Un tribunal ordena a Brown contar porqué invadió Irak

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: IGNACIO TYLKO. COLPISA
El Gobierno británico tiene que decidir si recurre a los tribunales o simplemente veta la decisión, anunciada este martes, por el Tribunal de la Información, que le obliga a publicar las minutas de dos reuniones del Gabinete en marzo de 2003, en las que se dio el visto bueno legal a la inminente invasión de Irak.
El Tribunal de la Información es el organismo que decide sobre la publicación de datos gubernamentales solicitados por particulares cuando hay disputa. En este caso, dos miembros de un panel de tres afirman que el interés público de conocer cómo se tomó la decisión de llevar a las tropas a una guerra es superior a la tradición de confidencialidad en los debates del Gabinete.
Las minutas corresponden a los días 13 y 17 de marzo, en los que Tony Blair y sus ministros decidieron proceder a la invasión, tras la marcha del ya fallecido Robin Cook. Una investigación oficial anterior, la de la ‘comisión Butler’, criticó cómo se habían tomado las decisiones durante el período anterior a la guerra.
El 7 de marzo, el entonces Procurador General, lord Goldsmith, había ofrecido a los ministros su opinión sobre la legalidad de la invasión, pero luego se supo que no reveló a todo el Gabinete algunos reparos contenidos en su informe escrito, que Blair conocía. Diez días más tarde, los ministros pudieron leer el nuevo informe de Goldsmith, en el que ya no había reparos sobre la legalidad de la guerra.
Aunque muchos datos son ya conocidos, los abogados del Gobierno no quieren que se publiquen las minutas, porque, según ellos, podrían perjudicar la toma de decisiones en el futuro, al cohibir la expresión sincera de opiniones a sabiendas que serán publicadas. Ahora, esas transcripciones del debate ministerial sólo se publican treinta años después.
El Gobierno puede aún recurrir al Tribunal Superior e incluso puede vetar unilateralmente la publicación de la información solicitada. Conviene recordar que en el asunto de Irak, Brown ha jugado siempre a la ambigüedad. No renegó nunca de la invasión, pero aprovechó el descontento contra Blair que provocó la entrada en la guerra y lo usó subrepticiamente para minar su posición y acelerar su final político.