Ablanque lleva en volandas a su santa
Cuando el calendario cristiano abraza el día de Santa Quiteria, los ablanqueños se disponen a celebrar su romería a la ermita de la Virgen del Buen Labrado.
Fotos: María Galve
En este caso, la marcha se produce el sábado más cercano a ese 22 de mayo. Hecho que sucedió este fin de semana, ante más de 300 fieles.
Caluroso día el que amaneció en el apiñado casco urbano de la localidad del Ducado de Medinaceli. La diana matinal que ofrecen los Dulzaineros de la Pinocha avisa a los locales del inicio de la jornada. Puntuales a su cita, cuando el reloj alcanza las once y media, un nutrido grupo de vecinos se da cita en la iglesia parroquial. Y tras el esplendoroso pendón carmesí, el estandarte y la cruz procesional, las mujeres del lugar cruzan el umbral parroquial portando a la Santa.
El intenso repique de campanas anuncia la marcha. Antes de abandonar el conjunto municipal, el párroco local, Manuel García, despide a la comitiva. La amplia columna romera, formada mayoritariamente por mujeres, se dispone a cubrir los cinco kilómetros de distancia hasta la ermita pinariega, bajo un potente astro rey.

Ya dentro del verde bosque, se dan cita con los hombres que acuden al encuentro de las mujeres y es entonces cuando la procesión cobra forma. Los dulzaineros seguntinos marcan el camino al ritmo de las marchas procesionales que les llevan a alcanzar el exterior de la ermita. Y como marca la norma, se da la primera vuelta al edificio.

A continuación se sucede una variada subasta de andas, cordones, etc., antes de la eucaristía. Una ceremonia que preside el alcalde, José Luis Sancho, junto con los mayordomos de la del Buen Labrado. Todo, mientras la talla recibe el cariño local sobre un manto de velas y cirios. Con la bendición final, los ablanqueños han de dar tres vueltas al santo espacio para lograr la protección de la benefactora. Y al término de las mismas, una docena de mujeres le bailan jotas a la advocación mariana.
Tras completar los santos oficios y sus ritos, el vecindario disfruta de un agradable vermú en un frondoso marco, rodeado de pinos y bañado por un arroyo que refresca el sitio. El paisanaje comparte ágape, mientras avanza la tarde, acompañado de la música popular. Tras la larga sobremesa, el siguiente pase festivo se desarrolla ya en el centro social del municipio. El grupo Sara Music echa el cierre a la jornada. Los centenares de concurrentes renuevan su fe un año más, en la cita con más arraigo del lugar. Tradición y creencia que se dan la mano en una de las romerías más populosas de estas tierras a camino entre Castilla y Aragón.
.jpeg)