20/06/2022 / 09:59
Redacción


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Almonacid de Zorita celebra Corpus Christi dos años después


El día del Corpus siempre ha sido fiesta señalada en Almonacid de Zorita. Después de la Misa, la Procesión circuía el pueblo por sus calles principales, que se engalanaban con mantones, tapices y alfombras. Había representaciones teatrales e incluso toros en una fiesta que organizaba, y organiza, la Hermandad del Santísimo Sacramento, la más antigua de la villa. 

Los años de la emigración trajeron consigo la pérdida de muchas costumbres en el medio rural. En la villa almorcileña, una de las que se resintió, aunque nunca llegara a desaparecer del todo, fue la de engalanar las calles y decorar altares por barrios, representando en cada uno de ellos el Corazón de Cristo, con motivo de la fiesta de Corpus. 

En el año 1974, Engracia, la esposa del médico que había entonces en Almonacid, José María Madrigal, relanzó con fuerza la celebración del Corpus. A la que ya era una bella iniciativa almorcileña, la canaria le añadió la práctica de decorar las calles con alfombras hechas de flores, posos de café y de otros muchos materiales, pero siempre de bellos colores, con reminiscencias isleñas. 

No ha sido menos el Corpus de 2022. Incluso antes de que las primeras luces del día alumbraran el que se presumía iba a ser un caluroso día de este verano anticipado, las fuertes rachas de viento han ocasionado desperfectos en algunas de las alfombras que ya estaban muy avanzadas. Pero los almonacileños no han decaído, reconstruyéndoles, y, logrando, como cada año, que los ocho altares de otros tantos barrios, quedaran unidos por una alfombra de flores de casi dos kilómetros. En los días previos al Corpus, los almorcileños, organizados por vecindarios, se habían reunido para dilucidar primero los motivos que se iban a plasmar sobre las calles, y sus colores, para después pasar manos a la obra en su confección. Una confección que se realiza con serrín tintado que aporta siempre el Ayuntamiento. 

El pueblo se organizó para que unos barrios retomaran la colocación de las alfombras donde lo dejaban los otros. Sus vecinos se distribuyeron las tareas de tal manera que unos diseñaron las plantillas, otros tiñeron la viruta de madera, y todos se sumaban como mano de obra para darle le hechura final a este gigantesco y bellísimo trabajo manual. Además, frente a cada altar en el que luego se iba a detener la Procesión, los barrios fabricaron una gran alfombra, con motivos variopintos, geométricos e incluso pictóricos. Los veteranos se encargaron de confeccionar el altar con los elementos tradicionales. 

Charo Toledano, vecina de Almonacid, explicaba cómo vive esta festividad, “este año las hemos hecho con gran ilusión porque llevamos dos años de ausencia”, explicaba; además contaba las dificultades que se han encontrado en este Corpus Christi del 2022, señalando que “han sido días de muchísimo calor”, con las rachas de viento vividas el día anterior. 

En la puerta del Ayuntamiento, Beatriz Sánchez, alcaldesa de Almonacid mostraba su gratitud por la vuelta de esta festividad a las calles de su localidad. “Estamos muy contentos de recuperar las tradiciones”, decía. También se refería a la alcaldesa que el trabajo principal de este regalo visual que son las alfombras del Corpus en Almonacid “es de la gente del pueblo”. El Ayuntamiento ayuda en la parte material, “pero el trabajo mayor y mi máxima enhorabuena es para los barrios almonacileños, que hacen posible que el pueblo este así en un día tan especial para nosotros”, afirma Beatriz. 

A la hora convenida, las 12:00 horas, sonaban las campanas de la Iglesia, anunciado la ceremonia en la Ermita de la Virgen de la Luz. La ofició el sacerdote almorcileño Javier García Toledano, quien le añadió el cariño por su tierra y sus costumbres a la celebración. La procesión consiguiente salió por la Plaza de la Iglesia, continuó por la calles de Cervantes, de Natalio Gumiel y Morago y de la Virgen de la Luz, para llegar a la Plaza de la Puerta Nueva. Se adentró entonces en la calle del Gobernador, plaza del Coso, calles de Trinquete y San Sebastián, y de nuevo por la calle de Nuestra Señora Virgen de la Luz, para regresar a la Iglesia por la calle de Luis Fernández de Heredia. Es costumbre que los niños que han hecho la comunión en el año en curso, lancen pétalos de rosa en cada uno de los altares y que, sólo una vez que pasa la custodia, se puedan pisar las alfombras. En las balconadas, muchos vecinos colgaron grandes cartelones que recuerdan la festividad.


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