Caraca, ciudad romana de Driebes: así sería su foro tras el hallazgo de un templo
La décima campaña de excavaciones en Caraca (Driebes) saca a la luz un templo romano en el foro y las prospecciones geofísicas apuntan a otros más.
Imagina Caraca en sus mejores tiempos, entre los siglos I y II d.C. Tenía termas públicas, que eran los baños donde los vecinos se aseaban y se reunían, y también casas donde vivía la gente. Contaba además con un ustrinum, una gran pira funeraria utilizada para la cremación de los difuntos. Allí estaba el foro, la plaza principal, donde se hacía la vida política, religiosa y comercial. En su lado occidental se alzaba un pequeño templo, el que ahora ha vuelto a salir a la luz.
Un templo in antis en el foro de Caraca
El mayor hallazgo de la décima campaña de excavaciones es un templo pequeño, de planta in antis, es decir, con los muros laterales prolongados hacia delante para enmarcar la entrada. Ocupa unos 25 metros cuadrados (4,5 por 5,5 metros) y está orientado de sudoeste a nordeste. Por dentro tiene dos espacios: una entrada o porche, el pronaos, y la sala principal, la cella, de casi 16 metros cuadrados. Un muro las separa, con una pieza preparada para sujetar la puerta. Está levantado con bloques de yeso de la zona, cuidadosamente cubiertos con una capa de mortero que alisaba las paredes.
Entre los escombros del tejado caído, que estaba cubierto de tejas romanas, unas planas y otras curvas, aparecieron dos adornos de cerámica con figuras de mujer, las llamadas antefijas, que probablemente decoraban el borde del tejado. Son parecidos a los de la ciudad romana de Segóbriga y se fechan en el tercer cuarto del siglo I d.C. Entre los materiales recuperados figura un fragmento de teja romana con un grafiti de esvástica, al que los investigadores atribuyen una función apotropaica, es decir, protectora.
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Justo al sur del templo apareció una gran puerta de entrada. En el suelo se ven las marcas que dejaron las ruedas de los carros al pasar. La puerta se cerraba con dos hojas que giraban sobre una bisagra de metal. Junto a ella había una piedra con un canal tallado, pensada para desviar el agua de la lluvia hacia el Cardo Maximus, la calle principal de la ciudad. Estos elementos indican que el foro estaba delimitado por un perímetro y contaba con un acceso controlado.
Javier Fernández Ortea, codirector de las excavaciones y profesor de la UDIMA, es prudente:
“Todavía estamos en una fase incipiente de investigación de este templo, pero los materiales recuperados son muy interesantes en el contexto de la promoción jurídica de la ciudad”.
Con “promoción jurídica” se alude, en general, al proceso por el que una ciudad romana de Hispania podía ascender de categoría legal, algo que con frecuencia se reflejaba en la construcción de edificios públicos, como el foro o los templos. Pero un templo, por sí solo, no basta para saber qué rango tuvo Caraca, ni si llegó a obtener alguno, ni cuándo.

¿Habrá más templos en el foro?
Las prospecciones geofísicas apuntan a más. Según Fernández Ortea, indican “la existencia de otros templos cercanos en la plaza del foro”, y añade: “solo estamos empezando a conocer el urbanismo”.
La campaña también avanzó en otras zonas de la ciudad. Se delimitó el borde superior del criptopórtico oriental, una galería cubierta. Se identificó un nivel de derrumbe de época imperial. Y se descubrió una zona de viviendas de los primeros siglos del Imperio, con habitaciones para guardar provisiones, suelos de grava y yeso y un desagüe de piedra labrada, la llamada atarjea.

Más de mil años de historia bajo tierra
Bajo las calles de la ciudad, los arqueólogos han encontrado capas de tierra que cuentan su historia como las páginas de un libro. Muestran que el lugar estuvo habitado sin interrupción desde la Edad del Bronce final hasta el siglo II d.C. Entre esas capas hay una de cenizas y destrucción, que corresponde al asedio del general romano Sertorio en el año 77 a.C., un episodio que ya contaba el historiador griego Plutarco.
Caraca nació mucho antes de que llegaran los romanos. En la Edad del Hierro era un poblado de los carpetanos, el pueblo que habitaba estas tierras, lo que los arqueólogos llaman un oppidum. En el siglo III a.C. los carpetanos enterraron allí un auténtico tesoro: el Tesoro de Driebes, que no se encontró hasta 1945. Son 1.480 piezas de plata que pesan 13,8 kilos, entre ellas la célebre Fíbula de Hércules.
En el siglo II a.C. el territorio pasó a manos de Roma, y la ciudad fue adoptando poco a poco las costumbres y los edificios romanos. Su momento de mayor esplendor llegó en los siglos I y II d.C., con termas, foro, viviendas y un acueducto. A mediados del siglo II comenzó el declive: los edificios públicos dejaron de usarse como tales y se convirtieron en viviendas, hasta que la población se fue al campo. Siglos después, entre el VI y el VII, se estableció a los pies del cerro una necrópolis visigoda con cientos de tumbas.
El crowdfunding que ayudó a salvar la ciudad
La campaña se financió con el convenio entre la Diputación de Guadalajara y el Ayuntamiento de Driebes y con los fondos de la campaña de micromecenazgo “Salvemos la ciudad romana de Caraca”. Colaboraron además la Subdelegación del Gobierno en Guadalajara, el Parque de Ingenieros de Guadalajara y la fábrica del Grupo Bimbo de Azuqueca de Henares.
Fernández Ortea lo resume así: “La presente campaña, la décima, ha sido la más ambiciosa de todas las que hemos realizado hasta la fecha, con más medios técnicos y materiales, por lo que los resultados han ido en consonancia”. Y añade: “La relevancia de Caraca va aumentando con cada intervención y más ahora que hemos recuperado la propiedad pública de la ciudad, se abre todo un amplio espectro de posibilidades”.
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Restaurar y consolidar lo excavado
Javier Fernández Martínez, conservador-restaurador de Patrimonio, es uno de los dos técnicos encargados de la restauración y consolidación, junto a Fátima Marcos Fernández. Bajo su dirección se aplicó un riguroso programa en las estructuras expuestas, sobre todo en las termas públicas.
Para Fernández Ortea, ese frente marca un antes y un después: “Esta campaña no solo ha sido importante a nivel científico, sino también por primera vez se ha abordado un plan de señalización general y restauración de las termas, a nivel de gestión patrimonial ha sido un salto cualitativo muy importante”.
Diez campañas, BIC y éxito de público
El Equipo Arqueológico Caraca trabaja en el cerro desde 2016. Durante siglos Caraca se asoció con Guadalajara, hasta que en los años 80 Jorge Sánchez-Lafuente y Juan Manuel Abascal propusieron situarla en el Cerro de la Virgen de la Muela. En enero de 2024 la Junta declaró el yacimiento Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica (DOCM del 26 de enero). En 2025 el Museo de Guadalajara acogió la exposición “Caraca, la ciudad perdida”, con notable éxito de público. En la campaña de 2026 participaron además 24 especialistas de universidades, museos y centros del CSIC, y el yacimiento celebró una jornada de puertas abiertas.