Carranque: seiscientos metros cuadrados de mosaicos para contar el final de Roma
La Casa de Materno conserva uno de los conjuntos musivarios más importantes de la península Ibérica
En Carranque, buena parte de la riqueza de una residencia de la Hispania tardorromana puede seguirse todavía habitación por habitación a través de sus mosaicos.
El Parque Arqueológico conserva alrededor de 600 metros cuadrados de pavimentos musivos, uno de los conjuntos de este tipo más relevantes de la península. Las composiciones recurren a episodios mitológicos, personajes de la Ilíada, divinidades y motivos geométricos para decorar una vivienda cuyos propietarios formaban parte de los grupos privilegiados de la sociedad romana.
Océano emerge del pavimento rodeado de criaturas marinas. Aquiles, Briseida, Adonis, Diana, Acteón, Hilas o las ninfas aparecen en otras habitaciones. No son cuadros trasladados a un museo, permanecen sobre el suelo para el que fueron concebidos hace más de 1.600 años.

El yacimiento de Santa María de Abajo se encuentra a unos cinco kilómetros de Carranque, junto al Guadarrama y muy cerca del límite entre Toledo y Madrid. Su importancia, sin embargo, no se limita a esos mosaicos. Casa, instalaciones agrícolas, mausoleo y un gran edificio palacial permiten observar cómo una explotación rural evolucionó hasta convertirse, durante los últimos siglos del Imperio, en un centro de poder territorial y cómo ese mismo espacio continuó utilizándose durante la Antigüedad tardía y la Edad Media.
De explotación agrícola a residencia
Los orígenes de Carranque se sitúan en época altoimperial, aunque la cronología de aquella primera ocupación todavía no está definida con exactitud. Las excavaciones han identificado estructuras, cerámicas y monedas que demuestran la existencia de una villa anterior a la gran residencia que hoy protagoniza el recorrido.
A finales del siglo III o comienzos del IV se produjo una transformación importante. Se construyeron instalaciones destinadas a producir aceite y vino: zonas de molienda de aceitunas, prensas, depósitos para recoger y decantar aceite, espacios para pisar uvas y estructuras donde almacenar el mosto.

La residencia estaba vinculada, por tanto, a una propiedad agrícola capaz de producir y transformar recursos de su territorio.
La parte residencial alcanzaba aproximadamente 1.200 metros cuadrados. Las habitaciones se distribuían alrededor de un espacio central ajardinado o peristilo.
El acceso monumental estaba flanqueado por dos torreones y las principales estancias se ordenaban de acuerdo con una jerarquía precisa. Comedor, sala de recepción y dormitorios ocupaban posiciones destacadas dentro del conjunto.
En ese escenario doméstico se encuentran los mosaicos. Su función era decorativa, pero también social. La selección de episodios mitológicos y el coste de su ejecución formaban parte de la imagen que el propietario ofrecía a quienes entraban en la casa.
Materno, el nombre escrito en el suelo
La residencia recibe tradicionalmente el nombre de Casa de Materno por una inscripción conservada en uno de los mosaicos. Es uno de los pocos datos directos que proporciona el propio edificio sobre quien estuvo relacionado con aquella propiedad.

Durante años, ese nombre tuvo una consecuencia interpretativa mucho mayor. Las primeras investigaciones relacionaron al Materno de Carranque con Materno Cinegio, alto funcionario de la corte del emperador Teodosio I y prefecto del pretorio de Oriente en el siglo IV. La monumentalidad del conjunto, la riqueza de sus materiales y determinadas interpretaciones del gran edificio situado al norte de la villa reforzaron aquella hipótesis.
Sin embargo, la identificación fue discutida posteriormente por distintos investigadores. Los estudios más recientes han revisado tanto la función de aquel edificio como la atribución del conjunto a Materno Cinegio.
Por eso, hablar hoy de Carranque como una “villa de Teodosio” exige cautela. El conjunto pertenece al contexto histórico de finales del siglo IV y comienzos del V, el mismo periodo en que gobernaron Teodosio I y sus sucesores, y demuestra la existencia de una élite con recursos extraordinarios. Lo que no está acreditado de forma definitiva es que su propietario fuese aquel personaje concreto de la corte imperial.

Mármol desde el Mediterráneo
El lujo de Carranque tampoco termina en los mosaicos. El edificio palacial, construido a finales del siglo IV o comienzos del V, utilizó revestimientos de mármol y otras piedras ornamentales procedentes de importantes canteras del mundo mediterráneo.
La llegada de esos materiales hasta el centro de Hispania demuestra la inserción de sus propietarios en redes comerciales de larga distancia.
Fachadas, pavimentos y revestimientos convertían el edificio en una construcción visible dentro del paisaje y diferenciada de una residencia rural ordinaria.
A pocos metros se encontraba además un mausoleo. Su planta rectangular terminaba en un ábside y combinaba hormigón romano, ladrillo y un zócalo de granito. Su interior estuvo pavimentado con mosaico.

La interpretación arqueológica lo relaciona con el espacio funerario del propietario y su familia, una prolongación de la representación social más allá de la propia residencia.
Los tres grandes elementos –villa, mausoleo y edificio palacial– permiten así leer Carranque como algo más que una casa rica. El yacimiento refleja la capacidad económica y territorial de una aristocracia rural en un momento en que el Imperio romano estaba experimentando profundas transformaciones.
Cuando el palacio dejó de ser palacio
La caída del sistema romano no supuso la desaparición inmediata del lugar. Desde mediados del siglo V, el edificio palacial perdió su función original, pero su monumentalidad continuó atrayendo nuevas ocupaciones.

En época visigoda se instaló allí un espacio de culto cristiano y alrededor se desarrolló una amplia necrópolis. Siglos después, durante el periodo paleoandalusí, el enclave volvió a ser ocupado y parte de sus materiales constructivos fue expoliada y reutilizada.
Después de la conquista de Toledo en 1085, el espacio quedó integrado en nuevas estructuras medievales cristianas. En 1136 está documentada la iglesia de Santa María de Batres sobre las ruinas del antiguo edificio tardorromano y, en 1152, aparece vinculada a un monasterio. A finales del siglo XVI todavía permanecía en pie, aunque convertida ya en una pequeña ermita rural.
Carranque permite por ello recorrer más de una fase histórica. La arquitectura romana fue modificada, reutilizada y reinterpretada por comunidades posteriores en lugar de desaparecer después del siglo V.

El hallazgo que comenzó con un mosaico
El conocimiento contemporáneo del enclave comenzó de manera fortuita en 1983. Samuel Iglesias localizó restos de mosaicos mientras trabajaba en la zona y el descubrimiento dio paso a las primeras intervenciones arqueológicas. Las campañas fueron ampliando poco a poco el área conocida. El hallazgo de la residencia y, posteriormente, la excavación del gran edificio situado al norte obligaron incluso a revisar las primeras interpretaciones sobre el lugar.
La protección institucional avanzó en paralelo. El conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural y en 2003 se integró en la Red de Parques Arqueológicos de Castilla-La Mancha. La propia declaración como parque incorporó no solo los restos excavados, sino zonas de reserva arqueológica, espacios de recepción y áreas donde pueden existir estructuras todavía no conocidas.
Conservar un pavimento de 1.600 años
Hacer visitables los mosaicos plantea un problema diferente al de restaurar una pieza y trasladarla a una vitrina. Los pavimentos forman parte del edificio y permanecen sometidos a cambios de temperatura, humedad, polvo, microorganismos y movimientos de los propios soportes.

La documentación del parque ya advertía de la necesidad de vigilar el deterioro de los elementos ornamentales. Las intervenciones desarrolladas en distintas etapas han incluido limpieza, conservación curativa y restauración de los pavimentos, especialmente ante daños relacionados con acumulaciones de agua, suciedad superficial y restos orgánicos. En 2021 se retomaron específicamente trabajos destinados a frenar esos procesos.
La conservación preventiva cambia también la manera de entender la restauración. No se trata únicamente de intervenir cuando aparece una pérdida visible. El objetivo es identificar humedad, movimientos, depósitos o alteraciones antes de que produzcan daños irreversibles.
Ese seguimiento resulta especialmente importante en Carranque porque los mosaicos continúan siendo el elemento que permite al visitante recorrer físicamente la antigua organización de la vivienda.

Ver lo que ya no existe
Las nuevas herramientas de interpretación intentan resolver otra dificultad: una excavación arqueológica muestra estructuras conservadas a distintas alturas, pero no siempre resulta sencillo imaginar el volumen completo de un edificio.
Carranque incorpora actualmente realidad aumentada y realidad virtual en la visita. Una aplicación permite superponer reconstrucciones digitales durante el recorrido, mientras una sala ofrece una experiencia virtual con modelos tridimensionales del enclave.
Las mejoras realizadas en los últimos años han incluido también nueva señalización, actuaciones sobre itinerarios peatonales, accesibilidad física, cognitiva y sensorial, renovación energética y sistemas de seguridad. El acceso principal por la pasarela sobre el Guadarrama fue objeto de rehabilitación durante 2026 y actualmente vuelve a estar operativo.

Investigación bajo tierra
La condición de parque visitable tampoco ha cerrado la investigación. En 2026 continúa un proyecto científico dirigido por Virginia García-Entero para profundizar en la arquitectura, cultura material y bienes de consumo asociados al complejo de Materno.
Entre sus líneas de trabajo figura la reconstrucción virtual tridimensional del torcularium —el conjunto donde se producía aceite y vino— y del edificio funerario. También se estudian vajillas tardorromanas y piezas de terra sigillata con grafitos e inscripciones para reconstruir sus circuitos de producción y distribución. Las reconstrucciones digitales sirven al público, pero también obligan a los investigadores a reunir y contrastar medidas, materiales y datos antes de plantear cómo pudo ser un edificio desaparecido.
Más de cuatro décadas después del descubrimiento, Carranque continúa cambiando precisamente porque cambia lo que sabemos sobre él.
La antigua identificación automática con la corte de Teodosio ha dejado paso a preguntas más complejas sobre quién controlaba el territorio, cómo se producía aceite y vino, de dónde llegaban los materiales de lujo y qué ocurrió con estos edificios cuando terminó el sistema político que los había hecho posibles.

¿Fue Carranque realmente una villa de la corte de Teodosio?
La asociación entre Carranque y el emperador Teodosio I procede fundamentalmente de una hipótesis formulada durante las primeras etapas de investigación. Una inscripción musiva proporcionó el nombre de Materno, y se planteó que pudiera corresponder a Materno Cinegio, un poderoso funcionario que llegó a ser prefecto del pretorio de Oriente y estuvo relacionado con la corte teodosiana.
La riqueza arquitectónica del conjunto y los mármoles procedentes de distintos puntos del Mediterráneo parecían apoyar inicialmente esa posibilidad. Sin embargo, investigaciones posteriores cuestionaron tanto la identificación personal como algunas interpretaciones arquitectónicas utilizadas para sostenerla.
Por este motivo, la documentación oficial actual no presenta como hecho que Carranque perteneciera a Materno Cinegio ni a la familia de Teodosio. Habla de una propiedad asociada a un poderoso dominus de finales del siglo IV o comienzos del V. La relación con el mundo teodosiano sigue siendo una hipótesis.
FOTOGRAFÍAS: https://cultura.castillalamancha.es/