13/07/2013 / 12:32
Juan José Fenández Sanz


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Un geoparque para el Señorío


El lunes llega a Molina de Aragón la comisión encargada de la evaluación de la candidatura a Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo que, junto con la isla de El Hierro, se constituyen en los dos candidatos españoles a la Red Global de Geoparques en el año 2013. Estos son marchamos de calidad que otorga la Unesco a aquellos lugares de excepcional belleza y singularidad geológica para fomentar su desarrollo sostenible y su conservación. Integran la comisión, Melanie Border, del Geoparque de la Riviera Inglesa, presidenta del Foro de Geoparques del Reino Unido, y John Galloway, presidente del Geoparque de la Costa del Cobre, en Irlanda, miembros ambos del Comité Asesor de la Red Europea de Geoparques. Culmina así la fase de preparación de la candidatura molinesa, coordinada por Juan Manuel Monasterio, director del Museo de Molina, cuyo origen se remonta a la colaboración de dicho centro con el Parque Natural del Alto Tajo cuando la creación de los Centros de Interpretación.

Variados fueron los argumentos que aconsejaron promover la solicitud de que se considerase el territorio del Señorío de Molina en su conjunto, bajo la denominación de Comarca de Molina-Alto Tajo, como Geoparque, obviamente con vistas a la potenciación de su desarrollo para afrontar el reto tanto del presente como del futuro.

Por un lado, el potencial geoturístico de la comarca de Molina, que se deriva del rico patrimonio geológico, natural, histórico y cultural que este territorio alberga, como también de la existencia en sus inmediaciones castellano-aragonesas de centros o áreas naturales y monumentales de singular relevancia, de fuerte potencial turístico.

Por otro disponer de un eje viario clave, que lo surca de noroeste a sudeste, la N-211, así como con una red de carreteras interiores que garantizan una básica vertebración, a decir verdad manifiestamente mejorable; a la espera de su mejora y de que se haga realidad la promesa de convertir en autovía el tramo de carretera Alcolea-Molina-Monreal.

A la postre, complementar y reorientar las tradicionales actividades económicas agroganaderas de una parte importante de su población, aportándoles nuevas salidas que, en su apuesta por la calidad y con vistas al turismo, acrecienten su valor. En la base, su geodiversidad y la belleza de sus paisajes, como resalta Amelia Calonge, decana de la Facultad de Educación de la Universidad de Alcalá de Henares, y miembro del Comité Científico Asesor del Geoparque Molinés, para quien la declaración de Geoparque no sólo impulsará la puesta en valor, sino que aumentará la protección de los puntos de interés geológico de la zona, al tiempo que abrirá una oportunidad de desarrollo para sus pueblos, que agonizan ante la despoblación.

Entre los paisajes sublimes a los que alude Calonge, también presidenta de la Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, se encontrarían los del cañón del Tajo, la hoz del Gallo, el entorno de Chequilla, la hoz del Seca, el río Mesa, así como el Monumento Natural de la Sierra de Caldereros; a los que bien podrían unirse muchos otros, como los paisajes y cañones del río Piedra a su paso por Embid, que se continúan en Aragón. Por demás, y en conjunto, un “laboratorio de geología”, donde diversas universidades nacionales e internacionales realizan sus estudios científicos desde tiempo atrás, como resalta Lucía Enjuto, licenciada en Geología, alcaldesa de Mazarete y diputada de Desarrollo Rural y Medio Ambiente.

En esta línea, y por espigar sólo cuatro ejemplos sublimes, o Puntos de Importancia Geológica (PIG), como recordaron Juan Manuel Monasterio (director del Museo de Molina), José Antonio Martínez Perruca (geólogo del museo molinés), e Isabel Rábano (presidenta del Museo Geológico y Minero de España, entidad colaboradora en el proyecto), en la X Reunión Cientifica de la Sociedad Geológica de España (celebrada a mediados de junio en Segovia), habría que considerar: el estratotipo (modelo a escala mundial) de Fuentelsaz, que recoge un registro geológico continuo desde el Jurásico inferior al Jurásico medio, incluyéndose entre sus materiales fósiles muy variados y extraordinariamente conservados; el “dropstone” de Checa, espectacular roca arenisca transportada por el hielo de un iceberg durante la glaciación de finales del Ordovídico, que en momento posterior más cálido cayó al fondo del mar, en el lugar donde hoy podemos contemplarlo (obviamente protegido y vallado); la Sierra de Caldereros, del Triásico, momento anterior al Jurásico; sin olvidar la abundancia de aragonitos en Molina de Aragón y Cobeta, catalogados por primera vez por Joseph Torrubia en el siglo XVIII, religioso que citó también los primeros trilobites, encontrados en el campo molinés en las pizarras del Ordovídico. Lo que implica y demanda una potenciación de las políticas de geoconservación, la celebración de cursos para su mejor conocimiento, la divulgación a través de los medios de comunicación, incluido internet, visitas guiadas, ediciones científicas y publicación de estudios.

Y en lo que respecta a comunicaciones, el Señorío se constituye en una especie de centro geográfico (histórico también) de España, junto a la mayor divisoria de aguas de la Península Ibérica, como lo es la Sierra de Albarracín, con sus aguas vertiendo al Tajo y al Ebro, Atlántico y Mediterráneo, engarce de los reinos medievales de Castilla y Aragón, en medio de la ruta del Camino Real de Aragón, como también y primero de la Ruta del Cid, todo lo cual ha hecho y hace más fácil la llegada de personas de los grandes núcleos que a no excesiva distancia lo rodean y enmarcan (Zaragoza, Teruel, Soria, Valencia, Guadalajara y Madrid). Lo que, sin embargo, contrasta con una menor afluencia turística que las áreas del entorno, sea por falta de promoción, sea por mantenimiento de una inercia de olvido a la que le sumió el pasado, sea por falta de un atractivo suplementario, como podría ser el Geoparque. He aquí, pues, el reto, el elemento dinamizador en el que pensaron los iniciadores del proceso.

No cabe olvidar su riqueza en edificaciones y restos celtibéricos (bien estudiada, entre otros, por los profesores Mª Luisa Cerdeño y Jesús Arenas), o el que en sus proximidades existan relevantes centros de atracción turística cuyos visitantes bien podrían también acceder a esta comarca: el Monasterio de Piedra (con una media de 500.000 visitantes al año), la Ciudad Encantada de Cuenca (destino turístico también de carácter natural, con otros 450.000 vistantes), el Nacimiento del Río Cuervo, la Laguna de Gallocanta, las ciudades amuralladas y medievales de Daroca y Albarracín (así como Teruel), las monumentales y episcopales Sigüenza y Burgo de Osma, la muy próxima ruta aragonesa de los balnearios (Jaraba, Alhama de Aragón, Paracuellos de Jiloca). ¡Y qué decir en otro plano, como simple botón de muestra, entre otros muchos encantos vinculados a la naturaleza, del atractivo del clima del Señorío en su conjunto, en la época estival! En definitiva, un Geoparque en el corazón en la Celtiberia, en el corazón de España, se constituiría -de hecho ya lo es- en la pieza que faltaba al puzzle, la pieza de engarce. A la postre, mucho que ofrecer, comarca presta a muchos acoger.

El director del Parque Natural del Alto Tajo, José Antonio Lozano, espera que el geoparque sirva para salvaguardar los elementos geológicos del territorio molinés, como también que ejerza un efecto positivo en el seno del Parque Natural. A decir de Jesús Herranz, alcalde de Molina y presidente de la Comunidad del Real Señorío y su Tierra (La Común), “una noticia maravillosa para Molina de Aragón, su tierra y sus gentes, que esperan del Geoparque muchos beneficios para el conjunto de la comarca”.

Jerónimo Lorente, por su parte, portavoz de La Otra Guadalajara, el movimiento ciudadano que más ha calado entre la población, y que más ha luchado en el último quinquenio por la comarca -algunos dicen que quizá en toda su más reciente historia-, celebrando la futura y previsible interacción positiva entre Parque Natural y Geoparque, apoyándolo incondicionalmente y aprovechando para felicitar a los Amigos del Museo, y en especial a Manuel Monasterio, artífices del extraordinario proyecto que se va a evaluar, manifiesta como botón de muestra de compromiso que “habría que comenzar de inmediato la construcción del Parador de Molina, con todos los servicios inicialmente señalados y sin reducción del número de habitaciones previstas”; lo que, sin duda, todos los molineses suscriben y reclaman. En lo que no le falta razón: que la primavera llega cuando lo hacen primero las golondrinas.

Qué es un geoparque

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), un geoparque se corresponde con un territorio con un patrimonio geológico de excepcional singularidad donde se lleva a cabo un proyecto de desarrollo basado en su conservación y promoción turística. De hecho, la UNESCO no sólo apoya a la organización de geoparques, sino que se está en proceso para que, en breve, se constituya en un programa como las Ciudades Patrimonio de la Humanidad o las Reservas de la Biosfera.

La declaración de geoparque, aunque se trata de una distinción sin carácter normativo, comporta para los elegidos una serie de compromisos vinculados a los tres principios básicos en que se apoya su designación: la existencia de un patrimonio geológico que sirva de protagonista y eje conductor, la puesta en marcha de iniciativas de geoconservación y divulgación, y la potenciación del desarrollo socioeconómico y cultural a escala local. Por lo que sólo con la concienciación de la población, así como con el compromiso de las Administraciones Públicas, se sentarán las bases para un desarrollo armónico, integral y sostenible cara al futuro, que incluya los diferentes y complementarios planos del desarrollo, incluido el turístico, de las áreas reconocidas con la marca de geoparque. De hecho, como señalan Martínez-Monasterio-Calonge-Carcavilla en su artículo ‘Logros y retos en la difusión del patrimonio geológico de la comarca de Molina…’, "el turismo (es), en la mayoría de los casos, el principal aprovechamiento que se persigue para dicho desarrollo".

De la Red Europea a la Red Mundial de Geoparques

La organización de geoparques nace en el año 2000 con la firma de la Carta de los Geoparques Europeos en la isla de Lesbos (Grecia), siendo cuatro sus miembros fundadores: la propia isla de Lesbos, la Alta Provenza (Francia), el Gerolstein Vulkaneifel (Alemania), así como el Maestrazgo (Teruel, España), los cuales invitaron a nuevos territorios para que se incorporasen al movimiento. La sede de la Red Europea de Geoparques (EGN por sus siglas en inglés) se ubica en el Geoparque de la Alta Provenza.

En abril de 2001 se firma un acuerdo de cooperación con la División para las Ciencias de la Tierra de la UNESCO, creándose en 2002 la Red Global de Geoparques, a la que se adhieren diferentes territorios tanto de Asia como de América y Oceanía. En la actualidad esta cuenta con 85 miembros -de los que 52 se encuentran en el continente europeo-, que pertenecen a 18 países. De entre ellos, ocho se ubican en España: los del Sobrarbe y Parque Cultural del Maestrazgo (en Aragón), los de las Sierras Subbéticas, Cabo de Gata y Sierra Norte de Sevilla (en Andalucía), la Costa Vasca (Vizcaya-Guipúzcoa), la Cataluña Central (Barcelona), así como el de Villuercas-Ibores-Jara (en Extremadura).

De resultar positivas las evaluaciones, España podría contar con dos nuevos geoparques: el de la Comarca de Molina-Alto Tajo, con una naturaleza intacta, y el de El Hierro, una de las islas canarias más bonitas, intacta también; por fortuna, y hasta hoy, dos ámbitos que se han mantenido al margen de la especulación inmobiliaria y con un manifiesto potencial de sostenibilidad. El de la Comarca de Molina-Alto Tajo tendría, además, una suplementaria misión: servir de engarce y enlace tanto entre los geoparques del área norte con la del sur de la Península Ibérica, como de los de la zona este con el área extremeño-portuguesa, por demás vertebrados por el Tajo (Villuercas-Ibores-Jara, y Naturtejo, este como geoparque más afín al de la Comarca de Molina-Alto Tajo).

La implicación de la población, y en especial de la restauración y hostelería

Para Monasterio, el principal reto estriba en "alcanzar un mayor nivel de implicación por parte de la población en general, y en especial de la restauración y la hostelería de la zona". Aunque hay otros retos pendientes, tales como: el aumento de la participación de las Administraciones (en especial de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, hasta ahora diríase inexistente), las cuales, tomando conciencia de su relevancia, acaben apoyándolo más que hasta ahora; en segundo lugar, los potenciales trabajos a realizar por los comités del Geoparque, no solamente del científico, de cara a su más completo conocimiento, revalorización y difusión; como también, en la vertiente más visible, la elaboración de un proyecto de "nodos turísticos" que se constituyan en punto de encuentro entre geología, medio ambiente y arquitectura. De hecho, la arquitectura típica de la zona debería ser un elemento a estimular y proteger.

Por supuesto la divulgación, para que el Geoparque molinés esté presente en las agendas de los centros escolares y de las universidades, más incluso de lo que ya está hoy día, en las planificaciones de las agencias de turismo y viajes, así como en los medios de comunicación, a un nivel similar al que pueda estar, por ejemplo, el Monasterio de Piedra próximo.

Dinamismo del Museo de Molina

El Museo Comarcal de Molina tiene unos orígenes recientes. Es a comienzos del año 2002 cuando Juan Manuel Monasterio reúne a un equipo de personas con vistas a la creación de un museo en Molina de Aragón, así como para dinamizar la actividad científica y cultural de la localidad y del Señorío. Con dicha meta in mente, plantea la idea de crear una asociación, siguiendo la tradición de las antiguas azofras (zofras, por aquí), en la que la aportación de los socios sería en forma de trabajos, en vez de económica. La idea cala de inmediato, y diferentes paleontólogos, arqueólogos, naturalistas, expertos en medio ambiente, informáticos, diseñadores, carpinteros y albañiles se integran en el proyecto.

La asociación inicia los trabajos con el cerramiento del claustro del Monasterio de San Francisco, espacio hasta entonces no utilizado, que va a dar lugar a la Sala de Paleontología, al acoger una colección de fósiles donados por la Asociación Paleontológica Nautilus, de Guadalajara. A ella se unen otras cuatro salas: Evolución Humana, Entomología, Fauna y Arqueología (esta, sobre los castros celtibéricos de la Edad de Hierro en Molina). Lo que se completa con una sala para exposiciones temporales, así como los laboratorios, oficinas y talleres anexos. El dinamismo del Museo de Molina se manifiesta también en que, además del Área Expositiva, cuenta con otras áreas complementarias: Formación y Divulgación, Publicaciones, Conservación e Investigación, habiendo realizado diferentes exposiciones itinerantes. Su participación en las tareas para presentar un proyecto sólido, de modo que la Comarca de Molina-Alto Tajo se convierta en geoparque, se inscribe en esta línea de preocupación tanto por la ciencia como por la comarca, lo que resulta encomiable en una entidad privada de tipo cooperativo que se ofrece como modelo para otros núcleos provinciales y nacionales. Algo muy digno de admiración, alabanza …y reconocimiento.


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