16/05/2011 / 03:56
Pedro Larrad


Un vecino ha plantado cuarenta cerezos y se los ha regalado a los niños del pueblo


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Los cerezos ya están en flor y esperan la llegada de sus frutos 
“Érase una vez que un buen señor que nació en el pueblo de Sisamón, un pueblo vecino de Villel de Mesa. Unos pueblos que fueron hermanos en su historia  y que ahora siguen unidos por sus tradiciones y costumbres aragonesas”. Así podría iniciar el cuento de nunca acabar, como aquellos que nos contaban nuestros abuelos, y que ahora queremos trasmitir a nuestros nietos.
 Sí, gracias a las personas buenas, los que nos dedicamos a escribir aunque nunca llegaremos a expresar el interior de la persona, podemos trasmitir aquellas buenas obras que van sembrando por los caminos que han ido dejando sus huellas. Pero difícilmente alcanzaremos a la generosidad de Eladio. Ya hemos hecho partícipes a los lectores de la obras que Eladio Sancho viene desarrollando por la capital del Valle del Mesa, tanto de servicios voluntarios prestados en el Ayuntamiento como también a la parroquia de la Asunción de Nuestra de esta ciudad. Esta última Semana Santa, le hemos saludado, y cuantas ilusiones nos ha trasmitido, a pesar de mantener vivo el dolor, por la reciente pérdida irreparable de su esposa Antoñita. Sigue gozando del calor de sus hijos y nietos, y no menos de cuantos le conocemos. En esos días ha portado las andas con la imagen de Jesús Resucitado o bien acompañando  a las autoridades en el banco de la iglesia y en las procesiones. Sus fuerzas aún le acompañan para ir en busca del palio y  levantar una de sus seis varas en las procesiones.
 Y cuando llegan las fiestas y Eladio abre las calles y plazas,  siendo el primero en ser el guía de los músicos en los pasacalles matinales, así seguiríamos abriendo los capítulos del libro de su vida, relatando todos aquellos pasos que Eladio.
 Ahora, como buen hortelano va acariciando a sus cuarenta cerezos que ha plantado en aquella parcela, junto al cementerio. Su intención es que los niños del pueblo puedan recoger sus frutos sin necesidad de subir al árbol. “Estos cerezos los he plantado para que los hijos del pueblo, en edad escolar, puedan disfrutar de su fruto, de generación en generación. La única condición para acceder a ellos es ser hijo del pueblo”, relataba. Aunque, serán muchos los amigos de los villeleros que acudan en la época estival al pueblo y puedan degustar los frutos de estos cerezos del buen Eladio.
 Esta no es la única iniciativa solidaria que ha tenido Eladio con sus vecinos, pues cuando regresa de la huerta cargado con las hortalizas en las alforjas, va entregando, tomates, ajos, cebollas, lechugas o  pepinos a todo el que se cruza en su camino y gentilmente saluda.
 Sin duda, un ejemplo para todos, en este siglo XXI.
 Desde el pueblo le agradecen la plantación de estos cuarenta cerezos para los niños de Villel y por su buen hacer para con la comunidad durante toda su vida.

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