superado la velocidad del sonido y que, en lo que se denomina estampido sónico, había originado una onda de choque audible en una amplia extensión de la tierra.
El Ejército del Aire ha atribuido a la humedad ambiental el impacto sonoro registrado en determinadas zonas de la provincia de Guadalajara al romper un cazabombardero F18 la barrera del sonido a una altura contemplada dentro del límite marcado por reglamento para las operaciones áereas de la Fuerza Aérea Española.
El aparato, un F18 perteneciente al Ala 12 de la Fuerza Aérea, con base en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, superó la barrera del sonido a las 15.10 horas cuando se encontraba efectuando un ejercicio de entrenamiento programado de defensa aérea, ordenado por el Mando Aéreo de Combate (MACOM), la unidad de ataque y defensa de la que dependen todos los aviones de combate del Ejército del Aire español.
La rotura de la barrera del sonido estaba prevista dentro del ejercicio, que se realizó a la altura reglamentariamente establecida para este tipo de operaciones, siempre por encima de límite de los 35.000 pies, que equivale a más de 10.000 metros y se sitúa muy por encima del 'techo' en que operan las aeronaves civiles.
La humedad ambiental hizo que la explosión que se produce cuando una aeronave supera la denominada velocidad Mach1 se propagara hasta ser audible en algunas zonas de Guadalajara. En circunstancias normales no habría sido audible.