02/08/2021 / 15:58
E.P.


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Castilforte, Alique o Tabladillo, ejemplos de pueblos de Guadalajara que ya ven más cerca la nueva normalidad


La inmunidad de rebaño frente a la COVID-19 ha llegado ya a todos los vecinos de pueblos diminutos de la Guadalajara más rural como es el caso de Castilforte, Alique o Tabladillo.

Casi toda la población censada son mayores que y han recibido la dosis completa de vacunación; eso conlleva que la mayoría respiren mucho más tranquilos, aunque sin bajar la guardia.

Las noticias diarias son cada día menos alentadoras y, aunque por estos pequeños municipios de la Alcarria, por suerte, el virus ha pasado de momento de largo, todavía hay mucho respeto y prudencia para que no llegue a sus casas, especialmente entre los octogenarios y centenarios, que procuran mantener la distancia de los veraneantes que llegan estos meses a pasar la temporada estival.

Este año tampoco habrá baile-vermut, ni charanga, ni juegos infantiles, ni verbena popular en las fiestas de agosto en Castilforte. Solo está previsto un concierto al aire libre y con todas las medidas de seguridad que exige esta pandemia. Los apenas medio centenar de habitantes que residen en el pueblo en invierno se han convertido este verano en unos 250 y "hay que tener cuidado y ser muy prudentes, sobre todo porque hay mayores", señala su alcalde, Juan Antonio Embid.

En Castilforte han llevado bien la pandemia porque no se ha registrado ningún caso, como tampoco en Tabladillo ni Alique. "Somos un pueblo muy pequeñito y las medidas de seguridad se llevan de otra manera", afirma Embid, aludiendo precisamente a que ellos tienen más fácil prescindir de la mascarilla porque hay veces que "uno no se encuentra un alma en la calle", señala otro vecino.

Pero tampoco este verano algunos abuelos verán a sus nietos porque la vacuna no da garantías del cien por cien y hay aún temor a los contagios pese a que todo el pueblo está vacunado.

Ana Embid es la propietaria de la casa rural 'La Bartola'. Su negocio se ha visto muy afectado por la pandemia. Tuvieron que cerrar y tras abrirla, los turistas que llegan no se juntan con la gente, dice.

Ana tiene muy claro que si en Castilforte no se ha dado ni un solo caso es porque "se tiene muchísima precaución por los mayores".

"En este pueblo no ha habido ni un solo caso de COVID, pero aunque todos estamos vacunados, todavía hay un poquito de miedo. Es extraño pero creo que algunos estaban más tranquilos antes de vacunarse", afirma por su parte Tanya Georgieva, que regenta el único bar del pueblo desde hace cinco años, abierto de nuevo tras meses clausurado.

Tanya reconoce que aunque todos se conocen, los más longevos apenas se acercan ahora al bar. "Lo hacen por la salud", afirma.

"Con esto de la pandemia, amigos y familias de toda la vida se han distanciado", apunta por su parte María Divina.

"SOMOS POCOS Y NOS LLEVAMOS BIEN"

"Somos pocos y nos llevamos bien. Aquí no hay miedo ninguno porque somos como una gran familia", manifiesta Julián Andrés, que a sus 87 años nos dice que él no ha vivido una cosa así nunca. "No se el resultado que tendrá esto, pero es lo que hay", asevera con ternura.

A sus 84 años, Manuel Embid se siente más tranquilo y a gusto en el pueblo que en Madrid, donde pasa los inviernos. "No cabe más tranquilidad. Nos traen el pan cada dos días y estoy bien", afirma poco antes de ir al huerto, donde pasa gran parte de su tiempo.

Para Juan José Andrés Embid, que está teletrabajando en el pueblo de sus padres, el hecho de que estén todos los vecinos censados vacunados "relaja muchísimo y frena el miedo a propagar el virus". "La vacuna ha sido clave", subraya, aunque, en su caso, echa de menos que el médico vaya al pueblo con algo más de asiduidad.

En Tabladillo, con apenas 6 habitantes en invierno y unos 40 ahora, se consideran una gran familia. El hecho de que todos los vecinos estén vacunados les hace sentirse más seguros. A sus 82 años, Flora Romero sale a la puerta y asegura que está muy bien. "Yo estoy como una flor, de puta madre, y aquí se está en la gloria", afirma. En Guadalajara apenas salía de casa y en Tabladillo, apenas entra. "Temor a qué, si estamos cuatro", apunta tras indicar que se sientan todas las tardes en la entrada de las casas aunque "con cuidado, pero tranquilos".

Antonio Nieto e Isidro del Río están arreglando la casa que tienen en el pueblo. "La pandemia aquí se vive de forma muy diferente a Madrid. Estamos encantados", afirma Isidro. No hay bar, ni tiendas ni ningún tipo de negocio, pero para Antonio "esto es vida". "Me siento en una pequeña burbuja con la tranquilidad que da el saber que somos una gran familia". Pero cuando viene gente de fuera, preservan la distancia de seguridad, pensando siempre en los mayores.

También pasa algunas temporadas en Tabladillo Cleofé Fernández. A sus 92 años vive muy tranquilo en este pequeño pueblo porque está vacunado y no hay problemas de contagios porque apenas hay población, señala.

Alique es otra localidad diminuta donde ha llegado la inmunidad de rebaño porque todos sus vecinos censados están vacunados. En sus caras, pese a la mascarilla, se percibe que respiran mucho más descansados. Nos recibe al llegar el teniente de alcalde, José López. Las 15 personas que residen en invierno se han transformado ya en más de un centenar. "Estamos mucho más tranquilos al tener todos puesta la vacuna, pero tenemos precaución por lo que estamos viendo en los medios".

"Cuando vienen forasteros, nos ponemos la mascarilla. Si estamos los del pueblo no hace tanta falta porque somos todos familia", afirma por su parte Gerardo Martínez, de 79 años. Su deseo es que esto termine cuanto antes porque ahora apenas ven a sus nietos. Benito Arellano no recuerda épocas tan convulsivas como esta desde el punto de vista sanitario pero "aquí estamos tranquilitos", asevera.

En todos estos pueblos, donde gran parte de su población es muy longeva, hay un deseo común, que esto termine cuanto antes y poder reunirse sin desasosiego y temor con sus familias.


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